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Adrián, el artista callejero que lucha por seguir brillando en Palma: “Ojalá nunca me vea obligado a bajar el telón”

Campeón de España de parkour, autónomo y artista de calle: la historia de superación que emociona a Mallorca

A sus 25 años, Adrián no solo es un artista. Es energía, disciplina, pasión y entrega. Llegó a la capital balear por amor, pero terminó enamorándose también de la Isla y de su gente. En las plazas y calles de Mallorca no es un desconocido: es el joven que vuela entre aplausos, que hace reír a los niños y que transforma cualquier rincón en una pista de circo. También triunfa en redes sociales con su desparpajo y simpatía.

Campeón de España de parkour, deportista de élite y artista callejero, ha logrado algo que pocos consiguen: convertir su pasión en su forma de vida, fusionando deporte y espectáculo en un show vibrante que deja sin aliento a grandes y pequeños. Desde hace dos años, ofrece su arte allí donde lo contratan: locales, fiestas, ferias y eventos privados. Pero es en la calle donde su magia cobra un significado especial. En plazas emblemáticas y rincones llenos de historia, despliega un espectáculo de casi 30 minutos digno de cualquier pista de circo internacional.

No es un artista improvisado ni alguien que pida limosna. Su trabajo es profesional, preparado y estructurado. Acrobacias imposibles, humor inteligente, simpatía y una conexión directa con el público son su sello personal. Los niños son protagonistas absolutos. Participan, ríen, aprenden y se convierten en parte del show. Adrián no solo entretiene: crea recuerdos imborrables.

Sin embargo, tras dos años de éxito y reconocimiento, han llegado las dificultades. «Yo soy autónomo. Pago mis impuestos y facturo declarando todo a la Hacienda pública», explica con serenidad. El problema surge porque actualmente no se están concediendo licencias para artistas callejeros en el Ayuntamiento de Palma.

Esta situación ha provocado que la Policía Local de Palma, cumpliendo con su deber, le haya levantado varias actas de sanción. «Los entiendo perfectamente y solo tengo buenas palabras para ellos por el trato que me ofrecen y su comprensión, pero me están arruinando la vida y mi forma de ganarme mi sustento». Cada multa no es solo una sanción económica. Es un golpe directo a su proyecto de vida.

En repetidas ocasiones ha acudido al Ayuntamiento. Siempre recibe la misma respuesta: la nueva normativa está al caer. Pronto habrá un marco legal al que acogerse. Pero mientras tanto, cada actuación sigue siendo motivo de sanción. La paradoja es evidente: un joven que quiere trabajar legalmente, pagar impuestos y aportar cultura a la ciudad, se ve atrapado en un vacío administrativo.

Antes de cada espectáculo, Adrián realiza un gesto que define su carácter. Se acerca a los puestos y comercios de la zona, explica el show y pide permiso. Sólo comienza cuando tiene su aprobación. Creo que es muy importante el respeto entre todos, afirma. No busca molestar. Busca sumar. Busca llenar de vida las plazas, atraer sonrisas y ofrecer una alternativa cultural a residentes y visitantes. Mallorca no solo es su hogar. Es su escenario. Y su público, su familia extendida.

Adrián no pide privilegios. Pide una oportunidad. Trabajar dignamente, de forma legal y seguir transmitiendo su arte. Quiere poder gritar a los cuatro vientos que el espectáculo continúa. Que el esfuerzo tiene recompensa. Que el talento joven tiene cabida en las calles de Palma. Ojalá nunca me vea obligado a bajar el telón, concluye con la voz firme pero el corazón en la mano.

Porque cuando Adrián salta, no solo desafía la gravedad. Desafía las dificultades. Y recuerda que el arte callejero no es ruido: es cultura, esfuerzo y vida.