Pablo se hace el machote
El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, ha asegurado que “nuestra democracia será mejor cuando los responsables políticos, los policiales y los mediáticos de las cloacas estén en la cárcel, que es donde tienen que estar», además de añadir que “han ofendido la dignidad del periodismo lamiendo las hemorroides del poder”. Con esta inusual fineza ha explicado un miembro destacado de nuestro Gobierno su opinión sobre la libertad de prensa y el papel fundamental que los profesionales de la información desempeñan en una democracia. Por supuesto, la obsesión casi enfermiza del secretario general y líder absoluto de Podemos tiene nombre y apellido: Eduardo Inda.
En realidad, los bolivarianos de Podemos venían ya con la lección aprendida mucho antes de que apareciesen disfrazados de 15M. Ha sido Eduardo Inda, pero hubiese sido cualquier otro. Cuando en el 2014 Pablo Iglesias empezó a hablar de mecanismos de control público sobre los medios se refería a una propuesta importada de Ecuador donde la Asamblea Nacional controlada por Correa dio luz verde a un texto que oficializaba la censura y la persecución a la prensa libre. Correa, miembro del club del socialismo bolivariano, lograba de esa forma otorgar al gobierno la potestad de decidir sobre la veracidad de las informaciones publicadas. El mismo perro con distinto collar.
Por mucho que lo intente, Pablo Iglesias ya no es un agitador callejero. Ahora se sienta en el Consejo de Ministros y forma parte de un Gobierno que representa a todos los españoles. Su lenguaje y hechuras de pandillero desfasado no van a impresionar demasiado a periodistas que, como Inda, llevan a sus espaldas unas cuantas batallas libradas, pero sí contribuyen notablemente a desprestigiar aún más a nuestras instituciones. Seguramente en el siglo pasado algunos de sus referentes políticos hubiesen solucionado el asunto deportando a gulags o a campos de reeducación a los individuos incómodos, pero en los últimos 40 años la democracia española se ha ganado un respeto. Yo aconsejaría a Pablo Iglesias que dedique su tiempo a la Agenda 2030 y no se empeñe en batallas para las que le falta envergadura y le sobra mochila.
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