Transferencia de recuerdos entre animales: ¡Ya es una realidad!
¿Es posible transferir la consciencia de un cerebro a otro? ¿Podremos algún día enviar nuestros recuerdos a un ordenador? Ya se lleva tiempo investigando este tema, y parece que la transferencia de recuerdos entre animales ya es una realidad. ¡Vamos a descubrir cómo es posible!
De momento, un equipo de investigadores y biólogos de la Universidad de California afirma que, según sus trabajos, han logrado transferir un recuerdo del cerebro de un caracol marino a otro, de forma que han creado un recuerdo artificial.
¿Cómo se ha logrado tal proeza? Los biólogos han inyectado ARN de un caracol en el otro. ¿Parece sencillo? ¿No te imaginas qué valor puede tener este hallazgo? Pues piensa en las muchas aplicaciones que podría tener para luchar contra el Alzhéimer, por ejemplo. De hecho, los investigadores afirman que incluso podría ayudar a personas que sufren de estrés postraumático.
Y es que, el ARN es considerado como una especie de mensajero celular que puede fabricar proteínas. Este encargado de llevar a cabo las instrucciones del ADN a otros rincones de la célula aporta funciones clave, como la codificación proteica, que se incluye en la regulación de procesos celulares implicados en enfermedades y desarrollo humano.
Cómo se logra la transferencia de recuerdos entre animales
De momento, parece que el experimento ha sido exitoso en caracoles marinos, concretamente en la especie Aplysia. Este es un invertebrado que posee un sistema nervioso con miles de neuronas de un tamaño considerable. Es lógica su elección, ya que esta característica permite que se implanten electrodos con facilidad.
Para llevar a cabo el experimento, los biólogos dieron descargas eléctricas suaves en la cola del caracol marino. Con cinco de ellas, una cada 20 minutos, y luego otras cinco pasadas 24 horas, lograron generar un recuerdo molesto. Así pues, reaccionaban con una contracción de branquias a modo de gesto defensivo.
Luego, el reflejo defensivo de los caracoles fue en aumento, alcanzando los 50 segundos, que se producía al recibir las descargas, pero también al tacto, cuando golpeaban ligeramente la parte posterior del animal marino. Así pues, los que recibían descargas eléctricas experimentaban esta contracción defensiva de casi un minuto de promedio, logrando un aprendizaje por medio de la sensibilización.
Extrayendo el ARN del sistema nervioso de los caracoles con descargas eléctricas y de los de los sujetos de control, e inyectándolo en otros que no habían recibido descargas, descubrieron que los caracoles receptores del ácido de los de las descargas se comportaban como si hubieran recibido dichas descargas, con una contracción defensiva de unos 40 segundos. ¡Sorprendente, ¿verdad?!
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