Opinión

Pedro Sánchez, entre Tarzán y Don Quijote

Perdonen que insista con Iván Redondo, pero es que el almíbar con el que riega su amor infinito por Pedro Sánchez es tan abundante que comprar La Vanguardia el lunes es tener ganas de quedar empapado con una sustancia dulce y pegajosa. Su columna semanal ha pasado en unos meses del «Yolanda será la primera presidenta de España» a hacer la pelota a Sánchez de una manera muy descarada. Pero es que su homenaje de esta semana al líder entre los líderes parece escrito a cuatro extremidades por Félix Bolaños y Sarah Santaolalla. Decimos cuatro, porque el supuesto cabestrillo que lleva la nueva musa del PSOE no afecta a su capacidad escritora.

El analista estrella de La Vanguardia define al marido de Begoña, tras su numerito con Donald Trump a cuenta de la guerra con Irán, como «Sánchez Global, Quijote en el mundo. Un arquetipo de dios fuerte que supera las expectativas del elector progresista para convertirlo en el líder nacionalista que defiende a España ante los que la quieren lacaya y tutelada». Para Redondo, eterno aspirante a contratas públicas, Sánchez es «de largo, el mejor táctico de la historia entre nuestros primeros ministros patrios y el líder político español que más provecho le saca al contexto, a lo Tarzán, buscando siempre una nueva liana».

Al spin doctor favorito del conde de Godó le deben ir muy bien las cosas para tal catarata de elogios al galgo de Paiporta, cuya característica más acusada es actuar solo en su propio interés. Así que los intereses de Redondo deben estar alineados, de nuevo, con los del hermano del compositor de la afamada La danza de las chirimoyas. Pero lo de «dios fuerte» y «Quijote en el mundo» ya da un poco de vergüenza ajena, incluso para este PSOE totalmente dominado por el gran amigo de Paco Salazar. Solo la cuenta de X dedicada a Mr. Handsome es más servil hacia el gran hacedor del primer apagón total en la historia de nuestro país.

Pedro Sánchez no solo se ha comprado una televisión para jugar con ella y ha colocado allí a una cohorte de voceros liderados por la Dama del Cabestrillo. Ha convertido a buena parte de la prensa de nuestro país en medios concertados que, a cambio de una generosa soldada, permiten que los voceros del régimen campen a sus anchas. Son tantos los diarios, los digitales y las emisoras al servicio del PSOE que da un poco de grima escuchar cómo se quejan los socialistas de que la prensa «está dominada por la derecha». Están tan acostumbrados a sus bulos que ya son incapaces de decir una verdad ni aunque les paguen.

En pocos días hemos asistido a tres ejemplos muy descarados de cómo actúa el PSOE: durante una reunión municipal en Aranjuez, un concejal socialista le tira una taza a un regidor de Vox, y el grupo socialista difundió un comunicado negando la agresión. Cuando, pocas horas después, el vídeo salió a la luz y se veía con claridad el lanzamiento, el concejal dimitió –toda una novedad dentro del sanchismo–. Pero tuvieron la caradura de negar los hechos. Hace un par de semanas, toda la jauría mediática socialista atacó, creando un bulo, a una periodista de La Gaceta, Rebeca Crespo. Ella colgó en redes una foto real de una mujer con niqab en el metro de Madrid y activistas de izquierdas manipularon las imágenes con IA para hacer ver que era Crespo la que se había puesto el velo. Y, por supuesto, el show de la Condesa del Brazo Roto, heredera de la mítica activista separatista catalana Marta seisdedos Torrecillas, que acusó a la Policía Nacional de que el 1 de octubre de 2017 le habían roto los dedos de su mano derecha «uno a uno». Se demostró que fue un montaje, como así se hará con el de Sarah Santaolalla. Y me temo que estos tres casos no son nada comparado con lo que nos espera hasta que Pedro Sánchez pierda las elecciones generales.