Alimentos ecológicos

Líderes europeos: España duplica en 10 años su producción de alimentos ecológicos

España cuenta con más de tres millones de hectáreas dedicadas a la agricultura ecológica

El tejido empresarial ecológico ha crecido en los últimos cino años un 25%

Los cinco pasos imprescindibles a tener en cuenta a la hora de comprar alimentos ecológicos

En tan sólo una década, España ha doblado la producción de alimentos ecológicos, situándose además como el principal productor de toda Europa, con más de tres millones de hectáreas de superficie agraria útil (SAU), según los datos del informe Datos de producción y consumo ecológico en España de Ecovalia, la asociación profesional del sector en nuestro país.

Las comunidades autónomas de Andalucía y Murcia son las que más apuestan por la producción bio, con más de un 30% de su SAU dedicada a la misma. Les siguen a continuación Cataluña y Baleares, ambas con un 23%. En un tercer bloque se sitúan Navarra, Castilla-La Mancha y Comunidad Valenciana, con entre el 12% y el 13% de su SAU en ecológico.

Por otro lado, los principales cultivos ecológicos españoles continúan siendo los frutos secos (30%), el olivar (10%) y los cereales (5%), todos ellos representativos de la zona agroclimática mediterránea. El cultivo de hortalizas (13%), y de fresas y frutales (4%) se mantiene constante.

Sin pesticidas

La principal característica de los alimentos ecológicos, también denominados orgánicos o bio, es que proceden de una agricultura que prescinde de pesticidas y otros compuestos de síntesis química, apostando por los métodos y ciclos naturales. En el caso de la ganadería, se restringe al máximo el uso de antibióticos, priorizando el bienestar animal.

Esta manera de producir «ya no es una alternativa experimental; es una realidad consolidada que aporta beneficios tangibles a la sociedad», asegura Álvaro Barrera, presidente de Ecovalia. Actualmente, el sector da empleo directo a más 122.000 personas, y la previsión es que la cifra se siga incrementando en el futuro.

De hecho, según Ecovalia, el tejido empresarial ecológico ha crecido en los últimos cinco años un 25%. Además, «casi un 40% de los jóvenes agricultores trabaja bajo estándares de calidad, de los cuales uno de cada dos lo hacen bajo el sello ecológico europeo. Este porcentaje es aún mayor en el caso de las mujeres jóvenes, superando el 53% frente al 47,6% de los hombres jóvenes», señala Evelyne Alcázar, coordinadora de Ecovalia.

La Eurohoja, el sello ecológico europeo.

Exportación y consumo interno

El principal punto débil del sector ecológico español es la debilidad del consumo interno, una carencia histórica que ha llevado a orientar casi toda su producción hacia la exportación.

A nivel macro, el mercado español alcanza ya los 3.250 millones de euros, mientras que el consumo per cápita es de 66 euros al año. Son cifras todavía modestas, aunque la evolución es positiva: hace una década, este consumo per cápita apenas llegaba a 36 euros por habitante al año, según el Ministerio de Agricultura.

PAC

En estos momentos, la Unión Europea se encuentra en plena negociación del reparto de fondos de la Política Agraria Común (PAC) para el periodo 2028-2034. En Ecovalia son conscientes de que lo que se decida ahora será fundamental para el futuro inmediato del sector.

«Para cubrir con éxito las necesidades reales de las explotaciones del país, es necesario establecer una referencia mínima del 3% de la dotación presupuestaria agraria destinada específicamente a producción ecológica, como garantía básica para evitar retrocesos en superficie, operadores e inversiones. España requiere de una dotación neta e innegociable de 1.000 millones de euros», exigen desde dicha entidad.

Sede de la Comisión Europea en Bruselas.

Reducción de la ayuda

La asociación profesional recuerda que el Plan Estratégico de la PAC en España 2023-27, dotado con un presupuesto de 838 millones de euros, supuso una reducción del 11% de ayuda en relación con el período anterior.

Esta rebaja causó, en 2024, «una pérdida de 47.000 hectáreas en producción ecológica y 1.800 operadores causaron baja en la producción ecológica, especialmente en cultivos de menor valor añadido, pero que suponen una gestión ambiental de gran valor para vastas áreas de superficie agrícola de nuestro país», lamentan en Ecovalia.

Un nuevo retroceso «significaría un detrimento de la sostenibilidad y soberanía alimentaria en nuestro país», remarca la misma fuente.

Resiliencia

Otro argumento a favor de la agricultura ecológica es su resiliencia en momentos críticos. «Ya ocurrió en 2020, en plena pandemia, y en 2022, tras el estallido de la guerra en Ucrania».

«Ahora, ante una nueva escalada geopolítica con impacto directo en los mercados energéticos, el modelo ecológico vuelve a mostrar su resiliencia», insisten desde Ecovalia, en clara referencia a la crisis provocada por el cierre del Estrecho de Ormuz.

Para la asociación profesional, esto se debe a que la producción ecológica no depende únicamente del petróleo para sus suministros principales. «Se apoya en una mayor diversificación y en el uso de carbono orgánico vinculado a los ciclos naturales del suelo. Esa base le permite absorber mejor los impactos cuando se producen tensiones en energía, materias primas o logística».

Presentación del informe en la Feria Alimentaria. Cortesía de Ecovalia.

Precio y disponibilidad

Durante la crisis de Oriente Medio, el gasóleo agrícola llegó a subir cerca de un 28%. El encarecimiento del diésel y la gasolina superó el 27% y el 14% respectivamente; mientras que el precio de los fertilizantes minerales creció entre un 40% y un 50%.

«Sin embargo, nuestro sector trabaja con circuitos logísticos más cortos, menos expuestos a las variaciones de precio del combustible, y con fertilizantes ecológicos, cuyos precios suben pero de forma leve y gradual, no explosiva», matizan desde Ecovalia.

Capacidad de adaptación

«La agricultura ecológica no es ajena a las crisis, pero sí demuestra una mayor capacidad de adaptación. La diversificación de suministros es hoy un activo estratégico que otros sectores deberían observar con atención», apunta Barrera. «En momentos de incertidumbre, la estabilidad es un valor, y la producción ecológica aporta precisamente eso», añade.

«Porque en economía agraria, los picos y vaivenes no son buenos para nadie. La volatilidad penaliza la planificación, encarece los costes y reduce la competitividad. Y es aquí donde la agricultura ecológica aporta valor: ofrece un modelo más predecible, más estable y, por tanto, más competitivo», concluye Barrera.