Parábola de Greta y Pedro
Lo único lúcido que le oí decir a Greta Thunberg, ¿gran zumbada?, es: “No me hagáis caso, haced caso a los científicos”. La gremlin que va de experta en oleajes y otros cambios climáticos de la mar, se marea y vomita en el catamarán cedido por millonarios australianos. Los padres de tan pobre niña, la obligan a viajar para enriquecerse. Lo cual muestra hasta qué punto manipulan a la criatura mitológica. La sacaron del colegio y fue adiestrada en el clima y sus vicisitudes, o nunca se habría embarcado en la intempestiva aventura. Desde los inicios, su misión era navegar, gratis, a la procura de titulares, contra vientos y mareas. Y a menos gastos, más dineros. La púber sueca ha sido aleccionada en los dividendos que arrojan las mentiras.
Una glosa de Frank Cuesta sobre Greta destapa los camelos de esta niña prodigio, que de prodigio tiene tanto como la invención de la banqueta. El auténtico entendido en naturaleza, la dejó sin bragas: “No vais a ver a este bicho recogiendo mierda, ni limpiando, ni investigando para ayudar al cambio climático”. “Wild Frank” añade que “tiene un canto muy peculiar”, repite una y otra vez su eslogan predilecto: “How you dare?” (“¿Cómo os atrevéis?”), refiriéndose a lo que la “mesías perturbada” soltó en la ONU y que se hizo viral. Aprovechando la confusión, Greta y Pedro estructuran una parábola para engañar en comandita. Yo te traigo a Madrid, propone Pedro y tú, Greta, repartes conmigo la popularidad mundial que obtengamos en la feria. ¿Hecho? ¡Hecho!
Pedro, un ecólogo propulsado por turbinas y Greta, la mentalmente inestable, han hecho un pan con unas hostias. La nena no rige desde que desembarcó en Lisboa, abatida por los tumbos de la mar bravía, asaltándole la duda de cómo alcanzar la Cumbre de Madrid, villa y corte –en este solo caso– de burlas y engañifas medioambientales. De Madrid a la nube, dicen, pero los decires no siempre aciertan y la valkiria, viéndose anclada en tierra, rehusó ir a la capital en bici o a lomos de “Platerito”, guapo burro ofrecido por los talaveranos. La loca pensó que Pedro, su socio de delirios, no la dejaría tirada y la transportaría en parapente, otra montura que no contamina, hasta la capital. Pero Pedro, cosa habitual en él, defraudó a Greta, ya que traiciona a cuantos estrechan su mano y propuso a la sueca, venir en tren, a presidir el jolgorio de las vanidades. La Cumbre del Clima no solucionó nada, ni prohibió la fabricación de plásticos.
La enseñanza moral que desprende esta parábola es que, tanto Greta, adoctrinada por seres codiciosos que quieren recaudar millones a su costa, como Pedro, que pretende el poder a toda costa, son un par de amorales.
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