Opinión

Julia Otero, la favorita del PSC

¡Sorpresa! Julia Otero ha sido ‘distinguida’ con la Creu de Sant Jordi, que es el galardón que el partido que gobierna la Generalitat de Cataluña reparte para premiar a los ‘suyos’ o a los ‘patriotas’ que consideran a España un Estado atrasado, que acostumbran a ser los mismos. Como ahora manda el sectario Salvador Illa, ha escogido para tan ‘alto honor’ a una periodista sectaria de escuela PSC. Lo raro es que el Govern no haya aprovechado también para otorgar a Sarah Santaolalla, Javier Ruiz, David Broncano y Jesús Cintora tan alta distinción. Algún vínculo les podrían encontrar con Cataluña, como en el caso de sugar daddy Ruiz, que, al ser valenciano, lo podrían meter en la saca de «premiados de los Països Catalans».

Tras la Creu de Sant Jordi de Julia Otero, solo falta que la otra periodista favorita del PSC, Gemma Nierga, consiga este ‘gran’ premio. Supongo que le tocará en la cosecha de 2027, dados sus incontestables méritos para difundir la ‘concordia’ que ha llegado a Cataluña tras la victoria del puño y la rosa. Los socialistas nunca olvidan a los suyos, y menos ahora que están en tiempo de bonanza tras ir controlando, una tras otra, algunas de las empresas clave del país. Y me refiero a España, aunque para el directorio de los socialistas catalanes su ‘país’ es el del mapa del tiempo de TV3, los Països. ¿Que exagero? Ahí sigue la televisión autonómica de Illa pronosticando sol en L’Alguer (Cerdeña) o en Perpiñán, mientras pone a Madrid a la altura de París o Londres. Una capital extranjera más. De hecho, con el PSC en el Govern se ha modernizado y estilizado el mapa de los Països que se ve en TV3. Que no se diga que los socialistas no son los más modernos en todo, hasta para definir el espacio vital que necesita Cataluña para desarrollarse como ‘nación’.

No estoy diciendo que Julia Otero sea independentista, y hay que reconocerle que defendió el Estado de derecho en los años de plomo del procés. De hecho, muchos socialistas lo hicieron. Pero la política es cambiante, la construcción de mayorías sociales también, y ahí tenemos ahora al «Gobierno de coalición progresista», sustentado con partidos tan reaccionarios como ERC, Bildu, Junts o el PNV. Y los antaño golpistas ahora son compañeros de viaje necesarios para parar a la media España a la que definen como de «ultraderecha» o «derecha extrema». De ahí la necesidad continua por parte del socialismo gobernante de premiar a los suyos, para que sigan tragando con carros y carretas cada vez que el amado líder, muy enamorado de su mujer, cambia de opinión.

Una de las prerrogativas de este galardón es que la Generalitat paga la esquela en los diarios tras el fallecimiento del premiado. Todo lo que sea ayudar a la familia de un finado es siempre positivo. Aunque no sé si es un premio o un castigo que te obsequien con un anuncio en La Vanguardia. A según qué fallecido le puede parecer hasta una ofensa, sobre todo si te toca al lado de un artículo de Enric Juliana, el columnista que mejor mezcla ignorancia con arrogancia. Me extraña que más de uno no haya salido de la tumba ante tal horror. Pero lo mejor de la Creu de Sant Jordi es que manda un mensaje muy claro a toda la sociedad catalana: «Este o esta es de los nuestros». Y en tiempos convulsos como los que vivimos, a muchos les reconforta saber que nunca les faltará un hombro en el que apoyarse. Por cierto: mi reconocimiento a una de esas socialistas honradas que no tragan ni con carros ni con carretas: la tristemente fallecida Rosa María Sardà, que, al descubrir el horror que esconde la Creu de Sant Jordi que le concedió Jordi Pujol, la devolvió.