Opinión

Lo que sucede en Andalucía conviene a España

Andalucía ya tiene gobierno y es una buena noticia. Primero, para la región, que consolida su voluntad expresada en las urnas y otorga continuidad a una manera de hacer política que ha generado mejor bienestar y riqueza tranquila (sin corrupción putera) a la comunidad más expoliada de toda España. A ello, se le sumarán incentivos desde el punto de vista de la regeneración política y el recorte del meollo mamandurrio que vendrá bien a cierta red clientelar no extirpada en estos ocho años por negligencia enchufada.

Segundo, porque manda al cadalso de la historia a las siglas que más gobernaron y saquearon las arcas públicas desde que la democracia empezó a renombrarla, quienes consolidaron una Transición tan envidiable como caduca para los tiempos que corren. Y tercero, porque normaliza unas alianzas políticas tan convenientes como necesarias, exigidas por la sociología electoral andaluza, que, como ya pasó en Extremadura, Aragón y Castilla y León, ha determinado que PP y Vox se entiendan, acuerden, pacten y gobiernen. Aunque moleste al PSOE, sobre todo si molesta al PSOE, que, de la mano de la consejera de los ERE, atisba un suelo electoral tan profundo como inacabable.

El fantasma de la ultraderecha, agitado por los verdaderos fantasmas políticos, los del comunismo caviar, ya no renta ni siquiera para movilizar los restos de un pesebre cada vez más exiguo y exhausto por tanta corruptela de rosa, hoz y martillo. Parece que en Génova han dejado atrás esas posiciones chamberlainianas que los llevaban a templar gaitas con el socialismo democrático, que siempre fue lo primero, aunque venda lo contrario, y ahora proyecte, en su habitual disonancia cognitiva, que lo democrático es dar un golpe de Estado para evitar la alternancia en el poder.

Las rameras del sanchismo, extensiones de un árbol purulento en cuya raíz el socialismo continúa vendiendo crecepelo estabulado, ven mal que la justicia persiga al delincuente y que el gobierno rinda cuentas a la oposición. Fabrican en sus tribunas palanganeras, o en sus perfiles sociales, vulgo autotertulia de egos, una conspiración para que no hablemos de la conspiración real que el autócrata llega pergeñando años, aunque su cadáver político lleve tiempo oliendo inhumación.

Con los nuevos votantes que traerá la ley de nietos, cuya colocación por parte del gobierno autócrata en circunscripciones donde los escaños a repartir oscilen entre pocos miles busca modificar el resultado final, asistiremos al primero de los intentos de Sánchez y sus socios cloaca por alterar la normalidad de un proceso riguroso, equitativo y transparente. Y se apoyarán para esa modificación en sus amanuenses televisivos y en la equidistancia de los alsinas radiofónicos, que confían en un sistema que hace tiempo que el sanchismo pervirtió para su causa.

La izquierda lleva tiempo sin proyecto político más allá de azuzar los vientos de la envidia para justificar el saqueo fiscal, que luego no repercute en una estabilidad de las clases medias y bajas; de ahí que el discurso sobre la defensa de los servicios públicos ya no cuele, sobre todo cuando ves a Puente ejercer de ministro de la muerte y jugar con las vidas ajenas y al condenado Ábalos usar el dinero de la sanidad y educación para irse de samaritanas. Muy del PSOE eso, por cierto.

María Jesús Mentira, antes Montero, será imputada por el caso SEPI más pronto que tarde, junto a la cúpula de Hacienda, un ministerio funcionarial al servicio del expolio que debe ser reformado como el resto del cotarro, de arriba a abajo.

Por eso, no hay que otorgarle más crédito a ese Frente Popular cateto que quieren montar los rodeaparlamentos sólo porque no les gusta que gobiernen los de enfrente. Aquellos que sonríen ante las pistolas de Bildu y se inclinan con los delincuentes de Esquerra y los prófugos de Junts, nos advierten, ufanos en su maldad sectaria, que volverán los grises a perseguir ciudadanos por las calles de Andalucía y que veremos homosexuales colgados de los olivos jiennenses. Sería una broma de mal gusto si no fuera porque a los hijos de Blas Infante que se indignan con el pacto de San Telmo les gusta llenar España de quienes sí practican la caza del homosexual y la mutilación del infiel.

Lo que Andalucía ha firmado, conviene también a España. De ahí que los hijos de quienes siempre prefirieron el caos, la anarquía y la violencia al sentir democrático de las urnas, estén calentando ya pancarta y suela para lo que viene. Pero esta es otra España. Han suministrado tanta anestesia social al pueblo, que cuando mañana necesiten jarana, se encontrarán a sus revolucionarios de sofá escuchando a Broncano preguntar en la nueva tele de Contreras cuánto dinero tiene el progre invitado en el banco. Y ahí empezarán a tiritar algunos ingresos mínimos.