Ciencia
NASA

La NASA desafía los límites espaciales y confirma la fecha en la que el ser humano volverá a pisar la Luna

El hombre pisando la Luna es una imagen que muchos seguro recordarán, pero desde que este hito se alcanzara en 1969, la NASA no había logrado repetir semejante hazaña. Algo que sin embargo parece ahora más cerca que nunca dado el éxito que está teniendo el programa Artemis. Recordemos que el Artemis II ya volvió tras su sobrevuelo lunar, y ahora deja paso a la tercera fase cuyo objetivo principal es ese, que la NASA ponga de nuevo al hombre pisando la Luna. 

De este modo, la hoja de ruta de la NASA para volver a la Luna ya no es algo concreto, sino que el avance del Artemis Programa tiene fechas concretas con un 2027 que se ha colocado en el horizonte. Es decir, que el próximo año será cuando podremos ver como se lanza la misión Artemis III, la que debería permitir que una tripulación vuelva a pisar la superficie lunar. Eso es por el momento, lo que dice el cronograma oficial aunque no se sabe al 100% si se podrá llegar a tiempo, si tenemos en cuenta que tras la fecha aportada hay una operación mucho más compleja de lo que parece. Y es que no se trata sólo de lanzar un cohete y repetir lo que se hizo hace más de medio siglo. Esta vez intervienen varias naves distintas, desarrolladas por equipos diferentes, con calendarios que no siempre encajan.

La NASA da la fecha en la que el ser humano volverá a pisar la Luna

El esquema previsto por parte de la NASA pasa por enviar a cuatro astronautas en la cápsula Orion, pero este no es el módulo que baja a la superficie. La tripulación permanecería en órbita mientras se coordinan las maniobras con el sistema de aterrizaje. Y ahí es donde está uno de los puntos más delicados, que tiene que vercon el acoplamiento entre vehículos que no forman parte de una misma nave.

Según la planificación, podrían emplearse uno o incluso dos módulos de descenso. Eso obliga a sincronizar lanzamientos, trayectorias y sistemas de propulsión distintos. Y si uno se retrasa, todo se mueve. Y eso es exactamente lo que está pasando ahora mismo.

Quién hace los módulos para la NASA

Por otro lado, la NASA no está desarrollando esos módulos directamente, sino que confiado ese trabajo a SpaceX y Blue Origin, que como sabemos son las compañías privadas de Elon Musk y Jeff Bezos respectivamente, y que tienen sobre la mesa una responsabilidad enorme ya que sin sus vehículos no hay alunizaje.

Por el momento,  SpaceX está adaptando su Starship para misiones lunares. Se trata de una nave de grandes dimensiones, en torno a 35 metros en su versión de aterrizaje, pensada para transportar más carga que cualquier módulo anterior. La ambición es evidente. También lo es la dificultad técnica.

Blue Origin, por su parte, desarrolla el Blue Moon Mark 2, un diseño algo más compacto pero igualmente exigente. El planteamiento es diferente, aunque el reto es el mismo: descender, operar en la superficie y permitir el regreso seguro de los astronautas.

El problema es que ambos proyectos acumulan retrasos tal y como recoge la propia Oficina del Inspector General de la NASA en un informe presentado el 10 de marzo. En el caso de SpaceX, el desfase ronda los dos años respecto al compromiso inicial. En Blue Origin, el retraso se sitúa en torno a los ocho meses, a lo que se suman problemas de diseño detectados en 2024 que aún no se han cerrado del todo.

Eso, inevitablemente, afecta al calendario y aunque 2027 siga figurando como objetivo, nadie dentro del sector habla de una fecha blindada.

El complejo programa Artemis

Además, esta misión poco tiene que ver con lo que ocurrió en 1969. Cuando Neil Armstrong y Buzz Aldrin descendieron en el Apollo Lunar Module Eagle, el planteamiento era distinto. Aquella nave estaba diseñada para lo justo: transportar a dos personas, permitirles recoger muestras geológicas y regresar cuanto antes.

El programa Artemis plantea otra cosa. No se trata sólo de repetir la hazaña. Las nuevas naves deben transportar equipamiento pesado, vehículos de exploración, los llamados rovers presurizados, e incluso componentes iniciales para una futura base lunar. Es otro nivel de exigencia.

Mientras todo eso se ajusta sobre el papel y en los centros de desarrollo, en tierra también se están dando pasos visibles. En el Kennedy Space Center ya han comenzado los preparativos para esta fase del programa. La plataforma móvil de lanzamiento ha sido trasladada varios kilómetros hasta el edificio de ensamblaje de vehículos, donde técnicos e ingenieros están inspeccionando la estructura y reparando los daños sufridos en el lanzamiento anterior.

Esa plataforma, que supera los 100 metros junto al sistema completo, concentra todos los equipos de apoyo en tierra: conexiones eléctricas, sistemas de comunicación, suministro de combustible y refrigeración. Es el punto desde el que despegará el Space Launch System, el cohete que pondrá en órbita la cápsula Orion.

Lo que pasará tras Artemis III

Y después de Artemis III no termina el plan. La siguiente misión, Artemis IV, está prevista para 2028. En ese punto la estrategia ya no se centra únicamente en volver a la superficie, sino en consolidar una presencia más estable.

El regreso a la Luna, por tanto, no es una sola fecha en el calendario. Es una cadena de hitos que dependen unos de otros. 2027 sigue siendo la referencia oficial, pero su cumplimiento pasa por resolver retrasos, cerrar diseños pendientes y lograr que varias piezas desarrolladas por empresas distintas funcionen como un único sistema.