Carta a Pep Guardiola
Estimado Pep:
Eres una figura de relieve público porque en el terreno deportivo has sido durante un largo tiempo un profesional querido y admirado. Por tu inteligencia germánica sobre el campo y aún en los banquillos, por tu forma racional y matemática —casi ajedrecista— de revolucionar el concepto del fútbol moderno para alcanzar el éxito de forma incontestable y sostenida. Precisamente por eso somos millones de españoles los que sentimos un frontal rechazo y un hondo desdén cuando acusas a nuestra nación —o sea a la tuya, a la única— de ser un “Estado autoritario”. Y cuando lo haces desde el oportunismo, el ventajismo, el victimismo, la sinrazón y la hipocresía. Pero sobre todo, desde premisas enteramente falsas, sectarias, pueriles, hirientes y primarias.
Te explicaré por qué nos ofendes, Pep:
Primero. Porque no entendemos que te revuelvas contra ese “demonio” que ha garantizado tu sanidad, tu educación, tu justicia y todos aquellos elementos básicos y solidarios que te han permitido desarrollarte como persona, a ti y a tu familia.
Segundo. Porque no entendemos que vuelques tus insidias contra ese “monstruo” que, mes tras mes y con el esfuerzo de compatriotas que no piensan como tú y son bastante más respetuosos, transfieren a Cataluña miles de millones de euros para que los profesores, los agentes de seguridad, los médicos o los jueces puedan percibir su nómina, incluso si se trata de asilvestrados funcionarios separatistas, que también los hay.
Tercero. Porque no entendemos que agredas verbalmente a ese “ente opresor” que a través de un mecanismo denominado Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) pone religiosamente una morterada de dinero para que los tarzanes del independentismo —en ejercicios impunes y reiterados de prevaricación y malversación— se lo funda en chiringuitos soberanistas bajo el pretexto de hacer avanzar la “democracia”, la “participación ciudadana” o el prostituido “derecho de autodeterminación”, que significa en estas condiciones una burla a los pueblos que sí han sufrido la verdadera colonización y la repudiable opresión. No son, Pep, más que simples paparruchas traducidas al lenguaje orwelliano.
Cuarto. Porque no entendemos que embistas de manera tan desproporcionada contra ese “ogro” que impide vuestro avance como apócrifo país, más aún cuando son tus padrinos separatistas los que perpetran delitos de desobediencia o sedición y otros los que cooperan, colaboran, instigan o intentan justificar y encubrir patéticamente vuestras ilegales actuaciones.
Quinto. Porque no entendemos el doble rasero de quien ataca desde las vísceras nuestro sistema de libertades y garantías cuando, en paralelo, ha apoyado a regímenes como el de Qatar, donde tics radicalmente autoritarios y repugnantes provocan que en los estadios en los que jugabas cobrando un pastizal las mujeres tuviesen prohibida la entrada. Hay muchos españoles, Pep, que de forma airada te han acusado en las últimas horas de ser un idiota. Yo en cambio pienso que, aún en tus manifestaciones impertinentes, inicuas y zafias, eres una ordinaria víctima enlodazada y ahogada en las burdas mentiras del separatismo catalán. Que con tu pan te las comas.
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