El PSIB, otra vez en la encrucijada
El acuerdo entre Més per Menorca y el PSIB para “cambiar” el régimen lingüístico de la educación balear para a la postre no cambiar nada en absoluto no augura ningún recorrido a la Ley de educación balear que se está debatiendo estos días en el Parlament.
El PSIB debería ser consciente de que no incorporar el mínimo del 25% de las horas lectivas en castellano, como viene exigiendo el Tribunal Supremo, va a dejar la ley March a los pies de los caballos sin apenas posibilidades de permanencia y estabilidad.
Declarar «vehicular» al castellano para sortear al Constitucional y simultáneamente permitir a los centros proseguir con una inmersión de hecho como ahora en base a pretextos como el entorno sociolingüístico o el grado de conocimiento de ambas lenguas del alumnado es el último enjuague de los socialistas para mantenerse en el poder a toda costa, aunque sea satisfaciendo la insaciable voracidad de los secesionistas de Més que, como de costumbre, no quieren dar un solo paso atrás en la dictadura lingüística que ellos han implantado y otros consentido.
Establecer que el director y el consejo escolar de cada centro, con la coartada de unos inspectores que nunca han estado en el pasado ni tampoco ahora se les espera, decidan qué hacer sin ninguna restricción de rango superior es otra astucia de la historia de quienes se valen de cualquier argumento, trampa o falacia para burlar a la Justicia y seguir corroyendo la separación de poderes propia de toda democracia liberal.
Una lengua es vehicular cuando es un vehículo o instrumento para aprender contenidos no lingüísticos. La escuela tiene por objeto enseñar estos contenidos y para ello no hay mejor “vehículo” que la lengua materna, como sabe cualquier pedagogo sin anteojeras ideológicas. No tiene sentido declarar una lengua vehicular en la educación y no emplearla para aprender contenidos no estrictamente lingüísticos como puedan ser el conocimiento del medio, física o matemáticas. De ahí la coherencia del Supremo al ligar vehicularidad y un mínimo de horas lectivas en castellano. Lo demás no tiene sentido, lo vistan como lo vistan.
El PSOE está una vez más en la encrucijada. O acatar el ordenamiento jurídico, rindiendo así un favor a muchos padres molestos con la inmersión -entre ellos, no pocos de sus votantes- pero atemorizados por las represalias del catalanismo. O despeñarse en el abismo con la compañía del fanatismo, la sinrazón y los intereses gremiales de quienes no vacilan en desafiar a los tribunales y seguir la misma senda del secesionismo catalán.
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