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PRIMERA LÍNEA

Palma 2031 no ha superado el listón

El 13 de marzo, el Ministerio de Cultura hacía pública la criba de ciudades españolas que habían presentado su candidatura para convertirse en capital europea de la cultura el año 2031. En la primera fase fueron seleccionadas nueve ciudades, Palma entre ellas. Ahora tocaba elegir las finalistas y solo han pasado Cáceres, Granada, Oviedo y Las Palmas de Gran Canaria, que deberán preparar sólidamente la defensa de su candidatura.

Palma 2031 no ha superado el listón y deberá aguardar muchos años para volver a probar fortuna. Teniendo en cuenta que las bases del concurso público, el BOE las recogió en diciembre de 2024, el proyecto que 15 meses después no se ha tenido en cuenta es el del actual equipo municipal de gobierno del PP.

En primer lugar, debe reconocerse la coherencia al decidir presentarse, pues en la campaña electoral de 2023 el PP, tanto de Palma como de Baleares, sí llevaba en su programa una apuesta fuerte por el deporte y la cultura, y una vez ganadas las elecciones en mayo de aquel año, resultó sintomático que en la remodelación de carteras del nuevo Govern presidido por Marga Prohens se incluyera una Conselleria de Turismo, Cultura y Deportes.

En segundo lugar, espero que a la extrema izquierda, hoy en la oposición, ni se le ocurra mofarse de la eliminatoria de Palma 2031, pues habían tenido ocho años para sentar las bases de una ciudad con ambiciones culturales y no hicieron absolutamente nada, salvo eliminar del callejero por franquistas a ilustres almirantes de nuestra historia, provocando un escándalo nacional.

En esta ocasión, el Ministerio de Cultura, en manos de Sumar, no ha podido influir en la decisión del jurado que ha deliberado sobre quiénes quedaban en la pelea y cuáles eran descartadas, salvo, quién sabe, si en el caso de Las Palmas de Gran Canaria, donde gobiernan en coalición Unidas Podemos y el Bloque Canarista. El resto, Cáceres, Granada y Oviedo, están gobernadas por el PP. Mi apuesta personal es que finalmente Granada será la ganadora.

Desde el primer momento me pareció precipitada, aunque voluntariosa, la decisión de Cort de entrar en la pelea, cuando el conjunto del territorio no responde en absoluto al perfil cultural deseado. Todas las administraciones, de siempre, han jugado el absurdo papel de repartidoras, en lugar de hacer una apuesta en firme por impulsar proyectos culturales a largo plazo. Creo que las mentes implicadas en el proyecto Palma 2031 no supieron leer con detenimiento la verdadera geografía cultural del municipio metropolitano.

La iniciativa privada, y me refiero a la que promueve proyectos relevantes, ha sido sistemáticamente ninguneada. Se dejó morir la Temporada de Ballet de Mallorca (1996-2010), cuando ya era una realidad valorada en Europa; se aplicó el IBI de gran superficie en primera línea al Auditórium de Palma, aun siendo el primer teatro de Baleares y su único pecado, ser propiedad privada; no se hizo ni caso al ciclo El Mundo Sinfónico (1996-1997) en momentos en que podía llegar a convertirse en un ambicioso Festival de Artes Escénicas al estilo del Fringe de Edimburgo; en tiempos más remotos (años 70) no obtuvo respaldo al proyecto de un Festival de Cine en Palma, asimilable a la categoría A; incluso el Musical Mallorca, entre los años 1975 y 1978, se murió de éxito en el sentido de entrarle el canguelo al Fomento de Turismo, que lo organizaba, debido a las grandes dimensiones que estaba alcanzando. Si hablamos de la iniciativa pública, baste decir que los festivales internacionales de jazz y de teatro, en Palma, fueron eliminados por Joan Fageda (PP) por haberlos creado el PSOE.

Los casos expuestos en el capítulo anterior, de haber continuado hasta el presente, habrían dotado a la ciudad de un manto de actividades de primer orden y, como tales, capaces de generar alternativas complementarias que hicieran posible ver emerger proyectos de insospechada viabilidad. Nunca lo sabremos, de continuar repitiendo los errores del pasado

Cuando en septiembre de 1969 se inauguró el Auditórium de Palma, sabido es que temblaron los organizadores del Festival de Cine de Cannes, viendo el gran potencial de esa infraestructura (ellos todavía no la tenían), además de ser pionera en España. Apenas doce años después, fallecía el visionario que fue Marcos Ferragut, quedando inerte sobre la mesa de su despacho un contrato para acercar a Palma una de las orquestas sobresalientes de Europa y que no pudo llegar a materializar debido a la falta de liquidez. Ninguna administración, ni tan siquiera la sociedad civil, se planteó que el homenaje póstumo correcto podría haber sido acercar aquella orquesta que él soñaba.

Un detalle importante, no lo olvidemos, es que a una capital europea de la cultura se le exige, en el pliego de condiciones, el firme apoyo político, que es el que da continuidad a los proyectos de interés prioritario. Y eso es algo que solamente le he escuchado decir al desaparecido presidente socialista Francesc Antich, cuando hablaba esperanzado de los asuntos de Estado a escala tanto autonómica como supramunicipal y local. 

Asimismo, se dejó morir Cançons de la Mediterrània, cuando en 1992 ya estábamos a punto de arrebatarle el liderazgo al Festival de Yerba (Túnez). 

Otro caso sintomático es que el Castillo de Bellver estaba allí desde el siglo XIV, pero no fue hasta la década de los años 60 del siglo pasado que se le dio utilidad cultural, gracias a que Juventudes Musicales de Palma tuvo la iniciativa de crear las Serenates d’Estiu, desaparecidas con la crisis del año 2008, y que, pasado el mal trago, nadie se preocupó de rescatarlas. 

¿Qué decir de la Orquesta Sinfónica de Baleares? El año 2014 estuvo a un paso de desaparecer porque el Consell de Mallorca y el Ayuntamiento de Palma, ambos patronos de la misma, no aportaban capital alguno. Tuvo que ser el Govern presidido por José Ramón Bauzá el que decidió tomar cartas en el asunto para salvar la situación. ¡El ridiculizado José Ramón Bauzá!

Ahora, a las puertas de ser una realidad la Caja de Música, me pregunto si habrá alguien en la Administración capaz de entender el importante papel que debería jugar para la proyección internacional de nuestra orquesta.

Desconozco si en su momento hubo exposición pública del proyecto Palma 2031 y no me refiero a convocar sectores, sino a hablar directamente con la ciudadanía. En todo caso, sería bueno explicar los puntos clave para acceder con garantías de éxito. Estos son: Dimensión Europea (promover diálogo entre culturas y fomentar la participación de artistas europeos), Programa Cultural Innovador (integrar cultura local con proyectos artísticos nuevos), Implicación Ciudadana (proyectos creados para la población local y con la participación de todos los sectores sociales), Impacto a Largo Plazo (generando beneficios culturales, sociales y económicos más allá del año de celebración) y, por último, Capacidad de Gestión (disponer de la necesaria infraestructura, el apoyo político –otra vez– y capacidad financiera). 

Quiero agradecer sinceramente el esfuerzo realizado por el equipo redactor del proyecto Palma 2031. Ahora toca reflexionar sobre nuestra capacidad a la hora de soñar con ambición y a largo plazo un proyecto que en realidad nos haga grandes, porque así lo deseamos colectivamente. En primer lugar, dejando a un lado la pelea política (hagámoslo un asunto de Estado). El paso siguiente es tomar nota de nuestras deficiencias, con firmeza, y actuar en consecuencia. Nuestros políticos tal vez no lo sepan, pero Palma en efecto puede convertirse, a medio plazo, en la capital cultural del Mediterráneo.