Opinión

Cataluña: la región donde menos toros se matan y más personas se sacrifican

Cataluña es la región de España donde más eutanasias se practican. En 2024 (según los últimos datos actualizados), de las 426 personas que la sufrieron, 142 se practicaron en esta comunidad autónoma. Más del doble que en la segunda, Madrid (62). Con una población similar.

En Cataluña, no se matan toros desde 2010. No están prohibidas las corridas de toros, porque el Tribunal Constitucional anuló la ley autonómica en 2016; pero, a efectos prácticos, la camorra política sí lo hizo.  En la región taurina del mundo donde menos toros se matan (ninguno), es donde más humanos se sacrifican.

Matar toros es considerado por Junts, ERC, Comunes y CUP, así como la mayoría del Partido Socialista de Cataluña (PSC), un crimen, un asesinato.  Barbarie española.

Para ellos, el progreso es la eutanasia, siguiendo la estela marcada en Europa por Países Bajos (el primer país del mundo en aprobar la eutanasia activa, en 2022), Bélgica (el segundo país, un mes después) y Luxemburgo (el tercero). España es la primera nación con tradición católica en aprobarla.

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Este jueves pasado, con aún el cuerpo de Noelia caliente, PSC, Junts, ERC, Comunes y CUP anunciaron que legislarán para acelerar los plazos de la solicitud de la eutanasia y limitar las posibilidades de apelación. El objetivo es evitar que, en el futuro, el amor de un padre (luctus filii) pueda impedir el suicidio asistido a su hijo y violentar la voluntad del solicitante.

No sé si por casualidad, pero Países Bajos, el faro eutanásico, es así mismo el foco irradiador del activismo antitaurino en el mundo. Aquí está radicada la CAS International, el mayor lobby que subvenciona a partidos como el PACMA. Es el que organiza las performances en la plaza de San Pedro del Vaticano para suplicar al Papa León XIV que condene la tauromaquia.

Son los que desnudos utilizan como escenario planetario la plaza del Ayuntamiento de Pamplona, para denunciar que las corridas de toros son un espectáculo sangriento que hay que abolir también en Colombia, Venezuela, Ecuador, México…

A día de hoy, en la mayor parte del globo urbano, por defender la muerte de un toro, mereces el escarnio público. Y entonces, por celebrar la muerte de un hombre, ¿qué mereces? ¿En qué ser te conviertes?

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En España hemos pasado del Tribunal de la Santa Inquisición donde «se quemaban brujas, judíos y premios Nobel» (según dicen), al todopoderoso Tribunal Clínico. Un club anónimo de expertos decide el grado de enfermedad clínica apto para vivir o morir. ¿Quiénes son los 32 especialistas que redactaron 13 informes a Noelia?

¿Quién es el médico que redactó el informe favorable para practicar la eutanasia a una joven de 25 años, que podía razonar, pintarse y depilarse para recibir su suicidio asistido en un hospital? ¿Quién fue el consultor? ¿Quiénes conformaron la Comisión de Garantías y Evaluación (CGyE)? Yo quiero saber, exijo saber, quiénes son aquellas personas de las que nadie habla.

Para que te eutanasien en España, requieres pasar estos tres informes y que sean favorables. ¿Quiénes son los que, gracias a sus conocimientos, experiencia y profesionalidad, afirman que «los filtros son garantistas» y los «procesos están bien diseñados»?

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La vida en España está siendo un problema para los jóvenes. Cataluña es la comunidad española donde más eutanasias y abortos se practican, siendo Barcelona la ciudad con mayor incidencia en adolescentes en esto último. ¿Noelia es la primera o la última? ¿Es el cimiento de una nueva civilización o el basamento colapsado todavía de la nuestra?

¿Qué mensaje se está lanzando desde nuestras instituciones a la sociedad que las sustenta? Por el sacrificio de una perra que pudo infectar de ébola a toda España, Excálibur, la izquierda que Sánchez representa, convocó manifestaciones. Tras el suicidio del etarra Igor González, en la cárcel de Martutene, Sánchez lamentó públicamente su final.

En el caso de Noelia, nuestro presidente del Gobierno convocó a los medios de comunicación a la misma hora en la que a la joven le estaban administrando el veneno para anunciar la reconfiguración de su Ejecutivo. Ni una palabra. Ni un lamento, teniendo en cuenta que desde el presidente del Salvador Nayib Bukele o el senador republicano Ted Cruz, se han pronunciado sobre ello.

¿Pero esto qué es? ¿La nueva normalidad que anunció en 2020, cuando un comité de expertos inexistente decretó que estaba prohibido velar a nuestros muertos y celebrar funerales?

La dignidad de España está lapidada en un libro que constituye sin sentido nuestro Estado de Derecho. Puesta al resguardo, en las garras de Cerbero, el perro con rabia de tres cabezas que custodia la entrada al infierno, que se ha convertido el Congreso de los Diputados. El Estado, las leyes y los tribunales están secuestrados por esa bestia trifronte que ladra, muerde y sacude sus pulgas contra nosotros. Noelia tenía 25 años. El joven agricultor David Lafoz tenía 27 años.

La muerte por depresión no es un derecho constitucional, por mucho maquillaje que pongamos a las palabras con las que nos refiramos a ella. Hay una línea fina, un cordón umbilical evidente, que une el aborto, el suicidio y la eutanasia. 

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Pienso en Noelia y David Lafoz, y no puedo dejar de compararlos con los muchachos jóvenes que miran de frente a la muerte en tantos tentaderos de España, en tantas plazas de nuestra península, en la profundidad del campo, donde no llegan los ecos mortuorios de un sistema fallido ausente de moral y de Dios. 

Ellos tienen de ejemplo al torero Joselito, El Gallo. Murió joven, sí, tan joven como Noelia y Lafoz, tenía 25 años cuando lo mató Bailaor. Pero nada en su muerte se parece a ellos. A él le sorprendió la muerte viviendo. Toreando la vida. Una actitud que es censurada por los mismos que defienden la eutanasia. Pregúntense por qué.

Aquí el problema no es la muerte en sí misma, sino cómo nos enfrentamos a ella como sociedad. Porque la muerte es la piedra basamental de cualquier civilización. Y la meditación sobre ella es lo que nos distingue de ser hombres o animales.

¿No se dan cuenta? Los mismos que quieren destruir nuestra nación, son los mismos que están transformando nuestra manera de vivir la muerte, de mirarla, de sentirla, de llorarla, de superarla, de resistirla.

Joselito el Gallo murió por asta de toro en Talavera de la Reina, en primavera también. Sin embargo, para los taurinos no es una víctima del sistema. Es una de las pruebas evidentes de que vivir, hasta el último momento de la vida, siempre merece la pena.

Sus exequias se convirtieron en una prioridad nacional. España entera se sumió en un luto que sigue recordándose, en cada aniversario de su muerte, tocando su pasadoble en el paseillo del 16 de mayo en San Isidro en Las Ventas. Y que la Fundación Toro de Lidia logró que fuera el Día Internacional de la Tauromaquia. Hacer de la muerte algo bello y no el cubo de la basura de nuestras inmundicias ni de nuestros horrores. Porque la muerte es inevitable, como lo debe ser también la vida.

¿Dónde está el luto popular por Noelia? ¿Vamos a dejar que nuestros hermanos, nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros amigos, piensen que la elección del suicidio es una posibilidad cualquiera? «Por menos, Cristo bajó a la tierra», me dijo a quien pregunté tras la tragedia. Y se hizo un hondo silencio en el albor del último viernes de Cuaresma.