La UCO detecta la presencia de DDT en huevos de aves silvestres 55 años después de su prohibición
El estudio analiza huevos de 14 aves silvestres de Andalucía para detectar contaminantes ambientales
Frente al DDT prohibido hace 50 años, el estudio detecta también plaguicidas y fungicidas actuales
Los huevos de aves silvestres actúan como un archivo químico que revela qué contaminantes ambientales circulan por los ecosistemas. Esa es la premisa del nuevo estudio publicado esta semana por la Universidad de Córdoba (UCO).
El grupo de Toxicología Veterinaria (AGR-125) de la UCO, integrado en la Unidad de Investigación Competitiva ENZOEM, ha colaborado con el Centro de Análisis y Diagnóstico de Fauna Silvestre de Andalucía (CAD) para monitorizar muestras de 14 especies recogidas en entornos naturales entre 2014 y 2024. Entre ellas figuran el quebrantahuesos y el águila imperial ibérica, dos de las rapaces más amenazadas de España.
Un radar del entorno
El objetivo del proyecto va más allá de confirmar la presencia de sustancias nocivas. Los investigadores buscan determinar qué implicaciones tienen esos contaminantes ambientales sobre la reproducción y la supervivencia de las aves. «El uso de los huevos como herramienta para la biomonitorización nos ofrece una visión general que nos permite determinar qué contaminantes están circulando en los ecosistemas», explica el investigador Nahúm Ayala, responsable del estudio.
El trabajo se inscribe en la filosofía One Health, que considera la salud ambiental, la humana y la animal como dimensiones profundamente interrelacionadas. [ENLACE INTERNO] Un deterioro en los ecosistemas, en ese marco, no sólo afecta a la fauna: puede anticipar riesgos para la salud de las personas.
DDT, cinco décadas después
El hallazgo más llamativo del estudio es la detección de residuos derivados del DDT en los huevos analizados. Este plaguicida fue prohibido en la década de los 70 por sus efectos nocivos sobre la salud humana y los ecosistemas, pero su presencia persiste en la naturaleza medio siglo más tarde. La capacidad de bioacumulación de estas moléculas explica que continúen detectándose en la cadena trófica generación tras generación.
Junto a esos contaminantes clásicos, el equipo identificó también residuos de plaguicidas y fungicidas de uso actual, lo que demuestra que la contaminación química del entorno no es sólo un legado del pasado, sino un problema vigente que exige seguimiento continuo.
La cáscara, un escudo frágil
Las consecuencias son especialmente graves para las rapaces. La investigadora del CAD y autora principal Isabel Fernández advierte que los contaminantes ambientales afectan directamente a la reproducción de especies como el quebrantahuesos, que sólo pone uno o dos huevos al año.
«La presencia de DDT está relacionada con un adelgazamiento de la cáscara del huevo, que predispone a una mayor entrada de microorganismos o pérdida de humedad, poniendo en riesgo la viabilidad del huevo», explica Fernández. Un fracaso reproductivo en una especie con tan baja tasa de natalidad puede tener consecuencias irreversibles para su conservación.
Análisis completo
El protocolo aplicado en el estudio combina mediciones biométricas, evaluación del desarrollo embrionario e investigación de posibles causas de fallos reproductivos. A ello se suman análisis químicos exhaustivos de la cáscara y del contenido del huevo para identificar los distintos compuestos presentes.
Los huevos de aves silvestres fueron recogidos sin eclosionar directamente en entornos naturales, lo que garantiza que los datos reflejan la exposición real de los animales a las sustancias presentes en su hábitat. Esta metodología no invasiva es una de las claves de la biomonitorización con fauna silvestre.
Rapaces como indicadores
Las rapaces son el grupo más representado en el estudio por una razón clara: su posición en la cúspide de la cadena trófica las convierte en acumuladoras naturales de todo lo que circula por los eslabones inferiores. Si hay contaminantes ambientales en el entorno, los huevos de aves silvestres lo reflejan con mayor intensidad que cualquier otro biomarcador disponible.
Los datos generados son esenciales para la gestión de espacios naturales y para los programas de conservación de especies amenazadas. Nahúm Ayala subraya su utilidad para detectar contaminantes emergentes de forma temprana, antes de que alcancen niveles críticos en el ecosistema.
Microplásticos, siguiente paso
El trabajo, publicado en Science Direct, abre la puerta a futuras investigaciones sobre contaminantes emergentes como los microplásticos en los huevos de aves silvestres. La fauna silvestre se consolida así como el sistema de alerta más eficaz para anticipar desequilibrios en el medioambiente antes de que resulten irreversibles.
La Universidad de Córdoba continúa ampliando esta línea de biomonitorización con el objetivo de ofrecer a los gestores de espacios protegidos una herramienta científica de precisión para proteger los ecosistemas que aún permanecen intactos.
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