Cambio climático: la exposición reiterada a las olas de calor incrementa nuestra edad biológica
Dos años de exposición a olas de calor pueden sumar hasta once días a nuestra edad biológica
Las personas mayores son especialmente vulnerables frente a las altas temperaturas
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Cuando llega una ola de calor como la que hemos sufrido recientemente, las autoridades sanitarias insisten siempre en las mismas recomendaciones: beber agua con frecuencia, evitar la exposición al sol y la actividad física durante las horas centrales del día y permanecer en lugares frescos o climatizados.
Estas medidas buscan prevenir los peores efectos del calor extremo sobre la salud, como la deshidratación, el agotamiento, los golpes de calor o el agravamiento de enfermedades cardiovasculares, respiratorias y renales. Las altas temperaturas también pueden alterar el sueño, afectar a la salud mental y aumentar el riesgo de hospitalización y mortalidad prematura.
Un grupo especialmente vulnerable es el de las personas mayores de 65 años. Y es que, con la edad, el organismo pierde parte de su capacidad para regular la temperatura corporal y disminuye la sensación de sed. Además, la habitual presencia de enfermedades crónicas y el consiguiente consumo de medicamentos en esta etapa pueden dificultar la respuesta del cuerpo ante el calor extremo.
Calor y envejecimiento
Pero las altas temperaturas no sólo resultan más dañinas para nuestros mayores, sino que también contribuyen a acelerar nuestro propio envejecimiento. Así lo señala un estudio publicado en Nature Climate Change, que indica que la exposición reiterada a las olas de calor es capaz de incrementar nuestra edad biológica.
Los autores de este trabajo, liderado por la Universidad de Hong Kong, definieron la aceleración del envejecimiento como la diferencia entre la edad biológica —estimación del desgaste real del organismo a partir de distintos indicadores de salud y funcionamiento corporal— y la edad cronológica —el tiempo transcurrido desde el nacimiento— y evaluaron su relación con la exposición a las olas de calor.
Para ello, analizaron los datos médicos de cerca de 25.000 personas adultas de Taiwán, que aportaron más de 33.700 exámenes de salud realizados entre los años 2008 y 2022. La edad biológica de los participantes se sitúo en 46,35 años de media.
Envejecimiento acelerado
Los resultados mostraron que la exposición acumulada a las olas de calor durante un periodo de dos años se asocia con una aceleración del envejecimiento biológico equivalente a entre ocho y once días adicionales.
Aunque pueda parecer una cifra modesta, los investigadores destacan que su impacto es comparable al de otros factores de riesgo bien conocidos, como el tabaquismo o el consumo habitual de alcohol.
Los autores advierten además de que las consecuencias del calor extremo se acumulan con el tiempo. Aunque el estudio analizó ventanas de exposición de dos años, los científicos recuerdan que las olas de calor llevan produciéndose durante décadas, y además tienden a ser cada vez más frecuentes, intensas y duraderas como consecuencia del cambio climático.
Grupos más vulnerables
Otro hallazgo reveló que, si bien los participantes parecieron desarrollar una mayor capacidad de adaptación a las olas de calor durante el período de 15 años, los efectos nocivos para la salud no desaparecieron.
También fueron identificados una serie de grupos más vulnerables, como los trabajadores manuales, los residentes rurales y las personas de comunidades con menos unidades de aire acondicionado, que resultaron más susceptibles a los efectos de las olas de calor en el envejecimiento.
El paper también recomienda la puesta en marcha de políticas que reduzcan las desigualdades ambientales y mejoren la resiliencia ante las olas de calor, especialmente entre los grupos vulnerables, orientando la protección hacia áreas específicas y la asignación eficiente de recursos sanitarios.
Hábitos saludables
La conclusión que deja el estudio resulta evidente: las olas de calor afectan gravemente a nuestra salud. Pero, ¿qué podemos hacer para reducir este impacto?
Más allá de las recomendaciones básicas que siempre se citan cuando comienza un episodio extremo, los expertos recuerdan que mantener hábitos saludables a lo largo del tiempo puede ayudar a reducir la vulnerabilidad del organismo frente al estrés térmico.
Seguir una alimentación equilibrada, realizar actividad física adaptada a la edad y al momento del día, descansar adecuadamente y mantener un buen control de enfermedades crónicas como la hipertensión, la diabetes o las patologías cardiovasculares son prácticas que contribuyen a mejorar la capacidad del cuerpo para responder al calor extremo.
Entorno social
En el caso de las personas mayores, el entorno social también desempeña un papel fundamental. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda reforzar las redes de apoyo vecinal y familiar durante los episodios de altas temperaturas, especialmente entre quienes viven solos o presentan problemas de movilidad.
Una llamada telefónica, una visita o la comprobación de que la vivienda mantiene una temperatura adecuada pueden ser medidas sencillas con un gran impacto. Como señala el Ministerio de Sanidad: «la marginación, el aislamiento, la dependencia, la discapacidad, las condiciones de habitabilidad de las personas con menos recursos añaden factores de riesgo que hacen aún más vulnerables a estos colectivos».
Asimismo, cada vez más expertos en salud pública y adaptación climática insisten en la necesidad de impulsar ciudades y viviendas mejor adaptadas frente al calor, con más zonas verdes, espacios de sombra y acceso a refugios climáticos.
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