La estructura oculta bajo el océano que cambia todo lo que se sabía del Triángulo de las Bermudas
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Durante décadas, el Triángulo de las Bermudas ha alimentado todo tipo de relatos sobre desapariciones inexplicables, abducciones extraterrestres y supuestos portales interdimensionales. Sin embargo, los geólogos llevaban años tratando de averiguar una cuestión mucho menos conocida pero trascendental: por qué las Bermudas se mantienen elevadas sobre el océano cuando, en teoría, deberían haberse hundido hace millones de años. El hallazgo, publicado en la revista Geophysical Research Letters, se centra en la existencia de una enorme estructura rocosa oculta bajo el fondo del Atlántico.
Según los investigadores, esta formación subterránea habría actuado como una especie de «soporte natural» que ha evitado que las Bermudas se hundan progresivamente en el océano. Aunque las islas se encuentran a unos 1.000 kilómetros de la costa este de Estados Unidos y sus volcanes dejaron de estar activos hace más de 30 millones de años, su relieve no ha descendido como se esperaba. Los expertos comparan el tamaño de esta estructura con el de una gigantesca plataforma subterránea de casi 20 kilómetros de espesor, formada hace millones de años cuando material caliente procedente del interior de la Tierra ascendió y quedó atrapado bajo la corteza terrestre antes de enfriarse y solidificarse.
Descubierto el gran misterio del Triángulo de las Bermudas
El estudio, dirigido por William D. Frazer, sismólogo de la Carnegie Institution for Science, y Jeffrey Park, profesor del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de la Universidad de Yale, fue publicado en noviembre de 2025 en la revista científica Geophysical Research Letters. Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron registros sísmicos recopilados durante años en una estación ubicada en la propia isla, una técnica que permite reconstruir, a partir de las ondas generadas por terremotos lejanos, una imagen tridimensional de las capas internas de la Tierra hasta aproximadamente 50 kilómetros de profundidad.
Lo que encontraron fue una formación rocosa de aproximadamente 20 kilómetros de espesor situada entre la corteza y el manto. Esta capa, originada por el magma que ascendió durante la última fase eruptiva del archipiélago, presenta una densidad alrededor de un 1,5% menor que la del material circundante. Esa pequeña diferencia sería suficiente para que las Bermudas se mantengan en equilibrio, como si fueran un enorme «corcho geológico», elevándose cientos de metros por encima del fondo abisal que las rodea.
«Bermudas es un lugar fascinante para estudiar porque varias de sus características geológicas no encajan en el modelo clásico de pluma del manto, que es la forma habitual en que el material profundo asciende hacia la superficie. Además, este hallazgo sugiere que existen otros procesos convectivos dentro del manto terrestre que aún no comprendemos del todo», explicó Frazer.
Hasta ahora, muchos científicos defendían que archipiélagos volcánicos como los que componen el Triángulo de las Bermudas se formaban a través de las llamadas plumas del manto, columnas de material caliente que ascienden desde zonas profundas de la Tierra hasta la superficie. Sin embargo, las observaciones más recientes apuntan a que en el caso de Bermudas podrían estar actuando procesos distintos que aún no se comprenden del todo. El sismólogo señaló que este hallazgo abre nuevas incógnitas sobre la forma en que el calor y el material del interior terrestre se distribuyen bajo determinadas regiones oceánicas.
Ondas sísmicas
Para entender por qué esto resulta tan inusual, conviene observar cómo se explica la formación de la mayoría de las islas volcánicas oceánicas. En muchos casos, como ocurre en Hawái, estas se relacionan con una fuente profunda de calor en el manto terrestre que alimenta el vulcanismo y sostiene el relieve del fondo marino. Con el paso del tiempo, el movimiento de las placas tectónicas modifica esa dinámica: la conexión con la fuente de calor se debilita, el sistema pierde energía y la elevación del fondo oceánico tiende a disminuir de forma progresiva.
En el caso del Triángulo de las Bermudas, parece que no se cumplen los patrones habituales de formación de islas volcánicas no parecen cumplirse. Según los investigadores Frazer y Park, bajo el archipiélago existiría una capa rocosa con una densidad alrededor de un 1,5 % menor que la del manto superior, lo que le permitiría «flotar» y mantener la corteza elevada, como una especie de balsa geológica. Para identificarla, los científicos analizaron ondas sísmicas de terremotos lejanos registradas en la isla, lo que permitió reconstruir el subsuelo hasta 50 kilómetros de profundidad. Los datos revelaron dos discontinuidades que indican la presencia de esta estructura anómala, formada hace entre 30 y 35 millones de años tras la actividad volcánica del archipiélago.
Anteriormente, investigaciones de Sarah Mazza, geóloga del Smith College, ya habían identificado otra anomalía: las rocas volcánicas de Bermudas presentan niveles inusualmente altos de carbono. Todo apunta a que este elemento proviene de grandes profundidades del manto y habría sido incorporado durante la formación del supercontinente Pangea. «El hecho de que nos encontremos en una zona que anteriormente fue el corazón del último supercontinente es, en mi opinión, parte de la razón por la que este lugar es único», explicó Mazza a Live Science.
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