Vuelve el PP ganador
El futuro del Partido Popular ya es presente y se llama Pablo Casado. El recién elegido presidente de la formación de Génova 13 recupera los principios que situaron como ganador absoluto al PP e inicia el camino de su refundación. Tras una etapa de paulatina pérdida de ideología, Casado recobra las directrices que hicieron de su partido una máquina de ganar elecciones desde 1996. Así, la unidad de España, el liberalismo económico, la libertad individual y el respeto máximo a las víctimas del terrorismo recuerdan a los populares de la más pura esencia. Cimientos sólidos sobre los que reconstruir el gran partido de centroderecha de la política española. Destinado a partir de ahora a reconquistar el lugar de preponderancia electoral e ideológica que los ha caracterizado en las últimas décadas y plantar cara a las veleidades independentistas y a la política de cartón piedra que con perniciosa hipocresía enarbolan los populistas bolivarianos de Podemos.
La prueba de que el Partido Popular es más fuerte con Casado al frente la da, precisamente, el hecho de que los morados hayan reaccionado de manera inmediata a su nombramiento tildándolo de “ultraderecha”. Casado los vuelve temerosos —y de ahí ese tipo de oprobio— porque conecta a la perfección con la mayoría natural de España que, al contrario de lo que se dice, es de centroderecha. Españoles que aspiran a una nación unida y a una economía que no los maltrate a base de impuestos. A unos principios, en definitiva, en los que el orgullo de pertenencia a dicha nación sea un valor compartido por todos sus ciudadanos. En ese sentido, el PP abre una nueva etapa con el presidente idóneo. Joven, pero de sobrada experiencia. De hecho, mientras Soraya Sáenz de Santamaría simbolizaba la continuidad de la Administración Rajoy, Pablo Casado está más en la onda de liderazgos tan exitosos y actuales como el de Emmanuel Macron en Francia.
El nuevo mandatario del PP, por tanto, es presente, pero sobre todo es un proyecto a largo plazo para darle sentido a un país que ha sabido sobreponerse a una de las crisis más pertinaces de su historia y que ahora —más después del Gobierno fallido de Pedro Sánchez— necesita el impulso definitivo para consolidarse como una de las naciones punteras de la Unión Europea. Igual que sucedió en la primera época dorada de la formación (1996-2004), cuando ocho años de crecimiento nos convirtieron en el paradigma económico de la comunidad internacional y posibilitaron la entrada en el Euro. Como sucediera entonces con José María Aznar, Casado se hace cargo del PP con 37 años. Un edad de madurez y plenitud para acometer los retos de una formación que, tanto por el contexto actual como por su peso específico, es imprescindible para la estabilidad de España. El centroderecha está de enhorabuena. Pablo Casado es un líder para muchos años. Un líder de principios para capitanear el inicio de una época de éxitos.
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