Deshidratación en el embarazo
La gestante debe poner especial atención a su salud tanto por ella misma como por el bebé que viene en camino. Y eso supone que haga ejercicio de forma periódica, que evite los alimentos que tiene prohibidos e incluso que proceda a evitar la deshidratación en el embarazo.
En concreto, si es importante que no se deshidrate es porque las consecuencias adversas que puede tener para su estado y para su feto son realmente graves. Sigue leyendo y podrás conocer todo lo que necesitas conocer al respecto.
Causas de la deshidratación
Si tenemos en cuenta que la gran mayoría de los kilos que “coge” la mujer durante el embarazo son agua ya podemos darnos cuenta de la importancia que esté hidratada. Pero más aún si somos conscientes de que algo más del 70 % del organismo del feto también es agua.
No obstante, hay varias circunstancias que traen consigo que pueda sufrir deshidratación. Nos estamos refiriendo a causas tales como las siguientes:
- Durante lo que es el primer trimestre, puede producirse esa situación como consecuencia de las náuseas matinales que sufre la gestante. Y es que si esas son muy frecuentes y van asociadas a vómitos cabe la posibilidad de que sea incapaz de retener líquidos. Por eso, se requerirá que la futura mamá acuda a su médico para encontrar una solución.
- En el caso de que la embarazada lo esté durante el verano también está la posibilidad de que se deshidrate por un exceso de sudoración como consecuencia de las altas temperaturas, entre otros factores.
- De la misma manera, tampoco podemos pasar por alto que otra causa de esa situación es que la mujer beba pocos líquidos.
Síntomas de la deshidratación
Además de todo lo indicado, es importante que se conozcan cuáles son las principales señales que indican que la fémina sufre deshidratación. Nos estamos refiriendo a algunas tales como las siguientes:
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- Tener mucha sed.
- Mareos y dolores de cabeza.
- Vómitos y náuseas.
- Sensación de debilidad y de agotamiento como consecuencia del aumento notable que se produce de la temperatura corporal.
- Otro síntoma es tener la boca muy seca.
- De la misma manera, tampoco hay que olvidarse de que también la embarazada deshidratada puede percibir que su orina es de color muy oscuro.
Consecuencias adversas
Si importante es conocer todo lo expuesto hasta ahora, también lo es tener claro cuáles son las consecuencias importantes que trae consigo la deshidratación. Se trata de consecuencias que ponen en peligro tanto la salud de la mujer como la de su bebé:
- Puede incrementar la posibilidad de que se produzca un parto prematuro. Esto es consecuencia de que se disminuye la cantidad del volumen de sangre lo que, a su vez, genera un aumento de la oxitocina, que es la hormona que “está detrás” de las contracciones.
- De la misma manera, existen distintos estudios que vienen a alertar que aumenta los riesgos de que tenga lugar un aborto involuntario.
- La mujer tendrá que hacerle frente a un mayor número de calambres durante la gestación.
- La futura mamá contará con más problemas de estreñimiento y eso supondrá, al mismo tiempo, que pueda que tener que hacerle frente a las molestas y dolorosas hemorroides.
- Asimismo hay que tener en cuenta que la embarazada tendrá más riesgos de sufrir algún tipo de infección urinaria.
- Si tenemos en cuenta al bebé que viene en camino, la deshidratación de su madre puede provocar que no se alimente adecuadamente. Sí, que reciba menos cantidad de nutrientes. Y esto es algo que le afectará de forma notable a lo que es su crecimiento y desarrollo.
- De la misma manera, es importante saber que esa falta de hidratación puede perjudicar directamente tanto a la placenta como al líquido amniótico, que son los responsables de que el feto se encuentre en las mejores condiciones. Por eso, al verse dañados podrán generar desde problemas en el desarrollo del pequeño hasta una situación donde su vida corra peligro.
¿Cómo evitar la deshidratación?
Teniendo en cuenta todo lo manifestado es importante que la embarazada esté bien hidratada. ¿Cómo puede conseguirlo? Principalmente, bebiendo al día entre 2 y 2,5 litros de agua.
No obstante, también es recomendable que opte por tomar alimentos ricos en agua como pueden ser la sandía, la piña o el melón, por ejemplo. Y si realiza ejercicio es vital que bebe agua no solo antes del mismo sino durante y después también.
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