Cuerpo a tierra

Cuerpo

Ustedes son muy jóvenes y no se acuerdan, pero hubo una época en la que la prensa progresista patria quiso convencernos de que Yolanda Díaz iba a ser presidenta del Gobierno. Tiempos chulísimos, que diría ella. El juguetito de la izquierda nació, como todos, en respuesta a un problemón enorme, de nombre Pablo y apellido Iglesias que amenazaba con perturbar la paz del convento del yerno del proxeneta Sabiniano, que por aquella época daba lecciones de feminismo mientras la prostituta Jessica cobraba de la empresa pública que gestionaba los trenes de Adamuz. Si España no existiera habría que inventarla.

Esos gurús que esgrimían toda una serie de datos elaborados en hojas de cálculo y encuestas de opinión, argumentaban que sería la primera mujer presidenta del Gobierno porque en el CIS los jóvenes la valoraban extraordinariamente bien. Es una pena que cuando, años después, por lo que sea, los chavales prefirieron a la derecha cuanto más extrema mejor su opinión ya no parecía que fuera tan importante como entonces para extraer conclusiones. Otro día hablamos de la correlación, y causalidad, que existe entre que los jóvenes sean más fachas que nunca y la creación por parte del marido de la tetraprocesada Begoña Gómez del primer Ministerio de Juventud de la Historia de España. Un lince, el chico.

Pero no cambiemos de tema. Los gurús y Yolanda. Extensos y genuflexos editoriales de El País, La Ser y, cómo no, tantos y tantos medios de la mal llamada derecha alabando el perfil de La Fashionaria, que diría Federico Jiménez Losantos. La comparaban con Jacinda Ardern, la entonces primera ministra de Nueva Zelanda (me apasiona que no se les ocurriera ningún ejemplo intermedio entre una política pseudo emergente en España y la líder de un país diminuto en las literales antípodas del nuestro), y argumentaban que iba a darle la vuelta al tablero de un Gobierno achicharrado por la corrupción moral, que aún no sabíamos que era económica también, que abochornaba a España por amnistiar a sediciosos delincuentes y agasajar a etarras sin arrepentir.

Lo que pasó después es Historia: las teorías de los periodistas con alma de gurú frustrado resultaron ser contundentes como siempre y erróneas como nunca. No hace falta que desarrollemos mucho más el fracaso de la Vicepresidenta besucona, que tiene suerte de ser mujer porque con semejante grado de cursilería y tocamientos si fuera hombre habría dormido en el calabozo unas tres jornadas por semana, y por supuesto nadie asumió las consecuencias de haber elevado a mujer de Estado a una señora que pasará a la Historia por el mejor restyling de la democracia. Irreconocible pasando del pañuelo palestino de su etapa de concejal al vestido de Ralph Lauren de Ministra. Qué cosas.

Pues esta vergonzosa operación no ha sido suficiente para los buscadores de genios, y lejos de arrepentirse, entregar las armas y pedir perdón a las víctimas que tuvimos la desgracia de leerles, los neo-gurús han elegido al nuevo elegido, valga la redundancia. Ahora el guay es Carlos Cuerpo, que por si no lo sabían habla japonés, como la santa esposa del procesado David Sánchez, hermano de Pedro Sánchez. Largos reportajes estomagantes sobre lo listo que es el chico, que se ha quitado las gafas y, quien sabe, quizá en unos meses también sea un referente de estilo además del yerno ideal. En realidad el personaje ha conseguido ascender a base de repetir en todas las redacciones de España que él de la tetraprocesada, del hermano enchufado, del fiscal condenado, de las putas en empresas públicas, del presidiario Cerdán y de los presos por presupuestos él no habla, que eso es para personas poco refinadas como Bolaños y Puente y él ha venido aquí a hablar de su libro económico entonando la voz muy bajita y a ritmo de enternecedor caracol. Es decir, un listo: que se quemen los demás hablando del PSOE que yo asciendo avergonzándome de él. Vivan los gurús que detectan talento.

Pues había cierta preocupación en ciertos sectores del PP sobre cómo iban a hacerle frente al supuesto miura. Hay personas en la derecha que tienen la extraordinaria habilidad de encontrar un problema para cada solución, como si hiciera falta darle emoción a echar al felón. Ríos de tinta sobre si la oposición iba a tener que cambiar su estrategia para hacerle frente al nuevo elegido, porque al parecer en su mente si hablas japonés ya no eres vicepresidente del Gobierno que le da a las mujeres maltratadas pulseras de AliExpress.

Pues esta semana ha llegado el día de la primera batalla PP – Cuerpo. ¿Y saben que ha pasado? Que el listo nuevo vicepresidente, con sus másteres en el extranjero, su tesis doctoral más breve que este artículo, sus idiomas y su tono de voz exiguo; ha salido trasquilado del Congreso cuando se ha enfrentado a Ester Muñoz en su primer combate. Para sorpresa de nadie que haya visto más de un segundo hablar a la portavoz del PP y para sorpresa mayúscula de los que creían que el samurai Cuerpo la iba a humillar. A ella, que consiguió paralizar el nombramiento de la Comisión Europea después de una intervención apoteósica contra Teresa Ribera por su criminal gestión de la Dana. A ella, a la que Juanma Moreno le debe en grandísima medida llevarse a una candidata derrotada moralmente después de los paseos militares en las sesiones de control. A ella, que pone en pie contra el ELA y contra la corrupción.

Entiendo el ejercicio de genuflexión de la izquierda con su nuevo tonto útil, porque con algo hay que consolarse mientras por el Supremo desfila la financiación irregular que les va a disolver como partido. Pero que la derecha compre el mito de Cuerpo, teniendo en sus filas a gente capaz de destruirlo, es del género tontísimo a la par que desesperante. Vamos, lo de siempre. Cuerpo a tierra, que piensan los nuestros.

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