Los pediatras instan a dejar de usar estos flotadores para bebés: «Podría interferir con el adecuado desarrollo psicomotor»
En los últimos años, los pediatras han empezado a advertir sobre el uso de los flotadores de cuello para bebés, unos dispositivos que se colocan alrededor del cuello para mantenerlo a flote en el agua. Aunque pueden parecer cómodos y seguros para introducir a los más pequeños en el medio acuático, cada vez son más los especialistas que recomiendan evitarlos por posibles efectos negativos en el desarrollo infantil.
Al obligar al bebé a mantenerse en vertical, se le fuerza a permanecer en una posición contraria a la que se necesita para aprender a nadar. Asimismo, estos flotadores proporcionan una falsa sensación de seguridad; el adulto disminuye la atención y no vigila convenientemente al niño, lo que puede acabar en un accidente. Por otro lado, si son inflables, pueden pincharse o deshincharse, provocando que el bebé se hunda en el agua. Y en el caso de que el tamaño no sea el adecuado, puede apretar su cuello o hacer que resbale.
Inconvenientes de los flotadores de cuello para bebés
«Por un lado, la utilización de dispositivos inflables puede producir una sensación de seguridad equivocada. La forma más segura de baño de los bebés es en brazos de un adulto y siempre sujeto y supervisado. Además, algunas publicaciones sugieren que el utilizar un dispositivo que mantiene el cuello erguido puede ser contraproducente para el desarrollo. Los bebés que están sujetos de forma vertical en el agua con la cabeza sujeta por una estructura semirrígida, sobre todo los más pequeños, podrían recibir compresión de su cuello y producir tensión en sus ligamentos y músculos», advierte la Asociación Española de Pediatría.
Los bebés y los niños pequeños nunca deben permanecer en una piscina o en el mar sin la supervisión constante de un adulto, incluso aunque se utilicen dispositivos de flotación considerados seguros, como chalecos de natación o churros. Es fundamental que el adulto permanezca siempre a su lado, sin confiar únicamente en estos elementos de apoyo.
«Cuando está mamá o papá, y la superficie de agua es mayor, es mucho más importante la buena relación con el agua, desde la confianza, que el hecho de flotar sin más. O sea, que son mucho mejores los brazos, y si acaso el uso de un churro o similar, que tener al peque solo, flotando con un flotador de cuello, aunque estés al lado», según Armando Bastida, CEO de Criar con Sentido Común.
Por su parte, el Dr. Emilio Rodríguez Ferrón, coordinador de pediatría de los hospitales Vithas en Alicante, explica lo siguiente acerca de los flotadores de cuello: «En general no es recomendable usar este tipo de flotador, salvo en casos concretos de determinadas terapias realizadas por profesionales. Si son inflables, pueden pincharse o deshincharse, provocando la inmersión del bebé. Si el tamaño no es exactamente el adecuado, pueden comprimir estructuras anatómicas del cuello o por el contrario permitir que la cabeza del bebé resbale hacia abajo
Estos artículos proporcionan una falsa sensación de seguridad, lo que siempre es peligroso, porque puede disminuir la atención y vigilancia del cuidador. Por otro lado, el flotador de cuello obliga al bebé a mantenerse en vertical con el cuello erguido, posición contraria a la necesaria para aprender a nadar, disminuye su interacción con el agua y con su entorno y podría interferir con el adecuado desarrollo psicomotor del bebé».
¿Cuándo deben aprender a nadar?
Se recomienda que los niños aprendan a nadar a partir de los 4 años. Sin embargo, algunas investigaciones sugieren que comenzar clases de natación entre el primer y el cuarto año de vida podría contribuir a reducir el riesgo de ahogamiento. Aun así, deben permanecer siempre bajo la supervisión directa de un adulto responsable y con experiencia. Para que esta vigilancia sea realmente efectiva, el menor debe mantenerse a una distancia menor que la longitud del brazo del cuidador. Cabe recordar que los flotadores y los manguitos inflables no constituyen medidas de protección fiables ni suficientes.
Guía práctica
En el caso de los bebés menores de 1 año, lo más aconsejable son los flotadores con asiento o arnés, ya que ayudan a mantener al pequeño en posición vertical y reducen el riesgo de que se escurra o se desplace dentro del dispositivo. A partir del primer año de vida, algunos modelos permiten una postura más horizontal. Los manguitos o chalecos flotadores suelen recomendarse únicamente cuando el niño ya es capaz de mantenerse erguido.
Los chalecos flotadores, como los fabricados en neopreno, están pensados para niños algo mayores que comienzan a realizar movimientos de brazada, mientras que los flotadores tipo anillo con asiento o forma de pequeño «barco» suelen considerarse adecuados para las primeras veces en el agua.
Respecto a la seguridad, los modelos con arneses o cámaras de aire múltiples suelen reducir el riesgo de vuelco y aportan mayor seguridad. También conviene revisar que los materiales sean resistentes, antideslizantes y libres de sustancias potencialmente nocivas, como el BPA.
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