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Calcificación coronaria: últimos avances para uno de los retos de la cardiología intervencionista moderna

El doctor José Ramón Rumoroso explica que "la presencia de calcio hace que la arteria sea mucho más rígida y menos distensible"

En la actualidad, la mayoría de las obstrucciones de las arterias coronarias se tratan mediante intervencionismo coronario percutáneo, una técnica mínimamente invasiva que permite acceder al corazón sin necesidad de cirugía abierta, explican desde la Fundación EPIC. Este procedimiento se realiza habitualmente a través de la arteria radial, en la muñeca, y en menor medida por la arteria femoral, en la ingle, ofreciendo una recuperación rápida y segura para el paciente.

Sin embargo, cuando las arterias presentan un alto grado de calcificación -endurecimiento debido a depósitos de calcio-, el abordaje se vuelve considerablemente más complejo. Esta rigidez dificulta tanto el avance del material como la correcta expansión de los ‘stents’, convirtiendo estas lesiones
en uno de los principales desafíos actuales para los especialistas.

Las lesiones calcificadas no solo aumentan la dificultad técnica del procedimiento, sino que también pueden afectar negativamente al resultado final si no se manejan adecuadamente. Entre los principales riesgos se encuentran la imposibilidad de dilatar correctamente la arteria, la mala
expansión del stent y complicaciones como disecciones o incluso roturas arteriales.

Para saber más sobre la cuestión, OKSALUD charla con el director general de la Fundación EPIC, el doctor José Ramón Rumoroso, quien explica el porqué de que las lesiones coronarias calcificadas representen actualmente uno de los mayores retos para la cardiología intervencionista: «La cardiología intervencionista trata la enfermedad coronaria mediante procedimientos percutáneos, es decir, a través de catéteres que se introducen habitualmente por la arteria radial o femoral para abrir arterias coronarias obstruidas e implantar stents sin necesidad de cirugía abierta. Dentro de este contexto, las lesiones coronarias calcificadas representan actualmente uno de los mayores retos técnicos. La presencia de calcio hace que la arteria sea mucho más rígida y menos distensible, dificultando tanto el paso del material como la correcta expansión del ‘stent’».

En este sentido, añade que el principal problema es que un ‘stent’ insuficientemente expandido o mal aposicionado (es decir, que no queda completamente abierto o bien adherido a la pared de la arteria) aumenta el riesgo de complicaciones importantes, como trombosis del ‘stent’, reestenosis o necesidad de nuevas intervenciones. Además, este tipo de lesiones incrementa el riesgo de disección coronaria, perforación arterial o incluso fracaso del procedimiento. A esto se añade que los pacientes con calcificación coronaria suelen presentar perfiles clínicos más complejos, como edad avanzada, diabetes, insuficiencia renal o enfermedad aterosclerótica muy evolucionada. Por tanto, no solo hablamos de lesiones técnicamente difíciles, sino también de pacientes de alto riesgo cardiovascular.

Sobre el papel que desempeñan técnicas de imagen intracoronaria como el IVUS (ultrasonido intravascular) o la OCT (tomografía de coherencia óptica) en la detección y planificación del tratamiento de la calcificación coronaria, el cardiólogo afirma que hoy en día han cambiado completamente la forma en la que se tratan las lesiones calcificadas. «La angiografía convencional muchas veces infraestima el grado real de calcio, mientras que estas técnicas permiten caracterizar la lesión con enorme precisión. Con IVUS u OCT podemos conocer la profundidad, extensión y distribución del calcio dentro de la pared arterial. Esa información es clave porque nos ayuda a decidir cuál es la mejor estrategia de preparación de la lesión antes de implantar el ‘stent’».

Por ejemplo, gracias a la imagen intracoronaria podemos seleccionar herramientas específicas como balones de corte, litotricia intravascular o técnicas de aterectomía rotacional. Además, tras el implante del stent, estas técnicas permiten comprobar si la expansión es óptima, algo fundamental para reducir complicaciones futuras.

«En la práctica clínica actual, la tendencia es avanzar hacia una cardiología intervencionista mucho más guiada por imagen, más precisa y más personalizada», asevera el doctor Rumoroso, que es jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Quironsalud Bizkaia, quien lidera la Unidad Asistencial Cardiovascular en asociación con la Unidad Integral de Cardiología (UICAR).

Envejecimiento vascular

La calcificación coronaria está muy relacionada con el envejecimiento vascular. «A medida que aumenta la esperanza de vida, vemos arterias más envejecidas y, por tanto, con mayor depósito de calcio. Pero además existen enfermedades que aceleran este proceso de forma muy importante», relata el cardiólogo.

En este sentido, se refiere a la diabetes, que favorece una inflamación vascular crónica y altera el metabolismo celular de la pared arterial, lo que incrementa la calcificación y hace las lesiones más difusas y complejas. En el caso de la insuficiencia renal, el fenómeno es todavía más marcado porque existe una alteración del metabolismo calcio-fósforo que favorece una calcificación vascular muy agresiva. De hecho, los pacientes renales suelen presentar algunas de las complicaciones coronarias más difíciles de tratar en hemodinámica.

«Todo esto explica por qué cada vez vemos más procedimientos complejos relacionados con calcificación coronaria. Es un reflejo directo de la evolución demográfica y epidemiológica de la población actual», concluye el doctor José Ramón Rumoroso.