Acoso en Palma: piden dos años de cárcel a una mujer por llamar 107 veces a un hombre en 13 días
El teléfono del afectado echaba humo y en un sólo día llamó 30 veces con número oculto
Hay quien manda flores. Hay quien escribe cartas. Y luego está esta historia, donde el romanticismo se midió en llamadas perdidas. Una mujer se enfrenta a una petición de dos años de prisión por realizar 107 llamadas telefónicas a un hombre en apenas dos semanas. Sí, han leído bien: 107. Casi una maratón sentimental con tarifa plana.
El juicio se celebrará próximamente en un juzgado de lo penal de Palma, donde Ministerio Fiscal y la víctima le imputan un delito de acoso y solicita, además de la pena de prisión, una indemnización de 3.000 euros por los daños morales causados. El denunciante, que ejerce la acusación particular a través del abogado Óscar Navarro, sostiene que la situación fue «incesante y perturbadora». El móvil, probablemente, también lo confirmaría si pudiera declarar.
Según el relato de las acusaciones, los hechos ocurrieron entre el 19 de junio y el 3 de julio de 2024. En ese intervalo de 13 días, la procesada habría llamado 107 veces al teléfono del hombre, con quien había mantenido relaciones esporádicas. Esporádicas, al parecer, salvo en lo que respecta a las comunicaciones.
El momento cumbre llegó el 3 de julio: 30 llamadas en una sola jornada. Una cada media hora larga si se distribuyeran de forma ordenada, aunque todo apunta a que el ritmo fue menos académico y más insistente. El teléfono del afectado echaba humo mientras él, presumiblemente, descubría que el botón de rechazar llamada también tiene un límite emocional.
Aunque las llamadas se realizaban desde número oculto, la investigación policial, a cargo de la Policía Nacional, logró identificar a la presunta autora. La tecnología, ya se sabe, no entiende de corazones rotos ni de segundas oportunidades. El Ministerio Público solicita no solo los dos años de prisión, sino también la prohibición de comunicarse con la víctima y con sus familiares durante cinco años. Un silencio administrativo, pero en versión penal. Además, reclama 3.000 euros por los daños morales ocasionados durante casi dos semanas de timbre constante.
El caso ha reabierto el debate sobre cuándo la insistencia deja de ser perseverancia romántica para convertirse en acoso con consecuencias penales. Lo que para algunos podría parecer una historia de llamadas sin respuesta, para la Justicia podría acabar siendo un asunto con sentencia. En Palma, mientras tanto, queda la moraleja: el amor puede ser ciego, pero el registro de llamadas no perdona.
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