Pilar Peiró: «Soy víctima del hombre más denunciado por violencia de género de toda España»
Con 130 denuncias y seis órdenes de alejamiento en su contra, el caso de esta mujer destapa el infierno de convivir con el agresor más reincidente del país
Aunque el caso de Pilar Peiró comparte la dolorosa realidad de tantas otras mujeres víctimas de violencia de género en España, su historia es radicalmente más cruda. Se enfrentó al hombre más denunciado de todo el país, un agresor que arrastra a sus espaldas 130 denuncias, seis órdenes de alejamiento e incontables ingresos en prisión.
Todo comenzó a finales del año 2003, cuando la mujer empezó a trabajar como encargada en un bar de la ciudad de Palma. Fue allí, durante una jornada laboral, donde conoció al que se convertiría en el futuro en su agresor, el hombre que le haría la vida imposible durante más de dos décadas.
Al principio, el varón parecía un cliente habitual y tranquilo. «Venía al bar y se tomaba una Coca-Cola. Me parecía una buena persona», cuenta Pilar. Muy pronto, ambos conectaron y empezaron a gustarse. Sin embargo, los otros trabajadores del local advirtieron a la mujer sobre los peligrosos antecedentes del individuo.
“Los clientes me decían que robaba mucho y que tenía un comportamiento muy violento» explica Pilar, quien, cegada por la situación, desoyó todos los avisos. «Yo en aquellos tiempos estaba muy bien de ver y pensé que me lo decían por envidia», manifiesta la víctima.
De esta manera, la pareja inició formalmente su relación en el mes de diciembre. En la primera noche de ocio que compartieron juntos ya se vio una primera pista de lo que vendría después. «Lo perdí de vista y me lo encontré borracho como una cuba meando por la barra del bar y armando un escándalo», recuerda la mujer.
Pese a este primer susto, la relación continuó y Pilar se quedó embarazada. Rápidamente se vio en él una actitud de acoso constante que no tardaría en traducirse en agresiones físicas, palizas e insultos que se prolongarían a lo largo de los años tanto en el domicilio como en la calle. «Al principio me molestaba tocándome al timbre de madrugada, luego comenzó con los puñetazos y las bofetadas», afirma la mujer.
Además, lo hacia mientras ingresaba y salía de prisión continuamente. «Le suspendían la condena a cambio de que no volviese a reincidir, pero siempre volvía a comportarse mal, él siempre seguía a la suya», denuncia la víctima en una entrevista a OKBALEARES.
Por si fuera poco, su comportamiento se veía potenciado por el consumo severo de drogas como cocaína y de potentes fármacos que su propia madre le gestionaba. «Era un psicópata y un enfermo mental, acudía al psiquiatra y era su madre la que sacaba la medicación por él», expresa Pilar con rabia.
En relación a esto, uno de los episodios más traumáticos ocurrió en presencia de su hijo, cuando el maltratador la golpeó con tal violencia que rebotó contra los muros de la vivienda antes de sufrir él mismo un colapso debido al abuso químico. «Se presentó en mi casa y me aseguró que iba a matarme, pero al ver a su hijo se cayó, le dio un ataque y empezó a sacar espuma azul», relata.
«Llevo 22 años con depresión, estoy muerta en vida»
Como consecuencia del maltrato continuado que ha sufrido desde el 2004, Pilar padece una depresión ansiosa crónica que todavía no se le ha ido y que le han dejado graves secuelas físicas y conductales. «Llevo 22 años con depresión, estoy muerta en vida», explica.
Más de dos décadas viviendo con una enfermedad que la acompaña en su vida diaria y le obliga a adoptar algunos comportamientos que reflejan el miedo que ha sufrido durante gran parte de su vida, como por ejemplo la necesidad de llevar siempre la mano al cuello por la ansiedad tras un intento de estrangulamiento que sufrió, o el pánico crónico que le impide caminar si tiene a alguien detrás en la vía pública .
El acoso de este individuo no se extinguió ni con la mayoría de edad de los hijos ni con la caducidad de las órdenes de alejamiento. Actualmente, el hostigamiento se ha trasladado al mundo digital a través de perfiles falsificados en redes sociales y seguimientos físicos en las inmediaciones de la residencia de la víctima.