Cómo se relaciona la procrastinación con el TDAH y qué ayuda a combatirla
El TDAH afecta al funcionamiento de las funciones ejecutivas del cerebro, responsables de procesos como la planificación, la organización, la priorización, la capacidad de atención y la regulación de la motivación. Cuando estos presentan dificultades, cambia la forma de afrontar cambia y aumenta la probabilidad de posponerlas. Entre los factores que con mayor frecuencia explican la procrastinación en personas con TDAH destacan la percepción alterada del tiempo, ya que el cerebro tiende a distinguir únicamente entre lo que requiere atención inmediata y lo que puede esperar, haciendo que las obligaciones futuras pierdan relevancia.
También influye la baja tolerancia a la frustración, que provoca que las tareas consideradas aburridas, repetitivas o complejas resulten especialmente difíciles de iniciar y mantener. A ello se suma la necesidad de recibir estímulos constantes. Cuando una actividad no despierta interés o no ofrece una recompensa inmediata, la motivación disminuye con rapidez y aumenta la tendencia a buscar alternativas más gratificantes. La ansiedad y el sentimiento de culpa también desempeñan un papel importante. Cuanto más tiempo se retrasa una tarea, mayor suele ser el malestar emocional, alimentando un círculo en el que existe la intención de actuar, pero cada vez resulta más difícil dar el primer paso. Como consecuencia, la procrastinación acaba convirtiéndose en una respuesta casi automática para evitar el esfuerzo, la frustración o el miedo a equivocarse. .
TDAH y procrastinación
El TDAH afecta de a la capacidad para iniciar tareas debido a diferencias en el funcionamiento neurológico, no por pereza, desinterés o falta de comprensión. A esta dificultad se suman las emociones negativas que pueden asociarse a la actividad en cuestión, lo que favorece que, en muchas ocasiones, se elijan acciones que no contribuyen a alcanzar los objetivos, como pasar tiempo haciendo scroll en el móvil o permanecer en la cama, incluso cuando existe una larga lista de tareas pendientes.
Estas emociones pueden tener diferentes orígenes. La comparación social y el miedo al fracaso generan inseguridad al compararse con personas que no presentan estas dificultades. Por otro lado, el perfeccionismo y el síndrome del impostor alimentan el temor a cometer errores o a que los demás perciban una supuesta falta de capacidad. A ello se añade la sensación de sobrecarga, que aparece cuando se acumulan demasiadas tareas y resulta difícil decidir por cuál empezar.
En este contexto, la procrastinación puede convertirse en un mecanismo de protección frente al malestar emocional, al evitar situaciones percibidas como excesivamente exigentes o amenazantes. Por este motivo, suele estar relacionada con el síndrome de la impostora y con pensamientos basados en el miedo a no estar a la altura o a cometer errores.
«Muchos de mis pacientes con TDAH en adultos (y otros tantos con ansiedad crónica) viven en una búsqueda constante de dopamina barata. El cerebro, ante una tarea que percibe como abrumadora, difícil o aburrida, experimenta una sensación de «dolor» o rechazo real.¿La solución de emergencia de tu mente? El móvil. Un chute rápido de dopamina que calma el malestar un rato, pero que te deja con una resaca de culpa monumental a los diez minutos. No eres vago. Tienes un cerebro que gestiona mal las recompensas y que se bloquea ante la incertidumbre. La procrastinación es, en realidad, una estrategia (fallida) para evitar una emoción negativa», explica el psiquiatra Jordi Risco en su web.
Estrategias
En el TDAH, la importancia de una tarea no siempre basta para generar motivación. Recordar ocasiones en las que se consiguió iniciar y completar un proyecto ayuda a combatir las creencias limitantes que aparecen antes de empezar. Por otro lado, la pasión y la diversión aportan sentido a las tareas y favorecen la implicación. Mientras, la novedad también resulta un estímulo. Introducir pequeños cambios en la forma de realizar una tarea o variar el entorno ayuda a mantener el interés durante más tiempo.
Despertar el interés por una actividad, aunque inicialmente resulte poco atractiva, también puede ser útil. La competencia y los retos representan otra fuente de motivación; en este contexto, fijarse objetivos personales o compartir metas con otras personas puede aumentar el compromiso y facilitar el inicio de la tarea. Asimismo, según los expertos, la urgencia, cuando se utiliza de forma puntual, también puede activar la concentración y favorecer estados de hiperfoco que permiten completar determinadas actividades con rapidez.
La procrastinación asociada al TDAH se puede reducirse mediante la aplicación de estrategias adaptadas a las necesidades individuales. Reconocer que este comportamiento tiene un origen neurológico, y no responde a una falta de voluntad, permite abordarlo desde una perspectiva más realista y eficaz. Aunque los cambios no suelen producirse de forma inmediata, cada pequeño avance contribuye a mejorar la organización, la gestión del tiempo y la capacidad para iniciar y completar tareas. Superar la procrastinación no consiste en alcanzar la perfección, sino en desarrollar estrategias que permitan actuar con mayor constancia y autonomía.
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