Las viviendas de Sánchez se quedan en la mitad de la mitad de la mitad de la mitad
No hace ni dos años que Pedro Sánchez, en vísperas de las elecciones municipales, decidió que el eje de su campaña debía de ser la vivienda pública: un día prometía la creación de diez mil pisos y al siguiente elevaba su puja hasta los veinte mil. Como no avanzaba en las encuestas, seguía prometiendo: cincuenta mil, sesenta mil… cien mil viviendas. Pues bien, de aquello, casi dos años después, no hay nada de nada. Es decir, que de lo prometido por Sánchez, la mitad de la mitad de la mitad de la mitad.
Apenas, varios centenares de viviendas públicas construidas desde entonces y pare usted de contar. La política de Sánchez ha puesto una vez más a la cola la situación de España con respecto al resto de Europa. En la actualidad en nuestro país sólo hay un 2% de vivienda oficial, mientras que en otros países de la Unión Europea cuentan con entre un 15 y un 20%, y hasta un 40%.
En lugar de construir vivienda pública, el Gobierno de Pedro Sánchez se ha dedicado, por el contrario, a intervenir la vivienda privada con medidas como el tope al precio del alquiler, consiguiendo el efecto contrario al que pretendía. Los dueños de inmuebles sacan del mercado sus viviendas, reduciéndose la oferta y creciendo la demanda. Resultado: el precio sube en lugar de bajar. Es lo que tiene el populismo: regular los precios de la propiedad privada en lugar de construir vivienda pública produce los efectos que estamos viendo, pero como no estamos en época electoral el Gobierno no hace nada.
Estamos ante un problema de dimensiones colosales y Pedro Sánchez -el de las 100.000 viviendas- guarda ahora silencio. Eso sí: entretanto llega una nueva campaña electoral, el Gobierno socialcomunista recurre a lo más fácil: incapaz de resolver el problema le traslada la responsabilidad a los propietarios de inmuebles, metiéndoles la mano en la cartera. Ya se sabe que este Ejecutivo es especialista en buscar culpables. Todos menos él.
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