Muertos de segunda
Hemos tenido que llegar a los 10.000 muertos por coronavirus y a más de 100.000 contagios confirmados para ver en las televisiones y en la prensa un atisbo de la dimensión real de la tragedia. La imagen de hileras de féretros en un parking subterráneo de Collserola (Barcelona) convertido en un tanatorio de campaña llegó a las redacciones por un bragado fotoperiodista de la agencia Efe que retrató para el mundo entero la sacudida de esta tragedia sanitaria en España. «Impresiona y entristece, a la vez», comentó.
Sin embargo, este ejercicio de libertad de información, dramático, pero realista, ha sido una excepción desde que el maldito virus empezó a segar vidas masivamente hace ya algunas semanas. Las imágenes que nos ha metido hasta la sopa han sido las de calles vacías, puertas de hospitales, dispositivos de fuerzas de seguridad y del Ejército, hospitales de campaña, balcones de caceroladas y mucho primer plano de un Pedro Sánchez de extenuantes comparecencias con tal de salvar su cabellera política. Aunque las encuestas ya revelan cómo su imagen está cayendo en picado. En cambio y a diferencia de lo ocurrido en Italia, de las negligencias en residencias de ancianos, de las UCI saturadas, de los héroes sanitarios en plena trinchera, de las improvisadas morgues de hielo y de los entierros en soledad, no nos han mostrado la más cruda y triste página de la España moderna tras la Guerra Civil. No es morbosidad sacar a la luz esas duras imágenes, sino duelo, respeto, condolencias, concepción del alcance de una enfermedad infecciosa que puede golpearnos si no cumplimos las normas. ¿Por qué no podemos llorar juntos? ¿Por qué no podemos llorar a nuestros mayores? ¿Acaso son muertos de segunda?
La cuestión está en que este Gobierno de pasarela se está aprovechando de la terrible circunstancia por la que atraviesa el país para imponer una mordaza que abra paso a su ideario socialcomunista. Mientras mueren cerca de 1.000 personas al día, que nos relatan más como cifras que como difuntos, y mientras se dispara el paro, el Doctor Cum Fraude —algún día sabremos si tapó su posible positivo— va dejando a los populistas de Iglesias desplegar su agenda bolivariana. Ya se lo dijo Rajoy al Vendeobreros de Galapagar. Los pablenin campan a sus anchas en el «cuanto peor, mejor». Y es ahí, en un escenario de falta de libertades, suspendidas por el estado de alarma, donde la extrema izquierda, el sanchismo y sus terminales mediáticas se afanan en que la crudeza de tantas almas perdidas no sea visible. No vaya a ser que el chiringuito se les venga abajo. Los mismos que gestaron aquel Pásalo del 13-M son hoy cómplices de las mentiras y la ocultación. Nos están robando el luto.
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