La izquierda, rabiosa contra Casado
Y contra el PP. Ya le están dedicando toda serie de improperios e invectivas al nuevo líder del centro derecha español. Soraya le proporcionaba un sosiego llevadero, un ‘status quo’, pese a algunas apariencias crispadas, siempre gobernaba la resignación de una derecha con eterno complejo de legitimidad de origen como los vinos en tetra brik. Y de pronto ha llegado Casado, fabricado en la Factoría Aznar, y les quiere discutir la lengua, la justicia, la educación, los medios y… ¡hasta el franquismo! Sólo fotografiar el enorme enojo con que los progres de pitiminí se han tragado la victoria del ‘outsider’ popular basta para medir el rechinar de dientes. Casado ha ganado y eso representa, dicen, «el triunfo de la desesperación», el regreso a la casposidad política y la rememoranza del fascismo feroz.
Lo dicen, lo escriben los que sigue sobando el lomo a la momia de Lenin, como los que se encaran puño en alto como la hórrida estatua del golpista Largo Caballero en la Castellana de Madrid. Los hay, divertidos, que proclaman que Casado y el PP redivivo es copia de la operación que condujo a Sánchez primero a Ferraz y después, tras una torticera censura, al Palacio de la Moncloa. Son los mismos que hace poco más de un mes vituperaban al hoy presidente por su volubilidad política y por sus escasas capacidades intelectuales. Ahora se aferran a los huesecillos de Franco que pretenden arrancar del Valle, para desprestigiar cualquier entidad política que no tenga el marchamo indeleble de la izquierda.
Casado ya debe saber lo que le espera. Esta semana tiene aguardando en los chiqueros del Parlamento dos morlacos malencarados: el decretazo de la televisión pública y el techo del gasto. Por lo que se refiere a este último., una constancia: al Gobierno del PSOE y a sus corifeos comunistas y separatistas les importa una higa saquear la bolsa de la economía española. Ellos trabajan para darse el gustazo de emplear diezmos y primicias en proyectos para su galería, ya sean carísimas desaladoras como las que perpetró Cristina Narbona o almacenes nucleares que antes aprobaron y ahora clausuran porque los ecologistas les han puesto mala jeta.
El nuevo líder del centroderecha español sale de la meta con una mochila en sus jóvenes hombros: la de ser acusado de ser una nostálgico de la derecha ‘carcamala’ que quiere asentarse proponiendo familias clásicas pasadas de moda y apostando genéricamente por la vida desde el blastodermo a la gestación plurimesina. Viene sin embargo con nuevas ideas y un proyecto de cercanías para el futuro. Tendrá que demostrar al país que su genoma liberal es mucho más adecuado para la gobernación que el intrusismo socialdemócrata de Sánchez y sus cómplices.
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