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Los superhéroes también necesitan ayuda: el cáncer que irrumpe en la adolescencia

Los Hospitales Niño Jesús y La Paz acogen programas de acompañamiento psicológico para niños, adolescentes, jóvenes y familias

Cuando el cáncer aparece en plena adolescencia, no sólo amenaza la salud: también pone en suspenso los sueños, la identidad y una vida que apenas comienza

Recibir un diagnóstico de cáncer en plena adolescencia va mucho más allá de afrontar una enfermedad. Supone enfrentarse a una realidad que puede cambiarlo todo, desde los proyectos de futuro hasta la forma de relacionarse con los demás. Para acompañar a los jóvenes en este proceso, la Fundación Caico colabora con hospitales madrileños y ofrece apoyo psicológico y social tanto a los pacientes como a sus familias.

La adolescencia es una etapa marcada por los descubrimientos, las amistades, los primeros amores y los sueños que empiezan a tomar forma. Es un momento de la vida en el que todo parece posible, en el que se aprende a base de experiencias y se comienza a construir la propia identidad. Sin embargo, la llegada de una enfermedad como el cáncer puede alterar ese camino y obligar a afrontar situaciones para las que nadie está preparado.

Pero ¿qué ocurre cuando, en mitad de esa etapa, un diagnóstico de cáncer lo cambia todo? De repente, las preocupaciones propias de la adolescencia dejan paso a las pruebas médicas, los tratamientos y la incertidumbre. Mientras otros jóvenes preparan exámenes, quedan con sus amigos o sueñan con las vacaciones, quienes reciben un diagnóstico oncológico deben aprender a convivir con una realidad para la que nadie está preparado.

Aunque los avances en el tratamiento del cáncer infantil han mejorado la supervivencia, los adolescentes y adultos jóvenes continúan afrontando dificultades específicas. Según los datos recogidos por la Fundación Caico, este grupo representa aproximadamente el 7 % de los casos de cáncer, con una incidencia que puede llegar a ser hasta cinco veces superior a la de la población pediátrica.

A las dificultades médicas se suman otras que no siempre resultan visibles. El diagnóstico puede afectar a la identidad, la autoestima y las relaciones sociales en un momento en el que sentirse parte de un grupo y ganar independencia son necesidades fundamentales.

También pueden aparecer ansiedad, depresión y aislamiento. Y cuando termina el tratamiento, regresar a la vida cotidiana no siempre resulta sencillo. Volver a las aulas, recuperar las amistades o aceptar los cambios físicos puede convertirse en un desafío añadido.

Porque superar la enfermedad es el primer objetivo, pero recuperar la posibilidad de vivir plenamente también importa.

A ello se une una dificultad importante: estos pacientes pueden quedar fuera tanto de los ensayos clínicos pediátricos como de los diseñados para adultos. Sus necesidades específicas, relacionadas también con la sexualidad, la fertilidad o la salud emocional, exigen una atención adaptada a su edad y sus circunstancias.

De una experiencia dolorosa nació una red de apoyo

La Fundación Caico nació en 2003 por iniciativa de un grupo de padres y madres que, mientras sus hijos recibían tratamiento contra el cáncer, decidieron transformar su experiencia en ayuda para otras familias. Con el apoyo de amigos y familiares, comenzaron un camino orientado a mejorar la calidad de vida de los niños enfermos y de quienes los acompañan durante la enfermedad.

Su lema, Familias que ayudan a familias, resume una filosofía que nace de conocer de cerca el miedo, la incertidumbre y el desgaste emocional que puede provocar un diagnóstico de estas características.

Porque cuando el cáncer llega a una casa, no afecta únicamente al paciente. Cambia las rutinas, altera las prioridades y obliga a toda la familia a aprender a vivir de otra manera. En ese proceso, contar con alguien que escuche, oriente y acompañe puede marcar una diferencia.

La Fundación Caico colabora con los hospitales madrileños La Paz y Niño Jesús para atender las necesidades emocionales, sociales y médicas de niños y adolescentes con cáncer, tanto durante los tratamientos como después de ellos.

En el Hospital Universitario La Paz participa en el desarrollo de la Unidad Multidisciplinar para Adolescentes y Adultos Jóvenes con Cáncer, conocida como Unidad MAYA. Esta iniciativa busca evaluar el impacto clínico y psicosocial de la enfermedad, estudiar la calidad de vida de los pacientes y analizar, entre otros aspectos, su participación en ensayos clínicos y los posibles efectos a largo plazo de los tratamientos.

En el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, la fundación cuenta con un equipo profesional de psicooncología que presta apoyo a pacientes y familiares dentro del propio centro.

Su labor se extiende a las distintas etapas de la enfermedad: desde el diagnóstico hasta el alta, las remisiones y las recaídas, así como el acompañamiento en las situaciones más difíciles. Una atención que recuerda que cuidar no consiste únicamente en tratar la enfermedad, sino también en atender a quienes deben convivir con ella.

La importancia de no sentirse solo

Hay una parte del cáncer que no aparece en los resultados de una analítica ni se mide en una prueba de imagen. Es el miedo a lo que vendrá, la angustia de no saber qué decir a los amigos o la sensación de que el mundo sigue avanzando mientras la propia vida permanece en pausa.

En la adolescencia, esas emociones pueden resultar especialmente difíciles de gestionar. Por eso, el apoyo psicológico y social es esencial para ayudar a los jóvenes a afrontar la enfermedad, mantener sus vínculos y recuperar progresivamente sus proyectos de vida.

La labor de entidades como la Fundación Caico contribuye a dar visibilidad a una realidad que necesita mayor atención y a impulsar una respuesta en la que la asistencia sanitaria y el acompañamiento emocional vayan de la mano.

Detrás de cada diagnóstico hay una persona. Un joven con sus gustos, sus temores, sus ilusiones y sus planes. Alguien que no quiere ser definido únicamente por su enfermedad y que necesita conservar, en la medida de lo posible, aquello que hace que su vida siga siendo suya.

Quizá ahí reside el verdadero sentido del lema que inspira a la fundación: «Los superhéroes también necesitan ayuda».

Porque ser valiente no significa no tener miedo. Tampoco implica afrontar el sufrimiento en silencio. A veces, la mayor fortaleza consiste en aceptar una mano tendida y descubrir que, incluso en los momentos más oscuros, hay alguien dispuesto a caminar a nuestro lado.

Un adolescente con cáncer no necesita que le pidan que sea un héroe. Necesita que le ayuden a seguir siendo joven, a conservar sus sueños y a imaginar un futuro más allá de la enfermedad.

Y para lograrlo, además de tratamientos que curen, hacen falta personas que acompañen, familias que sostengan y una sociedad que no aparte la mirada.

www.fundacioncaico.org – https://fundacioncaico.org/cena-benefica/