Cuando Feijóo abrazó a Trancas y Barrancas
Por fin, el pasado miércoles, durante la sesión de control parlamentario al Gobierno, Alberto Núñez Feijóo le clavó banderillas negras a Pedro Sánchez. Y lo hizo de forma clara, manifiesta y descriptible. Es un dato relevante dentro del contexto político que nos circunda.
Por la noche, aceptó la invitación de Pablo Motos, donde el más que previsible próximo jefe de gobierno aclaró asuntos que hace tiempo debería haber despejado, fundamentalmente, porque es de una lógica democrática aplastante. Esto es, decir que aceptará el mandato de las urnas en relación con Vox. Eso es lo democrático, escuchar, oír y obedecer el mandato que ordenan los ciudadanos a través de las urnas.
Desde el punto de vista de este columnista, a partir de esa declaración manifiesta y grabada en el espacio televisivo más visto por los españoles, ya no hay debate interesado respecto a la legitimidad política respecto a un acuerdo para gobernar España con el partido más a la derecha. Tampoco hacía falta porque en tres comunidades autónomas del PP se está en el poder gracias a la aquiescencia de la formación de Santiago Abascal.
De modo y manera que la constante soflama de la izquierda, incidiendo perniciosamente en ese acuerdo PP/Vox se desinfla como un mal suflé. Porque, en el caso de producirse tras las próximas elecciones generales, se verá por la población en su gran mayoría como la natural obediencia a los electores.
Hubo, igualmente, otro asunto preocupante al que hizo referencia el presidente popular. La famosa y nocturna Ley de Nietos. Son ya muchos los que creen que el Gobierno anda manoseando este y otros corolarios que tienen que ver con los «nuevos nacionalizados» que, de una forma u otra, tendrán su ocasión de optar en las próximas elecciones. El PP debería prestar, quizás, más atención a este asunto.
Fundamentalmente, por las energías que el PSOE y la izquierda en general están invirtiendo en el reemplazo del censo. Ojo porque, en efecto, si unos señores fueron capaces de dar pucherazo en sus elecciones internas (y otras) no resulta exagerado pensar que ante una situación de vida o muerte política para ellos vayan a desechar cualquier posibilidad.
Tendrían que explicar el ministro Torres (canario) y el presidente de Asturias a qué se debe tanto viaje a países de Hispanoamérica, cuánto han costado esos viajes al contribuyente y, finalmente, qué han hecho por aquellos lares.
Las sospechas están más que justificadas.
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