Crítica sin spoilers

‘Spider-Man: Brand New Day’ se balancea sin riesgo: un superhéroe atrapado en su zona de confort

'Spider-Man: Brand New Day' (Sony Pictures/Marvel).

Después de firmar una trilogía que casi alcanza los 4.000 millones de dólares en la taquilla, el nuevo capítulo cinematográfico del Hombre Araña prometía un cambio sustancial para el personaje. El fin del adolescente y el inicio del adulto. Un coming of age arácnido en el que íbamos a presenciar una transición emocional, cercana a esa herencia tan vinculada sentimentalmente a la etapa primigenia de Tobey Maguire. La transformación existe y, de hecho, es tan mental como física. Sin embargo, en dicha metamorfosis, la apuesta fílmica de Destin Cretton no ha corrido ningún tipo de riesgo. Spider-Man: Brand New Day se balancea por la mitología del superhéroe con el vértigo de esas franquicias que no pueden permitirse el lujo de evitar las zonas comunes, arrastrado por los tópicos de un género que se sostiene –en términos de puro marketing– por su valor de marca y las apariciones constantes de cameos diseñados para estimular a la generación dopamina.

«Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie», se puede leer en ‘El gatopardo’ de Tomasi di Lampedusa. La frase, pronunciada por el rol de Tancredi Falconeri, habla de la capacidad de adaptarse para sobrevivir sin perder el liderazgo social y político. Una idea que está en las antípodas de la mentalidad heroica de Peter Parker, pero que responde con precisión a la confección de un UCM (Universo Cinematográfico de Marvel) que es, paradójicamente, cada vez más limitante con su catálogo de propiedades intelectuales. La promesa e ilusión de una evolución en la historia está ahí, aunque al final resulta ser un reclamo narrativo un tanto inocuo. El cuarto largometraje de Tom Holland es en realidad la epítome de todas las bondades y hándicaps que, hasta el día de hoy, nos ha mostrado el personaje de Stan Lee y Steve Ditko en el cine.

‘Spider-Man: Brand New Day’: Cretton se enmaraña en su propia telaraña

‘Spider-Man: Brand New Day’ (Sony Pictures/Marvel).

Siendo el sustituto del gran trabajo de Jon Watts, el cambio en la silla de director estaba destinado a ofrecer un salto cualitativo en las secuencias de acción y las coreografías de los combates. Cretton venía de ser el responsable de Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos (2021), un filme irregular que había destacado por algunas escenas de acción. Desgraciadamente, en Spider-Man: Brand New Day los enfrentamientos del héroe carecen de tensión e incluso, a ratos, parece un título huérfano de cualquier tipo de sentido del espectáculo.

La transformación física, el amor no correspondido, el arraigo a la Gran Manzana, la dualidad identitaria del superhéroe, el sacrificio… el «nuevo día» de Peter Parker es más bien, el día de la marmota para cualquiera que tenga un mínimo conocimiento de la esencia de la tradición popular del trepamuros. Esos arquetipos no son malos per se, pero en esta ocasión el guion de Chris McKenna, Erik Sommers y Justin Kuritzkes se pierde intentando abarcar demasiados conceptos y relaciones entre personajes, prolongando en exceso la trama y sobrecargando un final a todas luces anticlimático.

Cretton no sabe reconducir este error de base ni despertar la emoción ni el espíritu denodado de Spider-Man, perdiendo por el camino el pulso dramático de la historia.

Sigue siendo un blockbuster de calidad

A pesar de sus problemas evidentes y del declive creativo que arrastra el reinicio desde la estimulante Spider-Man: Homecoming (2017), Brand New Day sigue funcionando como un entretenimiento de calidad para los fans acérrimos.

‘Spider-Man: Brand New Day’ (Sony Pictures/Marvel).

Marvel y Sony Pictures vuelven a escenificar la ejecución formal de una ficción en piloto automático, viviendo del legado cultural de un icono pop imperecedero que apela directamente a la cotidianeidad del espectador medio. Ese que paga la entrada que terminará convirtiendo a Spider-Man: Brand New Day en el gran taquillazo del 2026.