¿Puede la falta de oxígeno ser beneficioso?: así funciona la hipoxia intermitente
Puede activar respuestas fisiológicas similares a las del ejercicio físico
No sustituye al ejercicio y requiere control médico
El ritmo de vida actual ha situado al organismo en un estado de estrés prácticamente permanente. El sedentarismo, la falta de descanso, la tensión mantenida y otros factores cotidianos condicionan la forma en la que el cuerpo responde a las distintas agresiones fisiológicas y gestionan procesos tan básicos como la respiración.
Sin embargo, según explica a OKSALUD el especialista en Medicina del Deporte, Metabolismo y Longevidad de Monarka Clinic, Iván Ibáñez, la respiración no siempre resulta tan eficiente como debería. El especialista señala que el estrés mantenido favorece que el diafragma permanezca bloqueado, que la musculatura presente un exceso de tensión y que el sistema nervioso autónomo funcione de forma menos eficiente, circunstancias que pueden repercutir sobre el equilibrio fisiológico del organismo.
En este contexto surge el interés por la hipoxia intermitente, una estrategia que consiste en exponer al organismo, de forma controlada y dosificada, a períodos breves de menor disponibilidad de oxígeno, alternados habitualmente con fases de recuperación respirando aire ambiental o incluso concentraciones superiores de oxígeno, dependiendo del protocolo empleado.
Ibáñez aclara que el objetivo no consiste simplemente en «quitar oxígeno», sino en provocar un estímulo biológico perfectamente controlado. Según explica, cuando el organismo detecta una menor disponibilidad de oxígeno, activa diferentes mecanismos de adaptación que afectan a múltiples sistemas fisiológicos.
Entre ellos destaca la activación de vías relacionadas con los factores inducibles por hipoxia, la mejora de la eficiencia mitocondrial, la regulación del estrés oxidativo, la angiogénesis, una utilización más eficiente de los sustratos energéticos y una mayor capacidad de respuesta tanto del sistema cardiovascular como del metabolismo.
El especialista resume este proceso afirmando que «bien aplicada, la hipoxia intermitente funciona como un estímulo hormético: una pequeña dosis de estrés controlado que obliga al organismo a adaptarse y volverse más eficiente». Añade además que este principio es comparable al que producen otras intervenciones fisiológicas como el ejercicio físico, el ayuno o la exposición al frío, siempre que se desarrollen con criterio y bajo supervisión profesional.
Similar al ejercicio físico
Uno de los aspectos que más interés está despertando entre los investigadores es la similitud existente entre algunas de las respuestas fisiológicas provocadas por la hipoxia intermitente y las que genera el ejercicio físico. En concreto, Ibáñez explica que ambas estrategias comparten mecanismos relacionados con la mejora de la función mitocondrial, la eficiencia metabólica, las adaptaciones cardiovasculares, la regulación de la inflamación, la tolerancia al esfuerzo y la capacidad del organismo para responder a diferentes situaciones de estrés fisiológico.
No obstante, el especialista subraya que el ejercicio continúa siendo una herramienta insustituible. En este sentido, insiste en que la hipoxia intermitente no pretende reemplazar la actividad física, sino convertirse en un recurso complementario dentro de un abordaje médico y personalizado.
Esta técnica -explica el experto- puede resultar especialmente interesante en personas que presentan limitaciones para entrenar con la intensidad necesaria para obtener determinadas adaptaciones fisiológicas. Entre esos perfiles cita a pacientes con baja condición física, fatiga crónica, obesidad, síndrome metabólico, dolor musculoesquelético o personas que se encuentran inmersas en procesos de recuperación funcional.
Asimismo, considera que también puede aportar beneficios en deportistas y personas físicamente activas como herramienta destinada a optimizar la recuperación, favorecer determinadas adaptaciones y mejorar la eficiencia energética, siempre formando parte de un programa individualizado.
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