La millonaria herencia del rey Harald de Noruega comienza a repartirse: dos residencias cambian de dueño
La primera de ellas es Kongseteren, situada en Voksenkollen, una zona elevada y rodeada de naturaleza a las afueras de Oslo
La segunda propiedad que ha protagonizado un cambio de titularidad es Prinsehytte, situada en Sikkilsdalen
La muerte del rey Harald de Noruega ha abierto un nuevo capítulo en la historia de la familia real, esta vez lejos de los actos oficiales y de los homenajes. Mientras la institución continúa adaptándose a una nueva etapa, el patrimonio privado del monarca comienza a protagonizar sus propios movimientos. Dos importantes residencias vinculadas al soberano han cambiado de titularidad, despertando la curiosidad sobre el destino de una herencia cuyo valor inmobiliario se estima en unos 400 millones de coronas noruegas.
La información, adelantada por medios del país nórdico, apunta a que las operaciones se formalizaron el pasado 20 de octubre. Sin embargo, hay un detalle que añade misterio a la historia: los registros no permiten conocer quiénes son los nuevos propietarios, ya que sus identidades aparecen protegidas. Desde la Casa Real tampoco han querido aclarar quién ha recibido estos inmuebles, argumentando que el proceso hereditario todavía no había concluido. Las propiedades en cuestión son Kongseteren y Prinsehytte, dos lugares muy especiales para la familia y ligados a diferentes momentos de su historia.
Kongseteren, una residencia con un valor que va más allá del dinero
La primera de ellas es Kongseteren, situada en Voksenkollen, una zona elevada y rodeada de naturaleza a las afueras de Oslo. Se trata de una residencia de montaña cuyo origen está estrechamente relacionado con el nacimiento de la monarquía noruega moderna.
Su historia se remonta a 1905, cuando Noruega se separó de Suecia y Haakon VII y la reina Maud llegaron al trono. Los ciudadanos quisieron celebrar aquel acontecimiento con un regalo especial y organizaron una colecta popular para ofrecer a los nuevos monarcas una residencia a la altura de su posición. El resultado fue esta construcción de madera, inspirada en la arquitectura tradicional noruega.
Con el paso de las generaciones, Kongseteren se convirtió en uno de los refugios favoritos de la familia real. Rodeada por una extensa finca de aproximadamente 70.000 metros cuadrados y con vistas a Oslo, ha sido escenario de celebraciones navideñas, jornadas de descanso y algunas de las fotografías más tradicionales de los monarcas.
Su valor económico también resulta llamativo. Las estimaciones publicadas sitúan esta propiedad en torno a los 200 millones de coronas noruegas, algo más de 19 millones de euros. Una cifra que refleja tanto sus dimensiones como su relevancia histórica.
Prinsehytte, el refugio familiar entre montañas
La segunda propiedad que ha protagonizado un cambio de titularidad es Prinsehytte, situada en Sikkilsdalen, en la región montañosa de Jotunheimen. Un enclave natural que ha estado muy vinculado a las escapadas privadas de Harald y Sonia, especialmente durante las vacaciones de Pascua.
Esta residencia guarda también una historia singular. Antes de incorporarse al patrimonio de la familia real noruega, estuvo relacionada con varios príncipes suecos. Tras la separación de ambos países, su destino cambió y terminó vinculándose a la familia noruega, que ha seguido utilizándola como lugar de descanso. Para Harald era un espacio especialmente apreciado, donde podía disfrutar de la naturaleza, reunirse con amigos y practicar una de sus grandes aficiones: la caza.
¿Quién recibirá las propiedades?
Aunque no existe confirmación oficial sobre los beneficiarios, algunas informaciones apuntan a que el príncipe heredero Haakon podría estar entre los destinatarios. La vinculación histórica de ambas residencias con el monarca y el hecho de que la identidad de los nuevos titulares permanezca protegida han alimentado las especulaciones.
Por ahora, la Casa Real prefiere mantener silencio. Lo que sí parece claro es que la transmisión de estos bienes pertenece al ámbito privado de la familia y no debe confundirse con el patrimonio institucional del Estado noruego.
Dos residencias cargadas de recuerdos, tradición y simbolismo que comienzan una nueva etapa tras la muerte de Harald. Su futuro propietario sigue siendo una incógnita, pero su historia continuará formando parte del legado de una de las monarquías más discretas de Europa.
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