Un escándalo con todo por resolver
La exclusiva que les desvela OKDIARIO pone negro sobre blanco muchos interrogantes y una gran certeza: todo está por resolver al respecto de la matanza en Barcelona y Cambrils. Un asunto donde la negligencia fue la gran protagonista, ya que los Mossos contaban con información suficiente como para haberlo evitado. La CIA los había avisado de que los yihadistas preparaban un atentado en La Rambla, también la Policía durante el pasado mes de mayo y, para más inri, el amplio grupo de radicales estaba controlado. Además del trabajo que está realizando el magistrado Fernando Andreu, ahora que el Gobierno tiene el mando de los Mossos a través del Ministerio del Interior puede investigar de manera minuciosa qué pasó realmente en los instantes previos a que Younes Abouyaaqoub asesinara a 15 personas en la Rambla de Barcelona y dejara más de 120 heridos. Especialmente después de que este periódico haya descubierto que un mosso habló durante cuatro minutos con el terrorista a dos horas de que se produjera la matanza.
Algo muy extraño sobrevuela todo este tema. Esa llamada se pudo producir por varios motivos, pero todos ellos nos llevan a pensar en una acción mal ejecutada y peor resuelta que, además, tuvo una conclusión funesta con el segundo peor atentado en la historia de la ciudad tras el de Hipercor de 1987. Bien porque fuera un confidente o bien porque fuera un error de cálculo —pudieron geolocalizar al individuo— ahora resulta perentorio encontrar al policía autonómico que efectuó la llamada o, en su defecto, al jefe que la ordenó. Será la única forma de esclarecer verdaderamente lo sucedido. No obstante, lo que sí es cierto es que la gestión de aquellos días por parte de los entonces hombres de Trapero deja bastante que desear. Un caso que tiene en Alcanar el símbolo de las muchas negligencias e inexactitudes cometidas.
Allí había 100 bombonas con capacidad para reventar el centro de Barcelona. Nadie se extrañó ni pidió los certificados correspondientes para acumular tal cantidad de butano. Allí encontraron también la acetona —500 litros nada más y nada menos— y el ácido sulfúrico para hacer el explosivo denominado como la madre de Satán. Y los perros que habían sido entrenados específicamente para descubrir este tipo de compuestos ni siquiera acudieron a aquel laboratorio del terror. Sólo cuando la furgoneta pasó por encima de decenas de personas, alguien pensó que quizá aquel chalé del demonio tenía algo que ver con el atentado. Demasiado tarde entonces y tardísimo ahora cuando, además, averiguamos que alguien habló con el terrorista desde una oficina de los Mossos sin conocer el modo ni el fin. Ahora que el 155 ha puesto al Ejecutivo al frente de la policía autonómica es preciso que se busquen las respuestas que aún no se han dado. El caso está más abierto que nunca. Si aquella llamada fue una negligencia, nefasto. Si fue intencionada… entonces alguien tendrá que dar muchas explicaciones.
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