Émulos de Trump
La manifestación podemita contra la investidura de Mariano Rajoy tiene preocupantes connotaciones antidemocráticas. Los populistas, como si fueran los émulos españoles de Donald Trump, desprecian el libre mandato de las urnas y la voluntad mayoritaria de los votantes si los sufragios no respaldan sus ambiciones electorales. De ahí que, ante la responsable abstención del PSOE, estén organizando una concentración junto al Congreso de los Diputados para reventar un acto que, en principio, pondrá España en movimiento tras casi un año de insoportable bloqueo institucional. La jefa de gabinete de Pablo Iglesias, Irene Montero, encabezará una marcha que los organizadores intentan legitimar alegando que actúan contra un “golpe de régimen” y un “gobierno ilegítimo”. Para ello, incluso han utilizado un cartel donde comparan a ambas formaciones con la mafia. Estos discípulos de la Venezuela chavista obvian un pequeño detalle: el Partido Popular ha ganado las dos últimas elecciones generales. La del pasado 26 de junio, además, con 8 millones de votos y 137 escaños.
No obstante, a los radicales les cuesta acatar la verdadera soberanía popular, que es aquella que emana de los procesos democráticos limpios. De ahí que amenacen con hacer de las calles un infierno contra las dos principales fuerzas constitucionales y, por extensión, contra todos aquellos españoles que han optado por quebrar con sus votos una parálisis institucional que hubiera dado al traste con todos los avances de los últimos cuatro años. A tal nivel de osadía llegan ciertas amenazas que el socio de Podemos, Alberto Garzón, ha advertido al propio Felipe VI de que se avecina “un ciclo de movilizaciones al alza”. Al final va a resultar que la nueva política consiste realmente en tratar de ganar mediante el chantaje callejero lo que niegan las urnas. Este intento de asaltar nuestro Congreso recuerda a lo acaecido este lunes en Venezuela, cuando un grupo de chavistas han tomado el Parlamento para impedir una sesión en la que los demócratas discutían sobre cómo juzgar políticamente a Nicolás Maduro. Los españoles no debemos caer en la trampa de estos apóstoles de la agitación bananera. Menos ahora, tan cerca del final de la nada. Tan próximos al principio de todo.
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