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PRIMERA LÍNEA

Feroz sectarismo de Armengol ante el Papa León XIV

Sabido es que aupar a Francina Armengol a la tercera autoridad del Estado fue una exigencia de Esquerra Republicana de Cataluña, consciente la tropa golpista de 2017 de que había llegado el momento de exprimir al Estado. Su papel como presidenta del Congreso de los Diputados está dejando mucho que desear, al anteponer el sectarismo político a la neutralidad institucional. 

Lo demostró bien a las claras, en su discurso durante la sesión de apertura de la XV Legislatura, en 2023, generando fuerte polémica asistir, de hecho, a un mitin partidista cargado de ideología y alejado del aconsejable talante institucional que desde siempre se vincula a la solemnidad de sus palabras. 

Hasta el punto de que, finalizado su discurso, omitió los vivas a España y a la monarquía. Algo muy propio de quien ideológicamente procede de ERC en sus años de estudiante en la Universidad de Barcelona. Es más, sabiendo ya su destino en la presidencia del Congreso de los Diputados, no quiso perder el debate de investidura con Marga Prohens, pensando que ya la iba a dejar por los suelos, cosa que no ocurrió. Todo lo contrario. Solo después acudió a entregarle a su peluche Iago Negueruela jugar al desgaste mientras ella se preparaba para un retorno triunfal, desde la atalaya de tercera autoridad.

El problema es que Armengol, como tercera autoridad del Estado, se retrata un día sí y el siguiente también como la servil lacaya del «Puto Amo», que en realidad es. No puedo creer que solamente en tres años haya perdido los 15.000 votos que pronosticaba el sondeo de NC Report para el PP balear.

Ahora, días atrás, el Papa León XIV ha viajado a España e históricamente ha sido el primer Sumo Pontífice que se ha dirigido a las Cortes Españolas

En esas, Francina Armengol ha vuelto a mostrar su sectarismo en el saludo de acogida al Papa en la sede de la soberanía nacional, que ella se empeña en llamar «soberanía popular», cuando la Constitución del 78 consagra bien claro que el poder del Estado pertenece al conjunto del pueblo español, que no es exactamente lo mismo que soberanía popular, término vinculado a las revoluciones reclamando el placet del pueblo, en alabanza populista, al contrario del reconocimiento del conjunto del pueblo español como garante único de la unidad del Estado. O sea, que dicho coloquialmente, esta tropa en el poder aprovecha la soberanía popular como excusa perfecta, hablando de plurinacionalidad, que es la inspiración última en destruir lo que somos en realidad desde hace siglos. En efecto, Armengol al servicio del amo.

Desde sus primeras palabras ante León XIV, Armengol reivindicó la figura de Pedro Sánchez, aprovechando la bienvenida para abordar temas políticos de su Gobierno Frankenstein y reivindicando irónicamente el diálogo y la «escucha activa», cuando la cruda realidad es el muro levantado para que la derecha no pueda llegar a gobernar. Un cainismo en toda regla; es decir, la actitud de hostilidad, rivalidad y agresión extrema llevada al sumo grado. 

En esas, León XIV habló del derecho a la vida, denunciando el aborto y la eutanasia –los grandes temas Frankenstein–; asimismo habló del secreto de  confesión como un derecho inalienable, cuando en Europa crecen las voces que pretenden controlarlo mediante legislaciones contra natura. Porque el secreto de confesión o signo sacramental es la obligación absoluta que tiene el sacerdote de guardar silencio, ni siquiera para salvar su vida.

León XIV sabía perfectamente dónde lo estaba diciendo, consciente de que los parlamentos de la Unión Europea recibirían el mensaje, alto y claro.

Francina Armengol volvió a ser sectaria en sus palabras ante León XIV y el Papa, en cambio, habló con luminosa claridad. El electorado balear debería tener claro de qué pasta están hechos algunos líderes, como Armengol. Y, ¿de verdad, si en 2027 vuelve a ser candidata Francina Armengol, le vamos a dar crédito? Su prestigio, si alguna vez lo tuvo, ya lo ha dilapidado. Que tome nota el centroderecha, si alguna vez decide ponerse las pilas.

Por si faltaban pruebas, cientos de miles de ciudadanos saliendo a las calles para ver a León XIV nos muestran que en España aún hay esperanza en la búsqueda de líderes ciertos y verosímiles en tiempos de incertidumbre.