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La sequía podría explicar el regreso de la fiebre amarilla a Brasil: no ocurría desde hace casi 80 años

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Desde 1942, Brasil no había registrado ningún brote de fiebre amarilla, principalmente gracias a las campañas de población y a las medidas destinadas a controlar las poblaciones de mosquitos. Sin embargo, en 2017, esta enfermedad volvió a aparecer con una fuerza inesperada. En apenas dos años, los casos se extendieron por distintas ciudades, con más de 2.000 personas infectadas y más de 700 fallecidos.

Ahora, un equipo de investigadores ha encontrado la causa de este femómeno. Aunque las condiciones húmedas suelen favorecer las enfermedades transmitidas por mosquitos, fue una grave sequía la que, según un nuevo estudio de modelización publicado en Science Advances, contribuyó al brote de fiebre amarilla registrado en Brasil en 2017. El trabajo «presenta argumentos muy sólidos», señala Noah Rose, ecólogo especializado en mosquitos de la Universidad de California en San Diego, que no participó en la investigación.

Alerta por la fiebre amarilla en Brasil

Aunque Brasil logró controlar durante décadas la transmisión de la fiebre amarilla en entornos urbanos, el virus nunca desapareció por completo. En las zonas boscosas continuó circulando entre primates no humanos, transmitido principalmente por mosquitos del género Haemagogus, y las personas que viven o trabajan cerca de estos entornos se pueden infectar, con alrededor de 20 casos registrados cada año.

Los investigadores plantearon entonces la posibilidad de que la sequía de 2017 hubiera obligado a algunos primates a abandonar los bosques y acercarse a las ciudades en busca de agua. Al desplazarse, podrían haber llevado consigo a los mosquitos Haemagogus, facilitando así la llegada del virus a zonas urbanas.

Para comprobar esta hipótesis, el equipo desarrolló un modelo matemático capaz de simular la transmisión del virus entre los distintos mosquitos, los primates y los seres humanos. Para ello, reunieron información de las poblaciones del estado de Minas Gerais, donde comenzó el brote, e incorporaron factores como la esperanza de vida de los animales, la posibilidad de infección después de una picadura, las tasas de recuperación y los periodos de incubación.

Después, los investigadores modificaron diferentes variables relacionadas con el comportamiento de los mosquitos y los primates para estudiar la la evolución de las infecciones. Una de las simulaciones consiguió reproducir una oleada de contagios prácticamente idéntica a la que se produjo en Minas Gerais.

Fue así como averiguaron que los mosquitos y los primates se desplazaron hacia áreas urbana durante la sequía. Además, los mosquitos picaban con más frecuencia para compensar el riesgo de deshidratación. David Soeiro, epidemiólogo de la Universidad Federal de Minas Gerais que no participó en el estudio, considera que se trata de una hipótesis plausible. Sin embargo, recuerda que la sequía no puede analizarse de forma aislada, ya que hay numerosos factores que pueden contribuir al desarrollo de un brote.

Entre ellos se encuentran el aumento de las temperaturas, que crea el hábitat ideal para la reproducción de los mosquitos. Por otro lado, la deforestación había provocado una mayor presencia humana en zonas boscosas. Asimismo, después de décadas con la enfermedad bajo control, muchas personas habían dejado de percibir la fiebre amarilla como una amenaza y la cobertura de vacunación era demasiado baja.

Caldwell considera que la sequía pudo actuar como el factor que terminó desequilibrando una situación que ya era vulnerable. La investigadora reconoce que existen otras posibles explicaciones para explicar el origen del brote, pero los resultados del modelo ofrecen indicios sólidos de que las condiciones provocadas por la sequía desempeñaron un papel importante.

En 2026, Brasil continúa enfrentándose a episodios de sequía, aunque la vacunación ha contribuido a mantener la enfermedad bajo control. Para los investigadores, el caso demuestra que las relaciones entre clima, animales, mosquitos y enfermedades pueden ser mucho más complejas de lo que parece.

Situación en Sudamérica

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha emitido una nueva alerta epidemiológica ante la persistencia de la transmisión de la fiebre amarilla en algunas zonas de Sudamérica. La organización advierte de que durante 2026 continúan notificándose casos y que el virus ha sido detectado también fuera de los tradicionales focos de transmisión de la cuenca amazónica, ampliando las áreas consideradas de riesgo.

En 2025, la fiebre amarilla volvió a mostrar su capacidad de propagación en América del Sur. Durante ese año se notificaron 346 casos confirmados y 143 fallecimientos en siete países de la región.

Brasil registró 120 casos y 48 muertes, mientras que Colombia contabilizó 125 casos y 46 fallecimientos. Perú notificó 49 casos y 19 defunciones, y Venezuela, 32 casos y 19 muertes. También se registraron casos en Bolivia, con 8 contagios y 2 fallecimientos, y Ecuador, con 11 casos y 8 muertes. En Guyana también se notificaron casos, aunque el dato aportado no especifica el número de contagios ni de fallecimientos.

La fiebre amarilla es una infección viral transmitida por mosquitos que puede provocar complicaciones graves y presentar una elevada tasa de mortalidad. Actualmente no existe un tratamiento específico contra el virus, por lo que la prevención resulta fundamental. La vacunación es la principal herramienta para evitar la enfermedad, y una sola dosis ofrece protección de por vida.