La investigación, cuestión de financiación, talento y organización
Dr. Carlos Camps
Director de Programas Científicos de la Fundación para la Excelencia y la Calidad de la Oncología (ECO), jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital General de Valencia y Catedrático de Medicina.
No podemos hablar de investigación del cáncer, sin hacer primero una breve alusión a la investigación, en general, en nuestro país. Antes de la crisis, España asumió el compromiso de acercarse al 2% de inversión del PIB destinado a investigación. Y durante una década trabajó por subir del 1,4% hasta igualar la media europea. Lamentablemente, la irrupción de la crisis económica, generó una desinversión de 10.000 millones de euros en investigación. Lo que produjo que perdiéramos diez años de progreso, porque esta inversión descendió hasta el 1,25%.
El impacto de esta reducción tuvo consecuencias muy graves. Desaparecieron más de 20.000 empresas biotecnológicas, la mitad de las que había en aquella época. Y, además, disminuyeron el numero de investigadores en 10.000 personas. Bien porque abandonaron su labor investigadora, bien porque se vieron obligados a marcharse a otros países para poder continuar desarrollándola.
Mientras en nuestro país pasaba esto, en otros países vecinos como Francia, Inglaterra, Alemania o Italia se destinaba un mayor porcentaje de inversión a la investigación durante la crisis. Por poner un ejemplo, Alemania incrementó en un 30% sus presupuestos en investigación; cosa que, en España, fue al contrario.
En la actualidad, la media europea ya ha alcanzado el 3%. Una cifra que acentúa aún más la brecha tecnológica, pues en el mundo de la investigación es todavía mayor. Pero hablemos ahora de la investigación en cáncer. El escenario aquí es distinto. España está muy bien posicionada en relación con el desarrollo de ensayos clínicos. Somos el segundo país en número de ensayos clínicos y en número de reclutación de pacientes.
Hablamos de ensayos que, esencialmente, cuentan con el patrocinio de la industria farmacéutica. La única alternativa para hacerlo, pues la inversión en investigación con fondos públicos tiende a cero. Es mínima, es prácticamente residual.
No obstante, tenemos que estar orgullosos de estos ensayos clínicos y de la organización que hay en España, que es modélica en relación con los grupos cooperativos de investigación. Además, gracias a estas investigaciones, estamos ahora con cifras de curación muy altas. Por ejemplo, en el caso del cáncer de mama, o de algunos tumores para los que antes había cero supervivientes, como eran los de pulmón y melanoma, ahora estamos teniendo largos supervivientes e incluso curaciones. La implantación de la inmunoterapia y de la terapia dirigida han hecho posible estos avances.
Frente a esto, la investigación académica —que se hace en Universidades, o en Institutos de Investigación—, en España aún acumula muchas mejoras pendientes, por las dificultades en la financiación y en las carreras profesionales de los investigadores, que viven pendientes de un proyecto. No disponen de una carrera profesional bien definida, ni de una seguridad laboral en sus puestos de trabajo.
Además, no podemos olvidarnos de que la mayoría de las industrias farmacéuticas son extranjeras. De forma que la innovación siempre tiene apellidos extranjeros. Poca investigación y poca innovación somos capaces de producir en España, por esa ausencia de empresas nacionales dedicadas a estos temas. Y esto a pesar de que en España hay muy excelentes investigadores. Cuando tienen que marchar al extranjero, los informes que se remiten de su trabajo son excelentes. El nivel de nuestros investigadores es elevadísimo.
Por otro lado, no solo es un tema de volumen o cantidad de investigación, sino también de organización o priorización. “Hablando en plata”, cualquier persona que tenga que solucionar un problema, se centrará en el que sea más importante o de mayor magnitud.
En España, el tumor que más muertes provoca es el cáncer de pulmón. Sin embargo, los fondos públicos destinados a la investigación del cáncer de pulmón no son los de mayor cantidad. De manera que falta priorización sobre los ámbitos en los que nos importa investigar en España.
El Día Internacional de la Investigación contra el Cáncer es una buena fecha para recordar que, gracias a la investigación básica y la investigación clínica, disponemos ahora de tratamientos de alta eficacia, que están haciendo posible la cura de pacientes que antes no lo hacían. Por eso, hay que “investigar, investigar e investigar”.
Nos estamos jugando el conocimiento del cáncer, el descubrimiento de nuevos tratamientos y, por lo tanto, el futuro de nuestros pacientes. Por si esto fuera poco, nos estamos jugando nuestra independencia de otros países.
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