Dr. Sánchez Viera: «El daño que produce la radiación solar es acumulativo e irreversible»
"La radiación ultravioleta está presente durante todo el año, independientemente de la temperatura que haga"
El frío no protege frente al daño solar. De hecho, en las zonas de montaña el riesgo aumenta, ya que la nieve puede reflejar hasta el 80% de la radiación ultravioleta y, a mayor altitud, mayor intensidad de exposición. Por ello, los dermatólogos insisten en mantener la fotoprotección también en invierno, con protector de amplio espectro, aplicación adecuada y protección física. La prevención, recuerdan, debe ser un hábito diario, independientemente de la estación.
Como explica en esta entrevista en OKSALUD, el Dr. Miguel Sánchez Viera, director del Instituto de Dermatología Integral, los rayos UVA, relacionados con el envejecimiento cutáneo y con parte de los cánceres de piel, se mantienen prácticamente constantes durante todo el año y atraviesan nubes y cristales.
PREGUNTA. Aunque asociamos el riesgo al verano, ¿por qué no debemos bajar la guardia frente al cáncer de piel en invierno?
RESPUESTA.- La radiación ultravioleta está presente durante todo el año, independientemente de la temperatura que haga. El error más frecuente es vincular el daño solar con la sensación de calor. En invierno, especialmente cuando se realizan actividades al aire libre como son el esquí, el senderismo o, incluso, en esos paseos que se dan (tanto en la ciudad como en el campo) en días soleados, la piel sigue recibiendo dosis significativas de rayos ultravioleta.
Como ya es sabido, la piel tiene memoria y el daño que produce la radiación solar es acumulativo e irreversible: cada exposición sin protección contribuye al fotoenvejecimiento y al riesgo de sufrir cánceres de piel, incluido el melanoma (el más agresivo de todos al tener riesgo de provocar metástasis) pasados años e, incluso, décadas.
P.- ¿La radiación ultravioleta sigue siendo peligrosa en los meses fríos, incluso cuando el sol parece menos intenso?
R.- Evidentemente, por lo que conviene distinguir entre los distintos tipos de radiación. Los rayos UVB (responsables de las quemaduras) disminuyen en intensidad en invierno, pero los rayos UVA (responsables del envejecimiento y de parte de los cánceres de piel) se mantienen prácticamente constantes durante todo el año, ya que penetran las nubes y el cristal, y alcanzan las capas profundas de la piel. Por tanto, aunque no sintamos calor ni veamos un sol abrasador, la piel está siendo irradiada.
P.- ¿Qué ocurre con la exposición en la montaña o en la nieve? ¿Es cierto que el riesgo puede aumentar por el efecto reflejo?
R.- La nieve actúa como un espejo natural: refleja hasta el 80% de la radiación ultravioleta. Esto significa que el esquiador o montañero recibe radiación directa del sol y radiación reflejada desde la superficie, prácticamente duplicando la dosis efectiva. Además, según la altitud a la que estemos o alcancemos, la radiación UV aumenta aproximadamente un 10-12% debido a que la atmósfera es más delgada y filtra menos rayos. Por ejemplo, en estaciones de esquí situadas a 2.500–3.000 metros, la exposición puede ser equiparable a la de una playa tropical en verano, con el agravante de que el frío inhibe la sensación de quemazón y relaja la percepción de riesgo.
P.- Muchas personas creen que en días nublados no es necesario usar fotoprotector. ¿Qué hay de cierto en esta afirmación?
R.- Es una creencia muy común, pero que es totalmente falsa. Hasta el 80% de la radiación UVA atraviesa las nubes. Un cielo cubierto puede dar una falsa sensación de seguridad, pero los rayos difusos siguen incidiendo sobre la piel.
De hecho, en zonas de montaña, la nubosidad puede incluso aumentar la radiación. Por este motivo, los dermatólogos recomiendan que el fotoprotector debe formar parte de la rutina diaria durante todo el año, independientemente de si el día está soleado o nublado.
P.- ¿Existen determinados perfiles de pacientes que deberían extremar la protección solar durante todo el año?
R.- Por supuesto. De esta forma, los grupos de mayor riesgo incluyen:
– Personas con fototipos I, II y III (piel clara, ojos claros, cabello rubio o pelirrojo, que se queman con facilidad).
– Pacientes con antecedentes personales o familiares de cáncer de piel.
– Personas con múltiples lunares o nevus displásicos.
– Quienes toman medicamentos fotosensibilizantes (ciertos antibióticos, antiinflamatorios, diuréticos o tratamientos oncológicos).
– Trabajadores al aire libre y deportistas de montaña.
– Pacientes inmunodeprimidos o trasplantados.
En estos perfiles, la fotoprotección debe ser rigurosa, con SPF 50+, reaplicaciones cada dos horas y uso de barreras físicas (gorro, gafas con filtro UV, ropa técnica).
P.- ¿Qué medidas básicas de fotoprotección recomienda mantener también en invierno?
R.- En invierno, la fotoprotección debe mantenerse como un hábito diario, adaptándose a las particularidades de la estación y las actividades al aire libre. Es fundamental utilizar un fotoprotector de amplio espectro, que cubra tanto radiación UVA como UVB, con un factor de protección solar (SPF) de al menos 30, aunque en entornos de montaña o nieve se recomienda SPF 50+. La aplicación debe realizarse unos 30 minutos antes de la exposición y reaplicarse cada dos horas, especialmente si se practica deporte, hay sudoración o contacto con la nieve.
No hay que olvidarse de zonas específicas como labios, orejas, cuello y dorso de las manos, a menudo desatendidas. Además, la protección física juega un papel clave: gafas de sol con filtro UV certificado (la nieve refleja la radiación y puede dañar también la córnea), gorra y ropa técnica con protección son aliados imprescindibles. Por último, aunque los días sean más cortos y el sol menos intenso, conviene evitar la exposición prolongada entre las 12:00 y las 17:00 horas, cuando la radiación alcanza su pico máximo, incluso en invierno.
La constancia en estas medidas no solo previene quemaduras inmediatas, sino que reduce el daño acumulativo responsable del fotoenvejecimiento y del cáncer de piel.
P.- ¿Qué señales de alarma en la piel deberían motivar una consulta con el dermatólogo, independientemente de la estación del año?
R.- Cualquier lesión nueva, que cambie con el tiempo o que sea diferente al resto debe ser evaluada. En concreto:
– Regla ABCDE: lunares o manchas con asimetría, bordes irregulares, coloración no homogénea, diámetro superior a 6 mm o que evolucionen (cambien de forma, tamaño o color).
– Lesiones que pican, duelen, sangran o no cicatrizan.
– Manchas ásperas y rojizas (queratosis actínicas), precursoras de algunos carcinomas cutáneos, muy frecuentes en zonas fotoexpuestas como cara, cuero cabelludo en personas con alopecia, dorso de manos y orejas.
– Cualquier herida que se reproduzca o no termine de curar.
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