El balneario de Jaén ideal para una escapada: más de 20 tratamientos
El Hotel Balneario de Marmolejos que tiene más de 20 tratamientos revive el lujo de la 'belle époque'
El balneario paradisíaco escondido en España y que es totalmente gratuito
El balneario a menos de 1 hora de San Sebastián en un precioso pueblo y en pleno monte donde relajarse y comer de buffet
Enclavado en plena campiña jiennense, el Hotel Balneario de Marmolejo vive una segunda juventud. Desde que reabrió sus puertas en marzo de 2024, tras años cerrado, este balneario de Jaén no ha dejado de recuperar su sitio como destino de referencia para el descanso, la salud y el turismo de interior. Casi dos años después, este edificio centenario no sólo conserva su esencia, sino que ha sabido adaptarse a las nuevas formas de viajar en las que muchos buscan un bonito enclave o entorno, pero también, tiempo para relajarse.
No es casualidad que quienes se alojan allí repitan. Tampoco lo es que el boca a boca haya vuelto a llenar sus habitaciones. Porque lo que ofrece este hotel-balneario es algo que no se improvisa: historia, tranquilidad y un entorno natural que lo arropa todo. A menos de una hora de Córdoba, y a poco más de Jaén capital, Marmolejo vuelve a sonar con fuerza entre quienes buscan un lugar donde desconectar de verdad. Un lugar ideal para una escapada, como la de San Valentín, y que ofrece además, más de 20 tratamientos.
El balneario de Jaén ideal para una escapada: más de 20 tratamientos
Construido en 1923 para acoger a una clientela exigente que buscaba las propiedades curativas de las aguas de la zona, el edificio fue obra del arquitecto Lorenzo Gallego Llamas. En plena belle époque, el hotel representó el lujo discreto, el descanso elegante, el lugar al que se iba para cuidarse y dejarse cuidar. Pero su función cambió con el tiempo. En concreto, durante la Guerra Civil fue hospital militar, y en las décadas posteriores pasó por varias manos, reformas y largos silencios.
La última reapertura, en marzo de 2024, marcó un antes y un después. El empresario José María Rey Bernal fue quien apostó por devolverle la vida al edificio, respetando su valor patrimonial pero sin renunciar al confort actual. Y ahora el balneario funciona a buen ritmo, con alta ocupación en fines de semana y vacaciones, y un perfil de cliente muy fiel.
Habitaciones, restaurante y spa
El hotel cuenta actualmente con 54 habitaciones, todas reformadas y decoradas con un estilo sobrio, cómodo y acogedor. Nada recargado. Los pasillos amplios, los suelos originales restaurados y la luz natural hacen el resto. Otro de sus puntos fuertes es el restaurante Buena Esperanza, que ofrece una carta de cocina tradicional con guiños modernos. Productos de la zona, recetas de siempre, atención cercana y horarios adaptados al ritmo tranquilo de los huéspedes.
Y por supuesto, el alma del hotel está en su spa. En la planta baja, los tratamientos personalizados son el reclamo principal para muchos. Más de 20 opciones para relajarse, cuidarse o simplemente dejarse mimar: masajes terapéuticos, circuitos de aguas, peelings, envolturas y programas antiestrés. Aunque las aguas medicinales siguen siendo parte de la identidad del lugar, la propuesta actual va más allá: es una experiencia global de bienestar.