Adiós al aire acondicionado: EEUU crea un nuevo material con madera que almacena calor y lo libera si hace falta
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La madera siempre se ha asociado a la construcción, pero un equipo de la Universidad de Texas en Dallas quiso darle un giro 360 y la convirtió en el núcleo de un experimento que combina biología forestal con ingeniería de materiales avanzada. ¿El resultado? Un nuevo material con madera capaz de absorber el calor del ambiente y liberarlo de forma controlada.
El trabajo, publicado a finales de 2025 en la revista Materials Today Energy, podría tener implicaciones directas en el modo en que se climatiza un edificio. Sus autores apuntan a techos, suelos y paneles de pared como los espacios donde este compuesto podría integrarse sin necesidad de grandes reformas estructurales.
Así es el material con madera que almacena calor y lo libera cuando hace falta
El equipo lo lidera la doctora Shuang (Cynthia) Cui, profesora asistente de Ingeniería Mecánica en la Escuela de Ingeniería y Ciencias de la Computación Erik Jonsson de UT Dallas, junto con el doctor Hongbing Lu y los doctorandos Bernadette Magalindan y Gustavo Felicio Perruci.
La idea parte de una característica que la madera ya tiene: su arquitectura celular forma miles de pequeños canales interconectados, lo que la convierte en un soporte natural para retener otras sustancias. El proceso se da de esta manera:
- Primero, se arranca eliminando la lignina, el compuesto que da rigidez a las fibras vegetales. Lo que queda es un esqueleto de celulosa limpio, con los poros listos para ser rellenados.
- Esos canales se saturan con un material de cambio de fase (PCM, por sus siglas en inglés). Se trata de una sustancia que almacena o libera grandes cantidades de energía al pasar del estado sólido al líquido y viceversa.
- Para evitar que el PCM se escape durante esas transiciones, los investigadores lo mezclan con un plástico blando estabilizador que actúa como sellante sin rigidizar el conjunto.
- El compuesto funciona así como una batería térmica. Carga energía absorbiendo calor durante las horas de mayor temperatura y la devuelve de forma gradual cuando el ambiente se enfría.
En los ensayos de laboratorio, el material resistió 1.000 ciclos de calentamiento y enfriamiento sin fugas ni pérdida de resistencia mecánica.
¿Por qué este hallazgo podría reducir el uso del aire acondicionado en edificios?
La lógica es la misma que la de un acumulador eléctrico, pero aplicada al calor. Durante el día, el compuesto absorbe la energía térmica que llegaría al interior del edificio y que normalmente dispara el consumo del aire acondicionado. Al caer la tarde, cuando la temperatura exterior baja, el material libera ese calor de forma progresiva hacia el interior.
Incorporado en cantidad suficiente en paredes, suelos o techos, el sistema puede regular la temperatura sin climatización activa. Los investigadores indican que podría integrarse en elementos constructivos habituales, como paneles de pladur o tableros de suelo, sin modificar el aspecto del edificio ni su estructura.
En climas con veranos cálidos y noches más frescas, como el mediterráneo, las condiciones resultan especialmente favorables para este tipo de sistema: la oscilación térmica diaria garantiza que el material se cargue y descargue de forma eficaz cada jornada.
La ventaja respecto a otros sistemas de almacenamiento térmico radica en el propio soporte. Recordemos aquí que este material con madera ya cumple una función constructiva o de revestimiento, por lo que el compuesto no ocupa espacio adicional ni requiere instalaciones aparte.
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El proyecto contó con la participación del National Laboratory of the Rockies, la Universidad de Colorado Boulder y el Lawrence Berkeley National Laboratory. La presencia de centros especializados en energía apunta a que la investigación tiene un objetivo aplicado, no solo académico.
Y un dato no menor aquí es que la madera, además, tiene una huella de carbono muy inferior a la del hormigón o el acero.
Utilizarla como soporte de un sistema de almacenamiento térmico suma dos ventajas. La primera es que reduce las emisiones ligadas a la fabricación de materiales de construcción y la segunda, que recorta el gasto eléctrico del edificio durante toda su vida útil.
Por último, el equipo trabaja ahora en escalar el proceso de producción para llevar el compuesto a obras reales.
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