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Neurología

Así es el mapa de la médula para tratar mejor el dolor crónico

El dolor neuropático no se debe a lesiones convencionales sino a daños en el tejido nervioso

Un grupo de científicos ha descubierto diferencias en los tipos de células nerviosas (neuronas) que se sitúan en zonas concretas de la médula espinal en modelos animales masculinos y femeninos, y ha visto que el dolor neuropático (originado en tejidos nerviosos) altera su actividad, lo que facilita el desarrollo de nuevas terapias para esta condición.

El tacto es el primer sentido que se desarrolla, antes del nacimiento, y es fundamental para el día a día. No obstante, es el menos estudiado, y sigue siendo bastante misterioso a nivel molecular, según explican los autores de esta investigación. Por otra parte, el dolor crónico afecta a un 11-17% de la población en España, según datos oficiales.

La investigadora Shan Meltzer ha dirigido el equipo que ha contribuido a dar respuesta a estos dos fenómenos poco conocidos: comprender mejor cómo funciona el sentido del tacto y avanzar en la comprensión de los circuitos (neuronales) del dolor, lo cual podría ayudar a desarrollar nuevos tratamientos.

La médula espinal es el primer centro donde se procesa la información somatosensorial que recibimos a través de la piel. Eso incluye el dolor, el picor, el tacto y la propiocepción (la capacidad del cuerpo de sentir sus propios movimientos). Debido a su importancia, se cuenta con estudios previos que han identificado qué tipo de células forman la médula, además de los genes que las definen, pero cómo se conectan físicamente entre sí no estaba tan claro.

Cuatro niveles

La médula se divide en cuatro niveles: cervical, torácico, lumbar y sacra. El segmento lumbar contiene mayor proporción de materia gris (cuerpos de neuronas y conexiones sinápticas entre ellas, donde se produce la transmisión de señales) que el resto de regiones. Como la materia gris es el lugar en el cual se procesa información sensorial, muchos estudios previos se concentraban únicamente en esta zona.

Meltzer y su equipo analizaron las neuronas de las demás regiones, observando cuáles son los genes activos en ellas y respetando su localización. «Hace una década, no había técnicas que permitieran hacer este tipo de observación», ha explicado la autora.

Así vieron diferentes poblaciones de células en la médula espinal, y compararon las de ejemplares de ratón macho y hembra, además de los que sufrían dolor neuropático y los que no.

Los ratones macho tenían más neuronas motoras que las hembras, y no solamente en la región lumbar, sino en las demás. Eso significa que las diferencias entre sexos a la hora de procesar el dolor tienen una correlación en la anatomía. Además, en los ejemplares con dolor neuropático había una reducción de la expresión de moléculas clave para la comunicación entre neuronas; eso sugiere que esta condición puede tener su origen en circuitos neuronales alterados, más que en células aisladas.

En lugar de guardar la información, estos expertos van a compartir su atlas celular de la médula espinal con otros equipos, a través de una página en internet. La idea es que entre todos puedan explorar de forma exhaustiva la comunicación entre células y predecir cómo se comportarán. Esperan que de esta forma se produzcan lo antes posible nuevos hallazgos que permitan mejorar el tratamiento del dolor neuropático.