¿Qué pasaría si desaparecieran todas las bacterias?
Las bacterias tienen su componente negativo, pero sin duda también su utilidad. ¿Qué pasaría si desaparecieran todas las bacterias?
Lo que no sabías acerca de las bacterias
Así se mueven las bacterias
Está lleno de gérmenes y bacterias
Si alguien lanzara esta pregunta en una sobremesa, lo normal es que más de uno respondiera algo parecido a: “Pues mejor, ¿no? Menos infecciones, menos enfermedades y listo”. Tiene lógica. Durante décadas nos han enseñado a asociar la palabra bacteria con suciedad, hospital, intoxicación alimentaria o anuncios de productos antibacterianos que prometen exterminarlo todo.
Pero esa idea está peligrosamente incompleta.
Porque sí, existen bacterias que provocan enfermedades serias. Tuberculosis, cólera, infecciones urinarias, salmonelosis, neumonías bacterianas… nadie las echaría de menos. El problema es que ese grupo representa una parte minúscula del universo bacteriano. La inmensa mayoría no solo no nos perjudica: hacen trabajos esenciales todos los días sin que reparemos en ello.
De hecho, si todas desaparecieran de golpe, el mundo no se volvería más limpio. Se volvería inviable, y probablemente mucho antes de lo que imaginamos.
Primero pasaría algo curioso: al principio podríamos pensar que no ocurre gran cosa
No verías edificios caer, no habría explosiones. Ni un apagón planetario inmediato. Las bacterias son invisibles, así que su ausencia también lo sería durante unas horas. Ese es precisamente el engaño.
Porque muchas de las funciones que sostienen ecosistemas, cuerpos humanos, agricultura o sistemas industriales dependen de procesos microscópicos que solo notamos cuando fallan.
Es como quitar silenciosamente todos los mecánicos de una ciudad. Durante un rato, los coches siguen circulando. Hasta que dejan de hacerlo.
Nuestro propio cuerpo sería de los primeros en notar el golpe
Aquí viene una de las partes que más cuesta asumir: tú no eres solo tú. Convives con una cantidad enorme de microorganismos, especialmente bacterias. En intestino, boca, piel, aparato respiratorio. Durante años se exageró un poco con ciertas cifras populares, pero el mensaje de fondo sigue siendo correcto: nuestro cuerpo es un ecosistema.
Y bastante complejo.
En el intestino, por ejemplo, muchas bacterias ayudan a descomponer compuestos que nuestro organismo por sí solo digiere mal o directamente no procesa. Parte de la fibra alimentaria entra aquí. Sin esas bacterias, la digestión cambiaría de forma radical.
No sería necesariamente una muerte instantánea. Pero sí una alteración profunda del equilibrio digestivo, metabólico e inmunológico.
También perderíamos parte de la producción microbiana de ciertas vitaminas, como vitamina K y algunas del grupo B.
El sistema inmunitario se quedaría extrañamente desorientado
Hay una idea bastante extendida pero simplista: el sistema inmune existe para destruir microorganismos. Bueno sí, pero no solo, también aprende a convivir con ellos.
Especialmente durante las primeras etapas de vida, las bacterias ayudan a moldear respuestas inmunológicas normales. Le enseñan al organismo, por decirlo rápido, qué es amenaza real y qué no lo es.
Paradójico, ¿verdad? Eliminar bacterias no nos convertiría automáticamente en organismos más sanos. Cuando desaparece un actor gigantesco, otros ocupan espacios. Virus, hongos y otros microorganismos encontrarían entornos alterados y nuevas oportunidades ecológicas.
La agricultura entraría en crisis casi enseguida
Muchas bacterias del suelo son imprescindibles en el ciclo del nitrógeno. Y ese proceso no es un detalle técnico menor; es una de las bases de la vida vegetal. Las plantas necesitan nitrógeno en formas químicas específicas para crecer.
Buena parte de ese trabajo de transformación lo hacen bacterias. Sin ellas, los cultivos empezarían a sufrir. Por ejemplo, las leguminosas, judías, lentejas, garbanzos, soja, dependen muchísimo de bacterias asociadas a sus raíces para fijar nitrógeno.
Quita esas bacterias y buena suerte manteniendo la producción agrícola. Podríamos intentar compensarlo artificialmente durante un tiempo en ciertos sistemas muy tecnificados. Pero a escala planetaria, el golpe sería brutal.
Los cadáveres empezarían a comportarse de forma inquietante
Tema poco agradable, sí. Pero relevante. Gran parte de la descomposición de materia orgánica depende de bacterias. Animales muertos, restos vegetales, desechos biológicos, materia orgánica en general.
Sin comunidades bacterianas activas, ese reciclaje natural cambiaría muchísimo. Algunas degradaciones seguirían gracias a hongos u otros procesos, pero el ritmo y equilibrio serían completamente distintos.
El resultado sería acumulación anómala de residuos orgánicos y alteración del reciclaje de nutrientes. Eso no solo es desagradable. Es ecológicamente devastador.
Los océanos tampoco saldrían indemnes
De hecho, quizá peor de lo que solemos imaginar. Cuando pensamos en océanos solemos visualizar peces, corales, ballenas. No bacterias.
Los ecosistemas marinos dependen profundamente de microorganismos bacterianos que participan en reciclaje de nutrientes, transformación química del carbono y mantenimiento de equilibrios tróficos.
Eliminar eso sería tocar los cimientos. El fitoplancton, clave en producción de oxígeno y cadenas alimentarias marinas, interactúa con procesos microbianos de forma íntima. Desestabilizar bacterias marinas implicaría alteraciones que acabarían afectando a peces, mamíferos, aves y sistemas pesqueros.
Adiós a buena parte de la comida fermentada
Sin bacterias desaparecerían muchos alimentos familiares: yogur, numerosos quesos, kéfir, chucrut, kimchi tradicional, ciertos embutidos fermentados, vinagres bacterianos… La fermentación bacteriana está mucho más presente en nuestra cocina de lo que solemos pensar.
Y francamente, un planeta sin queso ya suena bastante sombrío.
La medicina moderna perdería herramientas esenciales
Curiosamente, incluso nuestro arsenal contra enfermedades depende de bacterias. Muchos antibióticos clásicos derivan de microorganismos o del estudio de sus interacciones biológicas. La llamada biotecnología moderna usa bacterias ligeramente modificadas. Por ejemplo, la insulina recombinante, enzimas industriales, proteínas terapéuticas, herramientas de investigación biomédica.
Eliminar bacterias significaría amputar una parte enorme de la medicina contemporánea.
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