El Juli abre la Puerta Grande en Alicante, Ureña corta una oreja y Morante lo estropea con la espada
El Juli suma y sigue. Si el pasado viernes salía a hombros en Granada, este domingo abrió la Puerta Grande en Alicante. Cortó dos orejas a su segundo toro y fue el triunfador indiscutible de una tarde en la que Paco Ureña se llevó un trofeo y Morante estropeó con la espada dos buenas faenas.
Morante anduvo fiel a lo que viene haciendo en cada tarde de esta temporada con sus primeros toros, es decir, en los detalles, exquisitos algunos de ellos, pero sin poder redondearlos ante un toro noblote, bajito de raza y con tendencia a echar la cara arriba al final de cada muletazo.
En el cuarto hubo algo más de entidad, aunque la faena fuera nuevamente una sucesión de pinceladas sueltas de bella expresión. La gente cayó encandilada con el aroma de Morante, que, a decir verdad, pegó los mejores muletazos de la tarde dentro de una labor abrochada con sumo arrebato. Tenía el triunfo en la mano, pero la espada, su mala espada, se lo acabó arrebatando.
El Juli pegó pases y más pases a su primero, un toro que se movió con buen aire y que acabó sometido en la muleta del madrileño, que hizo con él lo que quiso a lo largo de una faena bien acogida por los tendidos, que a buen seguro le hubieran pedido las orejas de no fallar repetidas veces con la espada.
El quinto fue el toro de la tarde. Un bravo «garcigrande» al que El Juli cuajó de cabo a rabo en una faena pletórica y rotunda sobre ambas manos. Hubo momentos muy buenos, de relajo y mano muy baja, amén de los adornos y remates entre series.
Tan a gusto se le veía a madrileño que hasta le dieron un aviso antes de montar la espada, la cual manejó con eficacia y poca ortodoxia para acabar paseando las dos orejas después de que se le concediera a toro los honores póstumos de la vuelta al ruedo en el arrastre.
Ureña se las vio y se las deseó con un tercero de corrida que se rajó a las primeras de cambio, huido y remiso a cualquier afrenta que le propuso el de Lorca, que anduvo por encima de las circunstancias, pero sin poder brillar.
El sexto tuvo algo más de motor y un potable pitón izquierdo, y Ureña lo entendió a las mil maravillas para torearlo con primor por naturales. Faltó contundenia en la suerte suprema, pero así y todo logró una orejita de fin de fiesta.
FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Garcigrande, terciados y cómodos, nobles pero bajos de raza y en el límite también de las fuerzas. Los mejores, el segundo y, sobre todo, el quinto, de nombre «Diablito», número 117, premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre.
Morante de la Puebla, ovación y ovación tras aviso.
Julián López «El Juli», ovación tras aviso y dos orejas tras aviso.
Paco Ureña, ovación tras aviso y oreja tras aviso.
La plaza registró algo más de media entrada en los tendidos.
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