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Pura sensatez para poner coto a la inmigración irregular

La decisión del Partido Popular Europeo —PP incluido, por supuesto— de alinearse con los partidos de derecha en materia de inmigración, alejándose de las posiciones defendidas por los centristas y la izquierda, es un ejercicio de pura sensatez que busca poner coto a la inmigración irregular ante el coladero que suponen las normas existentes en diferentes naciones de la UE. Y es que durante demasiado tiempo el PPE mantuvo posiciones próximas a los socialistas, apartándose ahora —ya han tardado— de ese discurso cándido que exhibe una supina pasividad ante la inmigración ilegal. Y no se trata de abrir el grifo de las deportaciones masivas, sino de dotarse de instrumentos eficaces que permitan que quienes delincan sean expulsados. No parece que eso signifique otra cosa que protegerse, porque en realidad lo que ocurre ahora es que sólo uno de cada cuatro inmigrantes con órdenes de expulsión en la UE la abandonan.

Resulta un sarcasmo que la izquierda entienda que protegerse ante los comportamientos delictivos de los inmigrantes suponga «desmantelar garantías fundamentales de los derechos humanos». Eso es una memez, porque las expulsiones no se aplican contra quienes cumplen las normas, sino sobre aquellos que han hecho de su actividad delictiva un medio de vida. Lo que no se entendía es que el Partido Popular Europeo le bailara el agua a la izquierda en una materia donde lo que sobra es demagogia y populismo barato, de modo que sólo cabe celebrar el cambio de postura de los populares europeos. Han tardado, porque en este asunto se han movido durante demasiado tiempo de forma acomplejada y pusilánime. No, la derecha europea no se ha vuelto fascista como acusa la izquierda, sino que simplemente ha decidido no comprarle el relato. Y esa es la mejor de las noticias. Separarse del brazo del socialismo —estando como está el socialismo— es motivo de satisfacción. Y si la izquierda —aquí y en el resto de la UE— ladra, será que la derecha cabalga.