Tecnología
gadgets

¿Merece la pena un smartwatch si no haces deporte? La respuesta no es tan obvia

  • Nacho Grosso
  • Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.

Siempre se ha asociado el reloj inteligente al deporte. Ritmo cardíaco, kilómetros recorridos, calorías quemadas. Todo el discurso comercial gira en torno a entrenamientos y superación personal. Pero la realidad es que mucha gente que lo compra no corre, no va al gimnasio y no tiene intención de hacerlo. Y aun así, lo usa a diario. Por tanto, ¿merece la pena un smartwatch si no te vas a poner las zapatillas de correr?

Más que pasos y entrenamientos

Un smartwatch es, sobre todo, una extensión del móvil en la muñeca. Permite leer mensajes sin sacar el teléfono, ver quién llama, consultar el calendario o cambiar una canción mientras trabajas. Parece un detalle menor hasta que te acostumbras. Si trabajas frente al ordenador, por ejemplo, evitar coger el móvil cada vez que vibra reduce distracciones innecesarias. Ves la notificación, decides si es importante y sigues con lo que estabas haciendo. No hace falta correr 10 kilómetros para que eso tenga sentido.

Salud básica sin obsesión deportiva

Aunque no entrenes, el seguimiento de salud puede ser interesante. Control del sueño, frecuencia cardíaca en reposo, avisos para levantarte si llevas mucho tiempo sentado. No son datos espectaculares, pero sí útiles. A cierta edad, incluso funciones como el electrocardiograma o la detección de caídas pueden aportar tranquilidad extra. No se trata de convertirse en atleta, sino de tener una referencia objetiva sobre hábitos diarios que muchas veces pasamos por alto.

Foto: Nacho Grosso

Organización y pequeñas ventajas

Temporizadores rápidos, alarmas discretas, recordatorios del calendario que vibran en la muñeca. Son cosas pequeñas, pero constantes. También está la comodidad de poder contestar una llamada breve sin buscar el móvil en la mochila o el bolsillo. O salir a dar un paseo dejando el teléfono en casa, sabiendo que seguirás recibiendo lo esencial si el reloj tiene conectividad propia. Son mejoras incrementales. Ninguna cambia la vida por sí sola, pero juntas sí pueden marcar diferencia.

Cuando no compensa

Ahora bien, tampoco es un dispositivo imprescindible. Si apenas recibes notificaciones, no te interesan los datos de salud y no te molesta sacar el móvil cada vez que vibra, probablemente no lo aproveches. Además, hay que cargarlo cada uno o dos días en la mayoría de modelos. Añadir otro aparato a la rutina puede resultar pesado si no le ves utilidad real.

Foto: Nacho Grosso

Entonces, ¿tiene sentido?

La clave no está en si haces deporte o no, sino en cómo usas tu móvil y cuánto valoras la comodidad. Para alguien sedentario que quiere controlar mejor su sueño o reducir distracciones, puede ser una herramienta práctica. Para quien no siente ninguna necesidad de monitorizar nada y vive bien con su smartphone, seguramente sea prescindible.

El reloj inteligente no es solo un gadget para corredores. Pero tampoco es obligatorio para todo el mundo. Como casi siempre en tecnología, la respuesta de si un smartwatch merece la pena depende menos del marketing y más de tu día a día real.