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Por qué el mar es salado: el origen de la sal del océano

Por qué el mar es salado: el origen geológico de la sal del océano, por qué los ríos llevan agua dulce al mar y por qué la concentración de sal se mantiene estable.

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  • Francisco María
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Quien haya flotado alguna vez en la costa o se haya llevado la mano a los labios tras una ola indiscreta conoce esa amargura densa. El mar es salado, una evidencia tan cotidiana que rara vez nos detenemos a pensar en la enorme maquinaria geológica que hay detrás. No estamos ante un capricho de la naturaleza, sino ante el resultado de un proceso titánico que lleva esculpiendo el planeta desde antes de que existiera memoria humana.

Por qué el mar es salado y los ríos no

Cualquiera que se acerque a un arroyo de montaña y beba de su cauce comprobará que el agua es completamente dulce, sin rastro de aquel amargor marino. Sin embargo, los ríos son los verdaderos artífices de la salinidad oceánica. Cuando llueve sobre las cumbres, el agua absorbe dióxido de carbono del aire y se convierte en un ácido suave pero incansable. Al golpear las piedras, desgasta la superficie y disuelve lentamente los minerales que forman la corteza terrestre.

Cada caudal arrastra hacia el océano toneladas de sodio, cloro y magnesio en un viaje sin billete de vuelta. ¿Por qué los ríos no saben a sal entonces? La clave está en el movimiento perpetuo. El agua dulce fluye y se renueva de forma constante, impidiendo que los minerales se concentren. Al llegar al mar, en cambio, el viaje termina y los elementos se quedan acumulados para siempre.

De dónde viene la sal del océano: origen geológico

Reducir el origen de la sal únicamente a la erosión fluvial sería ignorar las profundidades de la Tierra. Si analizamos el fondo de mares y océanos, vemos que las llamadas dorsales o zonas submarinas tienen una especie de respiraderos de funcionamiento hidrotermal, lo que sería como enormes calderas calientes. Ahí va a parar el agua a través de grietas, entra en contacto con ese magma muy caliente y llega a tener temperaturas extremas. El agua de carga de minerales y vuelve a salir de esa zona.

A este fenómeno subterráneo se suma el legado de los primeros tiempos de la Tierra. Durante la juventud del planeta, la actividad volcánica liberó gases ácidos masivos que las lluvias primitivas precipitaron sobre la superficie, disolviendo la corteza y arrastrando los primeros cargamentos masivos de sales hacia las cuencas. Millones de años de este ciclo incesante han construido la composición de los océanos actuales.

Cuánta sal hay en los océanos del planeta

Resulta casi imposible imaginar las dimensiones reales de esta acumulación mineral. Si pudiéramos evaporar todo el agua del planeta y extender la sal en una capa uniforme sobre los continentes, levantaríamos una barrera sólida de más de ciento cincuenta metros de altura. Hablamos de unos cincuenta millones de billones de toneladas de sales disueltas, donde el cloro y el sodio mandan con autoridad.

La proporción habitual ronda los treinta y cinco gramos por litro en mar abierto, aunque el entorno manda. El sol implacable de los trópicos dispara la evaporación y concentra la sal, mientras que el deshielo en los polos o la desembocadura de los grandes ríos diluyen drásticamente ese perfil salino en las capas superficiales.

Por qué la salinidad del mar se mantiene estable

Ante semejante avalancha constante de minerales aportados por los ríos, cabría esperar que los mares se volvieran inhabitables por pura saturación. Curiosamente, los registros demuestran que la salinidad lleva millones de años perfectamente equilibrada. La naturaleza dispone de mecanismos de drenaje químico tan discretos como eficaces.

Los organismos marinos, desde los corales hasta los microorganismos más diminutos, extraen calcio del agua de forma continuada para formar sus conchas y estructuras. Al morir, sus restos caen al fondo y forman inmensos depósitos de piedra caliza que atrapan los minerales para siempre. A esto se suman las lagunas costeras en climas áridos, donde la evaporación extrema hace que la sal sobre, precipite y quede sepultada bajo capas de sedimentos.

Por qué el Mar Muerto es tan salado en comparación con otros mares

Hay excepciones geográficas que llevan esta realidad al extremo, y el Mar Muerto ocupa el primer puesto indiscutible. En esta depresión de Oriente Medio, la concentración de sal rozan los trescientos gramos por litro, diez veces más que en cualquier océano común, volviendo imposible la vida compleja y haciendo que cualquier cuerpo flote sin esfuerzo.

La explicación es tan simple como implacable. El río Jordán alimenta el lago de forma continua con agua mineralizada, pero el calor del desierto la evapora con la misma rapidez. El agua pura se marcha en forma de vapor, pero la sal se queda atrapada sin salida posible, convirtiendo el lugar en un espejo perfecto de los procesos que moldearon el planeta.