¿Caza o diversión?

Lo nunca visto: graban orcas embistiendo al pez más pesado del mundo hasta reventarlo en miles de pedazos

Los científicos creen que trocean así a la presa para alimentar a las crías o simplemente por diversión

El estudio documenta dos episodios en el golfo de California en los que dos orcas actúan en pareja

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  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Un pez de más de dos metros reventado en miles de fragmentos que quedan flotando en el agua. Es la escena que un equipo de biólogos marinos ha grabado en dos ocasiones en el golfo de California, en México, y que describe un comportamiento de caza de las orcas (Orcinus orca) nunca antes documentado por la ciencia.

El hallazgo se publica en la revista Frontiers in Ethology y detalla una maniobra coordinada entre dos ejemplares adultos: mientras una orca sujeta con la boca el cuerpo de un pez luna (Masturus lanceolatus), otra acelera y lo embiste a gran velocidad hasta desintegrarlo por completo.

Sujetan a la presa y la embisten

El primer episodio se registró el 29 de julio de 2024 al mediodía, en un monte submarino frente a la costa de San José del Cabo, en Baja California Sur. Un grupo formado por tres hembras adultas, un macho y un juvenil acababa de cazar una mantarraya cuando apareció el cadáver de un pez luna de cola puntiaguda.

Una hembra adulta agarró al pez por la aleta caudal, un punto de sujeción especialmente firme en esta especie. El macho se aproximó a toda velocidad con el vientre hacia arriba y, justo antes del impacto, la hembra soltó a la presa. El golpe produjo un sonido audible bajo el agua.

El tejido del pez luna se rompió en miles de partículas que se dispersaron por la columna de agua. El juvenil del grupo, de entre la mitad y tres cuartas partes del tamaño de la hembra adulta, se lanzó entonces a comer esos fragmentos, mientras los adultos se alimentaban del cuerpo principal.

Una maniobra ya observada

El segundo episodio ocurrió el 7 de septiembre de 2025, en el canal de la isla Cerralvo. Tres hembras adultas y una cría repitieron exactamente la misma secuencia de sujeción, embestida y fragmentación. El vídeo fue grabado por Héctor Franz y cedido al equipo científico.

Las orcas figuran entre los depredadores más versátiles del océano, con una dieta que supera las 200 especies. En el golfo de California ya se les había visto acorralar mantarrayas, arrancar el hígado a tiburones blancos e incluso abatir al tiburón ballena, el pez más grande del planeta.

Los peces luna, en cambio, son los peces óseos más grandes del planeta. Pueden superar los tres metros de longitud y alcanzar los 2.000 kilos de peso, y se desplazan por un amplio rango de profundidades, aunque suben a la superficie para descansar, regular su temperatura o quitarse parásitos.

Estrategia de alimentación de las orcas consistente en embestir para fragmentar al pez luna de cola afilada (Masturus lanceolatus). (A) Una hembra adulta nada con un mólido en la boca. (B) La hembra suelta al mólido mientras un macho adulto lo golpea con fuerza. (C) El mólido se fragmenta parcialmente. (D) Una orca juvenil entra en el encuadre. (E) La orca juvenil nada hacia los fragmentos. (F) La orca juvenil comienza a consumir los fragmentos del mólido. (Imágenes: Kathryn Ayres).

Un gigante vulnerable

Ese hábito de permanecer cerca de la superficie es precisamente lo que los vuelve vulnerables. En el golfo de California son una de las presas más frecuentes de las orcas, hasta el punto de que un trabajo reciente contabilizó 21 episodios de depredación con 17 ejemplares fotoidentificados.

Ninguno de los dos peces luna estaba vivo cuando recibió la embestida: ambos habían sido cazados antes y tenían las vísceras extraídas. Los autores concluyen por eso que el golpe no busca matar, sino procesar el cuerpo una vez abatido.

La hipótesis principal apunta a una forma de inversión parental. Al reventar el cadáver, los adultos reducen la presa a porciones mucho más manejables para los ejemplares jóvenes, que no tienen aún la fuerza ni la técnica necesarias para arrancar tejido de un animal de ese tamaño.

¿Comida o un simple juego?

«Documentamos cómo una orca sujeta al pez luna y lo suelta justo antes de que otra lo golpee a gran velocidad, provocando que el tejido se rompa en miles de piezas», explica Kathryn Ayres, primera firmante del estudio e investigadora de la organización Beneath The Waves.

«Creemos que esto puede ayudar a las orcas más jóvenes a alimentarse con mayor facilidad, o podría ser simplemente por diversión», añade la científica. «Las orcas son conocidas por jugar con su comida». El equipo no descarta que la maniobra cumpla además una función social o de aprendizaje.

Hay otro efecto menos evidente. Los peces luna están recubiertos por una gruesa capa gelatinosa de colágeno, llamada cápsula, compuesta en casi un 90% por agua y habitada por comunidades microbianas propias. Al fragmentarse, esos microorganismos se dispersan y alteran la composición de nutrientes del entorno.

Orcas. (Foto: NOAA).

Beneficios nutricionales

Ese contacto entre el microbioma de la presa y el del depredador podría aportar beneficios nutricionales o de regulación inmunitaria, según plantea el equipo. La fragmentación tan extrema sólo se ha observado en el pez luna de cola puntiaguda, lo que apunta a una respuesta estructural propia de esta especie.

Los investigadores no han podido determinar si las orcas implicadas en ambos episodios eran las mismas, porque no se tomaron imágenes de calidad de las aletas dorsales ni de las manchas oculares. Reclaman por ello más material fotográfico para identificar individuos y grupos concretos.

«Recoger buenas fotografías de identificación siempre que sea posible es clave: seguimos descubriendo nuevas técnicas sobre cómo las orcas cazan y procesan a sus presas», concluye Ayres. «Son uno de los depredadores marinos más icónicos del mundo y, aun así, no dejan de sorprendernos».