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Rubén Bueno, biólogo: “Lo que atrae a los mosquitos no es una sangre más dulce, sino los compuestos químicos que emitimos”

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Las abundantes lluvias registradas durante la primavera, combinadas con la llegada anticipada de olas de calor antes del verano, generaron unas condiciones especialmente favorables para la aparición y expansión de plagas de mosquitos y cucarachas. Según la Asociación Catalana de Empresas de Salud Ambiental (Adepap), esta mezcla de humedad y calor ha creado un «escenario ideal» para la reproducción de estos insectos, y advierte de que se presenta un «verano complicado» en materia de control de plagas. En las ciudades, el mosquito tigre continúa siendo la principal amenaza.

Rubén Bueno, doctor en Entomología por la Universidad de Valencia y miembro de la Asociación Española de Entomología y vocal para temas de entomología sanitaria, explica por qué los mosquitos pican más a unas personas que a otras, cómo reducir el riesgo de picaduras y cómo diferenciarlas de las de otros insectos, como las chinches.

¿Por qué nos pican los mosquitos?

Por qué algunas personas parecen ser un auténtico imán para los mosquitos? Lo primero es diferenciar entre recibir una picadura y darse cuenta de ella. Hay personas cuya respuesta del sistema inmunitario es más leve y apenas presentan enrojecimiento o picor, por lo que pueden pensar que los mosquitos no les atacan, aunque sí lo hayan hecho. Sin embargo, también es cierto que algunos individuos resultan más atractivos para estos insectos debido a la combinación única de señales químicas y físicas que desprende cada cuerpo.

Los mosquitos detectan sustancias que liberamos mediante la piel y el sudor, como el ácido láctico, el amoníaco o ciertos compuestos derivados del metabolismo, además del dióxido de carbono que expulsamos al respirar. Estas señales les ayudan a localizar a sus objetivos, y algunas personas producen una mezcla más intensa o detectable de estos elementos, creando una especie de rastro de olor que puede atraerlos con mayor facilidad.

Durante años se ha extendido la creencia de que los mosquitos prefieren a quienes tienen la «sangre más dulce» o un determinado tipo de sangre, pero esta explicación no es cierta. Los mosquitos no pueden saber cómo es nuestra sangre antes de picarnos; lo que realmente les atrae son las señales químicas presentes en la piel, el calor corporal y otros factores como la respiración, el sudor o incluso la actividad física.

Sobre cómo reducir el riesgo de sufrir picaduras de mosquito, el experto explica a La Vanguardia que «estos insectos se reproducen en pequeñas colecciones de agua estancada, por lo que en zonas públicas los ayuntamientos deben controlar esas aguas para reducir la cantidad de adultos que emergen y pican. En zonas privadas, la ciudadanía también puede ayudar eliminando cualquier pequeño foco de agua en patios, jardines o terrazas, desde el platito de una maceta hasta un bebedero de animales o incluso el tapón de una botella volteado, donde pueden criar decenas de larvas. Más allá de eso, a nivel de autoprotección, el uso de repelentes aprobados y testados por el Ministerio de Sanidad es clave, aplicándolos siguiendo las instrucciones del etiquetado y respetando la frecuencia de reposición».

Asimismo, es de especial interés conocer cómo diferenciar las picaduras de mosquitos de chinches u otros insectos: «hay algunos patrones que pueden servir de pista, aunque siempre hay que tener en cuenta que la reacción varía según el insecto y la respuesta inmunológica de cada persona. Con las chinches de la cama es característico encontrar varias picaduras muy cercanas entre sí, a menudo formando una especie de hilera, porque es un insecto rastrero que va picando mientras se desplaza por la piel. En el caso de los mosquitos, suele haber una picadura más aislada que se hincha y genera picor.

Otro elemento diferencial es el momento: las chinches pican casi exclusivamente de noche, cuando dormimos, y su picadura es silenciosa en el momento, pero luego genera una reacción alérgica intensa que notamos por la mañana. En cambio, hay mosquitos como el tigre que pican de día y al aire libre, mientras que el mosquito común suele picar de noche y puede entrar en las casas».

Finalmente, advierte de que en el caso de los viajeros internacionales existe una preocupación adicional, ya que una persona puede contagiarse en una zona donde el virus circula habitualmente y regresar después a España con la infección. Al contar ya con mosquitos capaces de actuar como transmisores, como el mosquito tigre, existe la posibilidad de que se produzcan contagios locales si el virus llega a encontrar las condiciones adecuadas.

«Por eso es importante no solo evitar las picaduras durante el viaje, sino también acudir al sistema de salud si aparecen síntomas al regresar, como fiebre, dolor de cabeza o dolor articular, para activar cuanto antes los protocolos de bloqueo entomológico y evitar brotes locales. Cuanto más rápida y enérgica sea la actuación en el entorno de la persona afectada, menor será el riesgo de transmisión autóctona», concluye.