Las víctimas del depredador sexual del colegio Valdeluz: «El profesor de música no sólo toca las teclas del piano»
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Los jueces de la Audiencia Provincial de Madrid finalmente no creyeron al profesor de música pero sí a las alumnas, así lo reflejan en la sentencia del caso recién publicada: “Resulta incomprensible que unas niñas de esas edades se pongan todas de acuerdo para contar lo mismo…”. Y lo que las 12 niñas contaron durante el juicio fue un relato de terror protagonizado por un depredador, el profesor Andrés Díez Díez, que campaba a sus anchas entre las alumnas del colegio Valdeluz.
Un relato desconocido hasta que este lunes la sentencia condenatoria lo ha sacado a la luz. Durante la década que transcurrió desde el 2004 al 2014 , el profesor de música desplegó el mismo modus operandi comenzando por ganarse la confianza de las alumnas y sus padres para luego someterlas a abusos sexuales continuados cuyos detalles, prolíficos en la sentencia, no vamos a describir aquí.
Sí describe la sentencia cómo relataron las víctimas esos años de angustia y persecución en esa clase de solfeo y piano. Allí, aprovechando el ángulo muerto que dejaba el ojo de buey de la puerta del aula, se produjeron los abusos a niñas de siete a 14 años. El profesor buscaba el momento de quedarse a solas con las víctimas pero no desdeñaba otras situaciones, como cuando en el aula se proyectaba una película y se apagaban las luces. Las víctimas recuerdan como bajaba las persianas, y ya en la oscuridad las sometía a los abusos a pesar de que había compañeros cerca. En otras ocasiones se las llevaba con excusas al almacén de material. Lo peor, relatan las víctimas era cuando abusaba de ellas en las barbacoas que daba el profesor en su domicilio.
Las niñas no reaccionaban de la misma manera. Unas se quedaban en estado de shock, otras lloraban ( a algunas incluso llegó a producirles dolor), y las más mayores empleaban toda su energía en detener los embates del abusador en vez de emplearlas en tocar el piano. Cuentan como en clase les hacía gestos obscenos de masturbación con un bolígrafo. Lo único que detenía al profesor era el ruido de los pasos de su mujer aproximándose por el pasillo.
Ninguna se atrevió a denunciar al principio, poco a poco fueron creciendo en ese ambiente opresivo tomando conciencia de lo que les estaba ocurriendo, avergonzadas, intimidadas, incapaces de denunciar ni de compartirlo con las demás víctimas. Una convenció a sus padres para estudiar en el extranjero, otras cambiaron su vestimenta a cuellos altos, mangas largas, pantalones en vez de falda, lo que hiciera falta para evitar la tortura del maestro. Varias rogaron a sus padres que las quitaran de esas clases, pero el profesor insistía con los padres en lo idóneo de que las niñas continuaran con él. Era el profesor “más guay” del colegio y nadie se atrevería a denunciarle.
Una niña dio el paso
Pero ese día llegó, y una de las alumnas reunió el valor suficiente y le dijo a su tutora: “Manuel no sólo toca las teclas del piano” , se lo contó todo. Nadie hizo nada. La respuesta de la profesora fue “cuéntaselo a tus padres”, a la chica le costó dos meses más reunir la fuerza suficiente para hacerlo.
Finalmente una se atrevió a denunciar y como un goteo hasta 14 niñas se atrevieron a contar lo que habían vivido. El profesor agarró el teléfono y llamó a una de las madres de otra alumna para contarle que todo era mentira y “esas chicas me denuncian porque están coladas por mí, están fatal todas en el psicólogo”. La madre colgó y cuando le contó lo que ocurría a su hija, ésta última se derrumbó y le contó que ella había sufrido lo mismo.
Hoy aquellas niñas han crecido, pero según los peritos y los jueces, seriamente afectadas presas de obsesiones, pesadillas, dificultades para relacionarse, rechazo al contacto con otras personas, fobias hacia el piano y la música, llenas de sentimientos de asco y vergüenza, presas de un sentimiento de culpa que no les corresponde.
Los jueces en la sentencia condenan como responsable subsidiario al colegio que no hizo nada y cuyos profesores ( dos de ellos supieron años antes de que estallase el asunto lo que ocurría ) han declarado de forma “evasiva y contradictoria”. Los jueces valoran los informes periciales de forenses y expertos de la Comunidad de Madrid a favor de las víctimas y además creen firmemente a las víctimas. “El coste emocional para las niñas de denunciar y cuatro años después pasar por el juicio manteniendo sus declaraciones”. Entre esas niñas, una que siente profundas naúseas cada vez que escucha el sólo de piano de la película “Titanic”. Justo el tema que una y otra vez ensayaba en sus clases con el profesor condenado a 49 años de prisión.
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