Suena raro pero la ciencia lo avala: en el cerebro de las abejas hay químicos que predicen su velocidad de aprendizaje
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Un grupo de científicos internacionales acaba de hallar algo insólito respecto a la inteligencia de las abejas melíferas. Se trata, en particular, de su capacidad cognitiva. Según recoge el medio SINC, existe una relación directa entre la composición interna de sus cabezas y su talento para adquirir conocimientos.
El equipo multidisciplinar del Instituto de Investigación Biomédica Fralin en Virginia Tech Carilion (VTC) ha logrado algo realmente único para la ciencia. Estos expertos localizaron patrones de actividad química en el cerebro de las abejas que sirven para anticipar con qué rapidez cada ejemplar forma nuevos vínculos entre estímulos.
Químicos en el cerebro de las abejas y su relación con la velocidad de aprendizaje
La razón de por qué estos insectos son más listas que otras reside en un equilibrio muy concreto de sustancias. Los resultados, que fueron publicados en la revista Science Advances, detallan que el balance exacto entre la octopamina y la tiramina dicta si una abeja tiene una velocidad de aprendizaje alta, baja o si, simplemente, no aprenderá nada.
Esta relación de neurotransmisores determina la capacidad del insecto para vincular un olor específico con una recompensa de azúcar. Los científicos lograron medir este proceso con absoluta precisión. Lo más fascinante del estudio es que estos patrones químicos se manifiestan incluso antes de que el entrenamiento empiece. Es decir, el cerebro ya está sintonizado de antemano.
Paul Sands, coautor de la investigación, señala a SINC que la dinámica de estos químicos establece el tono de cómo se desarrolla el proceso de asimilación de datos. Factores como el estado nutricional de la abeja o su función dentro de la colmena alteran este equilibrio de forma natural a lo largo del tiempo.
“El aprendizaje es un proceso continuo. Estos hallazgos indican que el cerebro de una abeja podría estar sintonizado para diferentes velocidades o tipos de aprendizaje dependiendo de la actividad de los sistemas neuromoduladores, en particular la octopamina y la tiramina”, afirma el experto.
¿Por qué es importante este hallazgo en las abejas para los humanos?
La química cerebral que regula estos procesos es evolutivamente muy antigua. Las sustancias que en las personas se relacionan con el déficit de atención, la depresión o la adicción son las mismas que en las abejas. Por tanto, entender estas redes neuronales permite a los expertos una mejor comprensión sobre el funcionamiento de cerebros más grandes y complejos.
Además, el uso de inteligencia artificial y modelos computacionales permitió al equipo de Read Montague observar estas fluctuaciones en tiempo real. Según explican los investigadores, el método de aprendizaje automático sirvió para seguir el rastro de varios químicos de forma simultánea.
Al observar el lóbulo antenal, detectaron que la fuerza de la señal de la octopamina y la tiramina predice el éxito del condicionamiento mucho antes de que el olor se empareje con el alimento.
El logro «divertido y desafiante» de los científicos
Seth Batten, otro de los autores, destaca la complejidad de las abejas al observar la respuesta de extensión de probóscide, que es cuando el insecto despliega su tubo alimenticio tras reconocer el rastro del azúcar.
«No solo fue un logro de ingeniería divertido y desafiante, sino que fue notable ver lo complejas que eran estas criaturas y qué rápido aprendían algunas», afirma Batten.
Este descubrimiento tiene también una relación con la industria agrícola, dado que gran parte de la producción de alimentos depende directamente de la labor de las abejas. La ciencia podría dar un salto con el estudio de neurotransmisores como la dopamina o la serotonina en la coordinación de la conducta.
«A medida que tu cuerpo y mente cambian de estado, el equilibrio de tus neuromoduladores influirá en cómo cambia tu comportamiento», asegura Sands sobre la relevancia de estos sistemas químicos que compartimos con las abejas.
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